13 de enero de 2024

La vida no es una siesta interminable

Estamos cerca de finalizar la primera quincena de enero. La verdad es que no se me viene a la mente algo particularmente memorable hasta ahora. Pero creo, por otra parte, que constituye un error esperar que la vida nos sorprenda con un "gran" acontecimiento. No sé, es normal al comienzo de un año que no le encuentres la vuelta todavía, dejando de lado el laburo al momento del análisis.  Lo que sí me interesaría es tener la oportunidad de aprender algo nuevo que me permita ampliar mi capacidad para dedicarme a otras cosas, y ganarme un mango extra. Prefiero no decir nada aún, básicamente porque a veces terminás cancelando o postergando esos proyectos. Cuando ya esté metido de lleno en lo que estoy buscando, podré hablar con mayor propiedad y sin tantas abstracciones. 

Escribir, leer, explorar ideas, son actividades placenteras, pero que no dejan dinero. En circunstancias normales, yo ya tendría todo listo para publicar mi segundo libro, pero como los precios se fueron al carajo, no es una prioridad ni para la gente ni para mí. Lo más positivo que te puede pasar es sentir que vas mejorando, que ya no te trabás ante cualquier impedimento, que todo fluye más fácil. Digamos que está bárbaro que tengas una actitud proactiva y optimista, el gran desafío está en sostener ese impulso cuando el barco comienza a hacer agua por todos lados. 

Estamos en 2024, y sería interesante que cada uno se preguntara en qué situación estaba en 2014, 2004, o así sucesivamente. Digo más allá de que uno se vuelve más viejo. Tendría que recurrir al archivo de este mismo blog para hallar una nota que refleje cómo era yo en 2014, por ejemplo. Realmente ni me acuerdo. Mi forma de pensar habrá cambiado. Si hiciera ese contraste, y yo me sorprendería al ver lo que antes supuestamente me interesaba y que ahora ya carece toda importancia. Todos tenemos situaciones abusurdas, ridículas, o que nos avergüenza reconocer. Eso nos seguirá pasando, pero en otros ámbitos o contextos. Desconfío un poco de quienes aseguran no temerle al ridículo. No me gustaría que se caguen de risa de mí o de un amigo, no soy un payaso ni un mono de circo. 

Si bien, como ustedes saben, me fascina la música, también aprendí a disfrutar del silencio. Dejar que los segundos transcurran sin sonido alguno que sólo de ver interrumpido por el ladrido de un perro vecino o el motor de una máquina de cortar pasto. Me gusta tirarme en la cama mirando al techo y pensar en boludeces, o indagar en mi propia personalidad, pero no por tiempo indeterminado. Simplemente es mi cable a tierra cuando me siento un poco agotado. Le estoy agradecido a la vida, porque me dio una familia que me apoyan en todo. Los padres -en líneas generales- no deben ser obsecuentes, parte de su rol que me marcan las equivocaciones en base a la experiencia de vida que ellos ya tienen, y así han sido conmigo. Pueden cuestionarme, pero el propósito es ayudarme a conseguir mi mejor versión. Me ofrecen alternativas cuando siento que ya agoté todos los caminos que podía llegar a transitar. Siempre hay una puerta que se abre cuando menos lo esperás. Pero por sobre todas las cosas, nunca me faltó ni comida, ni ropa, ni educación. Lo he dicho miles de veces y no me cansaré de hacerlo. 

Que yo no haya colmado las expectativas de ciertas personas, no quiere decir que las elecciones que hice hayan sido desacertadas en todos los casos. 

Si no me creés, podés hacer el siguiente experimento: Dejá de llamar o de mandar mensajes a tus contactos que considerás "amigos", por una semana, o el plazo que vos quieras. Esperá a que te llamen ellos, y ahí te vas a dar cuenta qué pasa. Probablemente no te llame nadie, porque siempre has sido vos el que tomaste la iniciativa y los demás se acostumbraron a que lo hicieras. En resumen: Nadie es tan imprescindible como para creerse que los demás están pendientes de tu forma de actuar. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

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