14 de abril de 2022

Nos confundamos "empatía" con tener que aceptar cualquier cosa

Tema 1: Estos días de Semana Santa suelen ser un poco raros. Hubo un tiempo en que me consideraba católico practicante, pero de eso han pasado ya muchos años, hoy me defino más como agnóstico, acepto mi ignorancia ante la posibilidad de un Ser Superior, que no es lo mismo que negar que exista.

Uno los problemas de ser demasiado exigente, es que nunca vas a estar enteramente satisfecho con el resultado que obtengas. Pero la dificultades comienzan, cuando esa, esa maldita exigencia tuya la proyectás hacia los demás. Ya he hablado de esto alguna vez. Pero a los demás, o a ese "otro", tu forma de entender el laburo y otras cuestiones le ch... un h...., por lo cual habría que replantearse varias aspectos. Nadie puede saber de antemano tu forma de laburar o de manejar en la vida, si al menos no se lo explicás previamente.

Una cosa es ser demandante e inconformista, otra muy distinta es entender que si ese comportamiento se lleva al extremo, seguramente terminará por enfermarte, con un infarto o un cuadro grave de estrés, además de trasladar esa actitud hacia aquellas personas que no tienen el menor interés o esmero en hacer las cosas como deben ser hechas. No es posible controlar todo, entendámoslo. Puede que alguna gente piense que lo mío no tiene valor o que es lisa y llanamente una bosta, pero yo lo hice convencido de que era lo mejor que podía dar, y eso es lo que vale la pena. 

Claro que yo mismo me equivoco de las maneras más absurdas e insólitas, de no ser así, ya habría resuelto otro modo de encarar las cosas. No estoy hablando como si estuviera en el púlpito, por encima del resto. Nunca lo hago ni lo haré, no corresponde.

Tema 2: Cuando hay que jugársela, me la juego. Es como si fuera un casino: podés llenarte de guita o terminar en bolas. Pero si te quedás pensando en "lo que podría ser"... Bueno, nada va a salir de ahí, vas a estar indeciso por un tiempo indeterminado, de un lado a otro como el péndulo de un reloj. Hubo mucho tiempo en el cual no entendía algo clave: todo lo que que pertenezca a mi mente, a mi capacidad intelectual, es mío, incluso los defectos o errores. Y si tenés un medio de comunicación, o un laburo cualquiera, una de las condiciones es ser creíble. Bah, no sé si es un requisito porque hay medios masivos que dan vergüenza. Pero no voy a jugar con ese voto de confianza que me dan los lectores. Tampoco voy a hablar "bien" de un Gobierno si no hay un motivo para hacerlo. He sido crítico sin importarme en ese momento el hecho de tener o no una pauta oficial. Pero ojo: Para ser crítico ante un Gobierno o una autoridad, debés tener argumentos válidos y ser respetuoso. Es posible que ese funcionario de turno te falte el respeto te desmerezca, o te quiera desacreditar, pero para sobrellevar todo eso, basta con una palabra: Temple. 

La Templanza es la virtud de los que (en apariencia) son débiles o tímidos. No sé si es completamente cierto, porque hasta los más introvertidos como yo y otras personas que conozco, llegamos a un punto en que explotamos de bronca e indignación, y eso parece sorprenderle a los demás. Debería saber que ocurrió, ni más ni menos, porque hubo una gota de rebalsó el vaso, y la idea precisamente sería evitar que rebalse, o estar preparados para no alcanzar ese extremo de alteración. En la Argentina, por lo general, es necesario tener temple para cuestiones más mundanas, como en lo es el hecho de soportar la famosa "amansadora" para cualquier tipo de trámite público. Por eso, cuando una mujer destrozó la sede de un registro civil de La Matanza, lejos de condenarla por un acto vandálico, la mayoría de la gente salió a defenderla, dado que han padecido esa misma hijaputez varias veces, gastando dinero en colectivo o en el medio que fuere, postergando otras cosas para llegar a horario, soportando que te den un numerito como si estuvieras comprando una rifa.

Tema 3: Para no extenderme demsiado, sé que puedo escribir (literatura), y que puedo hacerlo mejor de lo que ya lo hice. Todo es cuestión de tiempo, y de práctica. Más de una vez sostuve que el talento sin esfuerzo no sirve, es un desperdicio. Y si bien mi primer libro sigue estando a la venta hasta que se agoten los ejemplares disponibles, ya estoy pensando en un nuevo proyecto. Quizás, si todo sale bien, al cabo de 15 meses o 2 años, ese material vea la luz. No es bueno adelantarse a los hechos bajo ningún punto de vista, porque en ese lapso es posible que pasen muchas cosas ajenas a mi voluntad. Pero el deseo de escribir, y de hacerlo por placer, permanece intacto. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

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