19 de julio de 2022

Libros y algo más

 ¿Por qué cuestan tan caros los libros, las entradas al cine, los discos, los abonos a los servicios de streaming, y demás cosas que nos hacen olvidar (al menos por un momento) de la realidad cotidiana? En principio es obvio que no se trata de bienes esenciales, y por lo tanto no son prioridad. Además de que estamos viviendo una crisis dónde todo está aumentando sin darnos respiro. No hay nada nuevo bajo el sol: si no tenés para comer, menos vas a pensar en todo lo que mencioné antes. 

Hace unos días estuve conversando con una bibliotecaria y me comentó que se les hace muy difícil adquirir los libros que piden los socios porque ninguno baja de $ 2.500. Sí, es así. Una locura, porque no sólo aumentaron los costos de impresión, sino el precio del papel. 

Desde hace algunos años están saliendo colecciones de libros con los diarios Clarín y La Nación, como hubo en su momento de autores consagrados como Soriano o Cortázar, a un valor accesible. Me acuerdo del comediante Jerry Seinfeld cuando decía (palabras más, palabras menos), que la gente tiene a los libros en su casa como si fueran trofeos: "¿Una vez que los leíste, para qué los querés?", ironizaba. Y en parte es cierto. En la tele, cuando entrevistan a un supuesto intelectual, el tipo está sentado con aire pensativo y con una abundante biblioteca personal de fondo. Si habrá leído esos títulos o no, nunca lo sabremos. 

 Lo que siempre sostuve es que los "best-sellers" rara vez son los libros que reúnen una calidad literaria aceptable. Son modas. Primero lo fue la novela histórica (un engendro horrible), luego la autoayuda, y más recientemente las novelas eróticas, orientadas sobre todo a un público femenino, como 50 Sombras de Grey. Por supuesto que cada uno tiene derecho a leer lo que quiere, pero son las propias editoriales la que libran una batalla (perdida de antemano) contra las fotocopias. Del mismo modo que la industria discográfica cayó derrotada contra Spotify o las descargas de archivos MP3. Y si te gusta incursionar en la tendencia de los discos de vinilo, una edición nueva no baja de $ 9.000. Olvídense de mí.

Otro problema surge con los herederos universales de un escritor fallecido, tal es el caso de María Kodama con Borges. Kodama eliminó de las reediciones todas las dedicatorias que el genial escritor había hecho a sus ex novias  o amantes (si las hubiere), y además impidió una traducción al francés de sus obras completas, de una editorial muy prestigiosa cuyo nombre no me acuerdo. Todo esto está documentado en el libro "Borges: esplendor y derrota", de María Esther Vázquez. En el caso de Cortázar, su obra ha sido respetada y sus escritos no tienen enmiendas, ni corrección alguna de las ediciones originales. Pero nunca me convence cuando salen ediciones de textos que encontraron por ahí y que son póstumos, porque el propio autor decidió no publicarlos en vida. Por algo lo hizo, porque la misma falta de convencimiento que tengo yo la tuvo él o ella, no consideró que merecía ser publicado. La industria editorial es un gran negocio, ellos no venden cultura, venden un montón de hojas con letras, y eso es todo. 

 Con Sábato sucede lo mismo, sus hijos han tenido el buen criterio de preservar los textos de la voracidad comercial. Hubo alguna controversia con el prólogo del "Nunca más", que supuestamente había escrito Sabato pero que en las ediciones más nuevas fue suprimido. Creo que se llegó a la conclusión de que no hubo prólogo alguno, pero para salir de dudas basta con constrastar una edición de los años '80 con una de 2006 en adelante. Ojalá, algún día, se respete la última voluntad, letra por letra, de aquellos escritores que aún hoy no dejan de sorprendernos por su calidad literaria. 

Firmar un contrato con los sellos de renombre, digamos, te hace un esclavo a escribir determinada cantidad de libros, por lo general cada dos años, por un tiempo equis. Y con la música pasa lo mismo, el autor cobra algunas regalías por SADAIC según sea la rotación radial que tenga su obra, y aparte de eso hay un contrato para grabar una cantidad determinada de discos. Si mueren antes de cumplir el trato, se hace un refrito de algo que ya salió, o se busca material sobrante. Yo esperaré recién hasta el año que viene para lanzar mi próximo libro, si es que están dadas las condiciones, porque hoy es iniviable, por los hechos que todos conocemos. Y lo fundamental, será sentir que pude superarme, que escribo mejor, y que no me arriesgué a la aventura de vender un libro, porque sería faltarle el respeto al lector. Nos estamos viendo pronto.

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