14 de julio de 2022

No insistir con aquello que no sirve

Hay que cortar, de una vez, con esa "comodidad" de que los demás decidan por nosotros. Y no hablo de las instituciones precisamente. Los representantes del pueblo, en una democracia, implementan leyes, decretos, políticas públicas que regulan diversos aspectos de la vida de nosotros, que somos los cortesanos, digamos. Pero aceptamos delegar esas facultades en las elecciones para los candidatos que cosechen mayor cantidad de votos. Sin embargo, yo pretendo referirme a otra cosa. 

Normalmente, en las redes, se puede bloquear a una persona porque hizo un comentario fuera de lugar, porque nos ofendió, porque se trata de una ex pareja que no queremos ni ver, o por el motivo que cada uno crea valedero. Y en las relaciones interpersonales es lo mismo: Para mí, "bloquear" a alguien es ignorarlo por completo como si ese tipo fuera transparente aunque esté a medio metro de distancia. Lo hago porque sé que nada bueno puede provenir de ese sujeto o porque tuvo una actitud poco respetuosa conmigo. Por supuesto que son una minoría, al común de la gente le retribuyo el saludo, acepto el diálogo y  todo lo que es propio de las buenas costumbres. Con alejarse de esa gente de mierda ya es suficiente, pero no hacerlo por cobardía o temor, sino porque nada positivo podés obtener de ellos. Son los famosos "pacaidistas", que aprovechan la ocasión propicia para chuparte la sangre como los mosquitos. Claro que ellos siempre supondrán que son más vivos y ventajeros que vos, cuando en realidad son unos pobres idiotas que nunca tendrán el placer de haber hecho algo de creación propia, viven imitando y copiando. Y lo peor es que lo hacen mal. Es decir, los resultados que puedan obtener no serán nunca superadores a aquel que salió al ruedo con una propuesta original, creativa, novedosa. 

Pero las personas que prefiero evitar, no se reducen sólo al ámbito laboral, o profesional. Están los trepadores que les chupan las medias al superior de turno porque creen que así alcanzarán una futura posición de privilegio, que serán tenido en cuenta para un puesto jerárquico. No lo sé, yo puedo ser incapaz de muchas tareas domésticas porque nunca me las propuse más allá de la higiene y la limpieza que tiene que haber en cualquier lugar. Pero en lo que hago como medio de vida, no podría ser un mediocre, en principio por los lectores, y además porque yo mismo me sentiría mal, estancado, al comprobar que no se me cae una idea.  

La gente está tan loca que sigue discutiendo las causas del desabastecimiento en Lobos. Ayer polemicé (no discutí, porque es una palabra que le queda demasiado grande) con un idiota fundamentalista que buscaba agitar y armar quilombo en el Facebook de mi diario, hasta que me cansó y lo borré del mapa (o de las redes, para ser más concretos). Que le escriba al Papa, en la fanpage no hay lugar para agresiones hacia mí ni hacia los otros que comentan dentro de los límites de la libert de expresión. Por la pantalla del celular todos son guapos, hasta que los conocés personalmente y arrugan.

El tema en disputa era el siguiente:  Es real que muchos negocios sólo aceptan venderte una cantidad limitada de mercadería, por ejemplo, dos unidades por persona. Y también es cierto, que si vos te llevás 15 kilos de harina o de azúcar porque querés anticiparte a una nueva remarcación, te importa un carajo el que venga después a comprar un mísero paquete y encuentre la góndola vacía. La cuestión es quién está especulando más, porque todos lo hacen. Desde la fábrica, pasando por el mayorista, hasta el consumidor final. Nadie quiere perder guita, y es lógico. Pero no estamos en la época de Alfonsín, con la hiperinflación, que vos tratabas de llevarte todo lo que podías porque tenías a la maquinita remarcadora respirándote la nuca.  

Respecto al comportamiento de la sociedad en sí misma, tampoco me gusta que me vengan con chusmeríos o puteríos. Si vos me contás algo humillante o gracioso que hizo otra persona, puede que me cause gracia, pero yo no voy a contribuir a propagar esos rumores porque no me interesa hacerlo Lo escucho y nada más. Distinto sería la cosa si me estás tirando información, un rumor confiable del mundillo político local, que debe ser data precisa, para no cometer la torpeza de caer en el famoso "pescado podrido". Mi relación con el común de los vecinos tiene diferentes niveles según la confianza que tenga con ellos. Si voy al supermercado del chino, le compro, le pago y me voy. Menos de 5 minutos. Pero si un amigo que hace mucho tiempo que no veo viene de visita, es otra cosa. 

Me ha sucedido que me he encontrado de pura casualidad con gente querida que no veía hace, por lo menos, 10 años. ¿Y qué pasa? No sabés que decir, porque hace tanto tiempo que le perdiste el rastro, que para ponerte al día (si es que te interesa), tenés que estar dos horas hablando de esto o de lo otro.

Pero lo que voy a relatar a continuación no es ese tipo de casos. Hace unos días, Rodrigo, un amigo de la infancia, compañero de toda la Primaria y que actualmente vive en Río Gallegos, llegó a Lobos aprovechando que le había quedado un pasaje de avión disponible. La verdad es que tomamos unas cervezas y lo pasamos muy bien, porque además ya no estamos para recordar lo que hacíamos hace 30 años o más cuando éramos chicos. La conversación se centra en ponernos al día de nuestras vidas, trasunta por otros temas. Estos encuentros pueden extenderse por varias horas, o te vas dando cuenta de que no da para tanto. Lo importante es percibir el momento justo en que es necesario dejar la charla o como le gusten llamarla, para continuarla en un futuro. Y si estás con un amigo que hizo más de 3.000 km para estar en Lobos y tuvo la generosidad de avisarte para ese placer de compartir una charla, mejor guardar las quejas o las pálidas para otra ocasión, salvo que esa misma persona se refiera al tema en un determinado momento. 

Pero como dije en una nota, juntarte con amigos para hablar de lo mal que está todo, o de que alguno qiere irse del país porque no se banca lo que está pasando, no conduce a ninguna parte, porque no va a ser una reunión distendida, con humor, con espíritu positivo. El clima se va a tornar pesado. Debe ser, por el contrario, "el sabor del encuentro" , como decía el famoso slogan de cerveza Quilmes. Todo lo demás dejalo de lado, no te pongas denso ni hinchapelotas, y te lo dice alguien que más de una vez incurre en esas actitudes. 

Hay cosas que son imposibles de obviar porque su incidencia en nuestra vida impacta de lleno. Si no hay plata en el bolsillo, no hay posibilidad de ir a un bar a tomar una café o una gaseosa, y ni pensar en comer un asado en una parrilla. Pero todo se puede arreglar, porque en ninguna casa argentina falta la yerba, ni en crisis ni en épocas de prosperidad. Un poco de yerba, agua caliente, y ya está. Cuando la guita no abunda, hay que ajustarse, desde luego, porque quizás el almacén de la esquina pueda fiarte alguna cosa, pero no lo va a hacer eternamente, y comprar cosas caras para aparentar es algo que siempre rechacé, me produce bastante malestar que la gente haga eso. Si sos pobre, no tenés de que avergonzarte, porque casi el 50 % de la población del país está igual que vos. Ojo, no es un consuelo, es una realidad basada en números, y detrás de cada número, hay personas. El día que entendamos esto, estoy convencido de que muchas cosas comenzarán a cambiar. Punto final. 

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