26 de enero de 2007

UN RED CADA VEZ MÁS HOSTIL PARA EL RECIÉN LLEGADO


Cada vez resulta más difícil visitar un sitio de Internet y recorrerlo íntegramente sin que exista necesidad de registrarse. Para tener acceso a todos sus contenidos, se multiplican los “filtros” que el usuario debe sortear, quien a menudo acepta de buen grado la estafa pues le aseguran que ello le dará la condición de usuario “Premium”.

Hay sitios web en los cuales tales requisitos puede llegar a justificarse, por la naturaleza de los mismos. Pero en el común de los casos se trata de un modo sencillo que los responsables de la página tienen para acceder al e-mail del navegante (como mínimo), entre tantos datos que deberían ser confidenciales. En tiempos donde la usurpación de identidad se ha convertido en el delito de mayor crecimiento, no me hace ninguna gracia tener que dejar datos como mi fecha de nacimiento o mi DNI en un sitio de dudosa procedencia. Me importa un carajo que ellos, los responsables de las páginas, intenten ofrecer una suerte de garantía con su “política de privacidad”. Esa no es la idea. Yo no estoy enteramente a favor del anonimato en Internet, porque ello permitiría que cualquiera pudiera insultar o agraviar impunemente ya sea en foros, libros de visitas, y demás espacios que impliquen expresar una opinión. Debe existir una forma de poner límites al vandalismo por Internet. En determinados casos, por ejemplo, creo que todo aquel que desea dejar un comentario en un sitio o un blog tiene acreditar su identidad para que de tal modo

se haga cargo de lo que dice. Pero no confundamos las cosas. El “spam” (o correo no deseado) se ha convertido en una de las plagas más difíciles de controlar dentro de la red. A nadie debe sorprender que las empresas que nos exigen “registrarnos” para poder acceder a determinadas webs sean las mismas que vendan nuestros datos personales al mejor postor. ¿A qué me dicen de Hotmail? Es el mayor proveedor de e-mail gratuito del planeta. Por supuesto, para acceder a una dirección de mail es necesario registrarse. Ahora bien: me cuesta creer, a pesar de que soy bastante ingenuo, que toda la información que ellos reciben de los usuarios con los miles de casillas de mail que se activan por día no sea usufructuada por nadie.

22 de enero de 2007

CONFESIONES DE VERANO

Muchas veces pasamos tiempo en búsqueda de una idea original, cuando en realidad aquello que nos hará ser tenidos en cuenta por la sociedad está vinculado con otro tipo de valores.

Siempre que uno escribe algo, no puede evitar pensar que la misma idea ya ha sido esbozada por cientos de escribientes anónimos, y que éstos han llevado con hidalguía tal condición, a pesar de que estaban poniendo en evidencia verdades en la cuales seguramente nadie reparaba hasta ese momento.

Hay personas que han defendido sus ideas caiga quien caiga y han pagado con su vida el precio de mantener en alto sus ideales.Me costó mucho entender este concepto. ¡Esos tipos se jugaron por algo en lo que creían! ¿Cuántas personas de esa determinación conoce uno todos los días?. Y esto no es una fantasía o el argumento de una mala película, es algo que ocurrió y seguirá ocurriendo mientras tengamos a nuestro alcance un medio para difundir esas ideas.

A menudo es un germen, que tardará varios meses en convertirse en algo apreciable. El trabajo silencioso, sin estridencias, es quizá la mejor receta para quien quiera alcanzar el éxito y lograr que su voz sea escuchada en una sociedad que tiene a un creciente individualismo.

Modificar la realidad es una pretensión que todos sabemos inalcanzable, a menos que ocupemos cargos dirigenciales y que tengamos el poder derivado de un patrimonio con varios ceros a nuestro favor. La democracia que tenemos es no participativa, excepción hecha por la obligación de emitir el voto cada dos años.

Existe una importante porción de los lectores que consume libros de autoayuda y publicaciones que instan a superarse, pero nada es más cierto que el consejo de un amigo, un hermano, o en última instancia, un profesional de la salud mental. Se me hace que los libros de autoayuda han sido escritos por personas que creen tener la vida resuelta, con cada cosa acomodada en su lugar, hasta que llega un vendaval que va por tierra con esas ideas preconcebidas. Además, y cómo diría un amigo, "es fácil solucionar la vida de los demás".

Quizá mientras cada uno de nosotros camina por las perezosas y bucólicas calles de este Lobos de verano, surjan ideas y proyectos que apunten a renovar la calidad de vida de quienes aquí vivimos. Calidad de vida implica no solamente construir un natatorio, o un estadio olímpico. Podemos, con aspiraciones más modestas, creer que nuestra propia calidad de vida mejorará si nos sentamos con la máquina de escribir o frente al teclado de la computadora y exponemos nuestro parecer.

A lo mejor, muchas de esas páginas que escribimos sumidos en el tedio, en l a desazón o en la más profunda indignación nunca vean la luz pública. Pero al menos, habremos hecho algo para intentar expresar nuestro descontento con nuestro entorno, o con nosotros mismos.

14 de enero de 2007

Sábado por la tarde, Badía & Cía.


De vez en cuando, en un rapto de nostalgia, me doy una vuelta por el canal Volver. Antes de que los lectores saquen conclusiones apresuradas, paso a explicar el motivo de ese viaje al pasado: de algún modo, siento que el truco está en reconocerse uno mismo viendo con otros ojos los mismos programas que solían amenizar nuestra infancia o adolescencia, obviamente sin tomarse la cosa demasiado en serio y sin hacer de esto un melodrama. De modo que no tiene ningún sentido para mí ver "La familia Falcón" o "La tuerca", pero quizá sí lo tenga "Clave de Sol" o "Badía y compañía". El de Badía & Cía. (sábados de 13 a 15, por Volver) es un caso singular. El programa huele a viejo, y todo cuanto uno puede ver denota antigüedad: el estilo acartonado de su conductor, los trajes, la escenografía, los nombres de los músicos que actúan en el escenario, los peinados, las cámaras enormes, las caras del público, el nunca bien ponderado profesor Lambetain, Paolo el rockero, las primeras actuaciones en Buenos Aires de Midachi, Chassman y Chirolita, Mc Phantom (aquel sujeto que tenía el extraño don de recrear los sonidos de las películas de acción norteamericanas), Víctor Sueiro con unos anteojos de culo de botella en su etapa pre-espiritual, en fin... el programa es una colección de estereotipos de los '80, algunos de los cuales han sabido envejecer con dignidad y otros que transitan épocas de franca decadencia. Nobleza obliga, hay que reconocer que por aquel entonces Badía & Cía. era uno de los pocos programas en los cuales se podía disfrutar de música en vivo, sin playback, y con grandes artistas de su tiempo -por el ciclo pasaron Charly García, Spinetta y Soda Strereo, entre otros- , incluso dándole la oportunidad a perfectos desconocidos de salir en la tele por primera vez. Ahora bien: si la "versión Volver" dura 2 horas, y es difícil de digerir por momentos, no quiero pensar que efectos produciría en mi psique la experiencia de ver el tape del programa completo, que duraba 8 horas (incluso llegó a 9). ¡8 horas! ¿Quién se imagina hoy que un programa de TV pueda extenderse 480 minutos? Esto me hace acordar a otros programas insufribles de los '80 -algunos no tan largos, por suerte- que hoy los vemos con un manto de piedad quizá porque entendemos las limitaciones con las que se trabajaba en aquellos años, más allá de su costado bizarro que evidentemente existe: "Finalísima", "Sábados de la Bondad", "Feliz domingo para la juventud", "Nuevediario" (todos ellos de Canal 9).
Estoy en plena hora de la siesta viendo Volver. "Estamos a una semana de las elecciones", anuncia Badía por la pantalla de Volver (corre el año 1987). El conductor se propone entrevistar a los diferentes candidatos. Aparece la por entonces concejal Adelina Dalesio de Viola (más tarde diputada de la Ucedé, menemista, y otros calificativos). Es más de lo que puedo soportar. Cambio de canal. Mi dosis de Badía & Cía. ha sido suficiente por hoy.

Los adolescentes y nuestra lógica incapacidad para entenderlos

Debo reconocer que a veces me decepciona un poco pensar que hay un número mayoritario de adolescentes que nunca leyeron un diario en papel (...