21 de septiembre de 2018

Bienvenida primavera!!!

Llegamos a la primavera, terreno prolífico para poetas y para creadores de frases hechas. Lo cierto es que hoy es un día para disfrutar, porque por esos avatares del clima, tenemos una jornada cálida, a pleno sol, que invita a salir, a desandar las calles de este Lobos que nunca terminamos de conocer del todo. Y cuando esto sucede, uno deja de lado por un momento la coyuntura económica, y se dedica a admirar la naturaleza, que se nos presenta en todo su esplendor. La primavera podría tomarse como una estación del año como cualquier otra, sin embargo hay más ebullición, más adrenalina, porque no somos ajenos a lo que nos prodiga el tiempo y esa capacidad de reinventarse, año tras año. 

Es como les digo, amigos, hoy no pretendo esbozar ninguna queja o comentario sobre la actualidad política. Ya lo haré más adelante. Es momento de disfrutar, de abrir las ventanas de la casa para que entre la cálida brisa y quitar el olor a humedad, de llenar de vida los parques y plazas de Lobos, de disfrutar de un helado si es posible, o de unos mates bien cebados... en fin, buscarle la vuelta a la cosa para que los últimos cuatro meses del año no caigan en saco roto. No soy optimista por naturaleza, pero he aprendido que si no nos damos un espacio para aquello que nos gratifica, estamos en el horno. A sacar las remeras y los shorts del placard, y dejar que el sol nos golpee más fuerte que en el crudo invierno. Imaginar, proyectar, crear...es gratis. Yo mismo me he propuesto luchar contra el desánimo general, porque entiendo que aunque sobran los motivos, no es una manera de vivir que nos haga sentir mejor. Insisto en luchar, en seguir, en que no nos tomen por boludos, pero no es el meollo de este posteo. Hoy por hoy, hay que intentar sacarse los problemas de encima, siempre que no estén vinculados con nuestra salud física y mental. Lo demás,  quedará para otra ocasión. Punto final. 

16 de septiembre de 2018

El ritmo frenético y sin pausa del comienzo de semana

Lunes por la noche en la ciudad. Un comienzo de semana agitado, con bastantes compromisos y notas por cumplir, lo cual no me pesa porque me parece bueno mantenerme ocupado con aquello que me gusta. Casi no tuve tiempo de interiorizarme de las noticias nacionales, salvo algún programa informativo de la radio. Además, como ahora Clarín y La Nación piden a los usuarios que se registren para acceder al contenido, sobre todo en celulares, estoy recurriendo a otras páginas que no piden ningún requisito, como Infobae. Esto marca un paso más en la tendencia que he mencionado más de una vez: la desaparición de los diarios en papel y el afianzamiento de los portales digitales. Por supuesto que esto será progresivo, los diarios impresos seguirán existiendo en la medida que resulte rentable para las empresas, y que haya un público interesado en adquirirlos. Si los diarios publican noticias de ayer, e Internet se actualiza las 24 horas, no hay un incentivo para gastar casi 50 pesos en el kiosco. Como el mayor flujo de información pasa por los celulares, es el primer lugar donde decidieron amurallar el acceso a las páginas web. Claro que uno podría registrarse sin más problemas, pero tan pronto como lo hagas vas a recibir un montón de mails y correo basura en tu casilla, promociones que nunca pediste, y cosas por el estilo. Si las enciclopedias impresas ya sucumbieron con Wikipedia, existen motivos para pensar que podría suceder lo mismo con los diarios. Desayunar en un bar y hojear las páginas en papel, por ejemplo, es placentero, pero no más que eso, porque en definitiva la información sigue estando disponible en otro lugar. Esto implica que los editores y los periodistas se adapten a las nuevas tecnologías, a un modo diferente de redactar las notas, porque el tiempo que se destina a la lectura en Internet es mucho más breve de lo que se cree. Si el título no tiene "gancho" como para hacer clic, la noticia no vende, no tiene visitas. También es un desafío que nos replanteamos aquellos que nos formamos en la gráfica, o con las premisas que regían el periodismo gráfico. 

La radio también ha cambiado notablemente en los últimos 20 años, sobre todo en AM, que ya no es tan perezosa como antaño sino que los programas aparecen excesivamente producidos, para darles sustento, con panelistas o columnistas de deportes, espectáculos, etc. El formato "magazine" reinventado una vez más, con un ritmo más frenético, flashes informativos constantes, y móviles en exteriores. Los próceres de la radiofonía, como Antonio Carrizo, Cacho Fontana o Héctor Larrea, seguramente se hubieran sentido incómodos como conductores y pensando asimismo que el oyente no soportaría tanta saturación. Pero en el siglo XXI y en plena era de Internet, es así como nos toca vivir. Con los cables pelados. Punto final. 

13 de septiembre de 2018

Aquellas tardes de septiembre

Es casi mitad de semana, pero cuando uno se encuentra en una determinada situación, los tiempos se aceleran o acortan. Por ejemplo, cuando se acerca el plazo para pagar una cuenta o la nueva cuota de un crédito. Por lo general, lo primero que trato de hacer cuando cobro mis ingresos, es pagar todas las deudas que pude haber contraído en el transcurso del mes, pero no suele ser una suma muy abultada porque al momento de comprar con cuenta corriente voy calculando y sumando los distintos importes que deberé abonar. La cuestión es que ayer se difundió un video del Secretario del Tesoro de EE. UU., en el cual sugería la posibilidad de dolarizar la economía argentina. Volvemos a los '90? No quiero ni pensar los efectos que podría causar una "nueva convertibilidad", sí puedo afirmar que la experiencia en el menemismo no terminó muy bien, con una fuga de divisas y un estallido social. En palabras del funcionario, tener el peso atado al dólar significaría eso, sin eufemismos. Hoy por hoy, el único país de Sudamérica que tiene al dólar como moneda es Ecuador, y no es precisamente un ejemplo de desarrollo. Prefiero bancarme la crisis hasta que alguna puta vez salgamos del atolladero, antes que se tomen políticas económicas que no sólo fracasaron, sino que sembraron la desocupación y el cierre de industrias. 

Lo concreto es que los medicamentos ya subieron un promedio del 20 % en las últimas semanas, y la mayoría de ellos los consumen los jubilados. Pami no está funcionando de la mejor manera, y IOMA ni hablar. Sé que me quejo demasiado, pero los argentinos solemos hacerlo cuando nos tocan el bolsillo. Yo nunca le he dado a ningún gobierno un "cheque en blanco" de mi confianza, por supuesto que cada nueva gestión tiene un plazo de gracia cuando recién asume, pero llega un punto en el cual la paciencia de la sociedad se agota ante la falta de respuestas. O en todo caso, respuestas insuficientes. Hipotéticamente hablando, si hubiera ganado Scioli la Presidencia, no auguraba un futuro mejor, pero es en vano sostener ese planteo, es lo que se denomina historia contrafáctica. Quienes hoy son Gobierno, deben quedarse hasta 2019, como corresponde, porque fueron elegidos por el voto, y en todo caso si el pulso de la sociedad va en otra dirección, espero que aquellos que rigen los destinos del país no sean tan necios para no entenderlo. Punto final. 

11 de septiembre de 2018

Recuperándome


Me estoy recuperando de un terrible resfriado, que se fue agravando en las últimas dos semanas, con mucha mucosidad en la nariz, tos con flema y otros detalles que no vale la pena mencionar. Me costaba mucho respirar por la nariz, dormía pésimo y me despertaba con la boca reseca. Recién hoy puedo decir que me siento mejor, luego de recurrir a toda clase de remedios que se suelen tomar en estos casos, sin resultado alguno. Hasta que fui al médico, y me recetó un spray nasal descongestivo. No fue la solución definitiva, pero ayudó bastante. El clima cálido de estos últimos 15 días, inusual para este invierno, me terminó por deteriorar. Pienso que el estrés que suele ganarme la pulseada jugó un rol clave.  Cuando me enfermo, me pongo de mal humor, peor aún que el habitual. Así que digamos que tuve que andar moqueando con uno o dos pañuelos, temperaturas de 23 grados, y una persistente congestión que se resistía a disiparse. Desde luego, lo que me tocó pasar es insignificante comparado con las personas que padecen enfermedades crónicas o discapacitantes. En fin, acá estoy, con más entusiasmo y ganas de ponerle pilas al laburo. Debo decir que en ningún momento dejé de cumplir con mi trabajo en este lapso, pero me costaba más esfuerzo hacerlo.

Este comienzo de semana me encuentra con más expectativas, tratando de dejar de lado la mufa y el desánimo generalizado que se palpa en la calle y de continuar haciendo aquello para lo cual me dediqué. Todavía no quiero pensar en la pérdida de rentabilidad (o ganancia) que he tenido, pero créanme que es importante y que me va a forzar a ajustar la economía doméstica. Mientras tanto, sigo adelante, con la premisa de no claudicar ni bajar los brazos ante los hechos de público conocimiento. Creo que la creatividad es lo que te ayuda a salir de la crisis, y aunque nunca me consideré muy creativo ni innovador, tengo elementos a mi alcance para hacerlo. A veces recibo por mail currículums de gente capacitada para sumarse a mi staff, pero en las actuales condiciones no podría pagarles una suma digna, y no  me gustaría hacerles lo que en su momento me hicieron a mí, cuando trabajaba por monedas. Hasta que se dé otra ocasión, sigo siendo yo mi propio jefe, y por consiguiente el artífice de mis aciertos y tropiezos. Punto final.


6 de septiembre de 2018

Barajar y dar de nuevo


“Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal”, cantaba Charly García en una célebre canción, allá por 1983. Pues bien, lo mismo sucede ahora, 35 años después. No es normal la situación que estamos viviendo, ni mucho menos, pero los grandes medios de comunicación permanecen ajenos a los padecimientos del común de los argentinos. Yo a la crisis de 2001 no la viví tan de cerca porque en aquel momento no tenía las responsabilidades que tengo hoy, pero puedo afirmar sin temor a equivocarme que esta crisis me está afectando de modo significativo mi economía doméstica. La mayoría de ustedes sabe que soy periodista y vivo de mi trabajo, desde hace casi 15 años. Hoy, estoy pensando seriamente en dedicarme a otra cosa, sin dejar de lado el periodismo, pero buscando un "plus" que me resulte más rentable. No tengo ningún problema en hacerlo, siempre que me sienta capacitado para un nuevo empleo. Y si hay que ajustarse, me ajustaré, no me queda opción. Parece que en los últimos dos días el dólar tiende a bajar, no obstante ya hubo una remarcación de precios que no se sabe cuándo va a terminar.  Desde el retorno de la democracia hasta ahora, todos los gobiernos tuvieron “primaveras” (períodos de prosperidad), excepto éste. Alfonsín, Menem, Kirchner… son lapsos efímeros de un par de años en los cuales las cosas parecen acomodarse hasta que sobreviene otro descalabro financiero.

Pero yo siempre voy a resistir, como pueda y como se pueda. La gente de más edad me suele comentar de momentos aún más críticos que debieron atravesar, que trajeron consigo cambios abruptos,  y que sin embargo salieron adelante. Y es rigurosamente cierto, que desde hace años venimos cargando con una pesada mochila, llena de frustraciones, falta de motivación, o como quieran llamarlo. No me voy a permitir darme por vencido, quizás si estuviera en una situación más comprometida pensaría distinto, pero hoy por hoy digo que voy a seguir realizando mi laburo lo mejor posible. No es para alimentar el ego, sino porque un emprendimiento para el cual invertí bastante plata realmente merece la pena. Si hay que adaptarse a la coyuntura, no se me va a caer el sombrero por eso. Por suerte mis seres queridos están bien y gozan de buena salud, que es lo más importante. Y tengo amigos en los cuales puedo confiar. Sé aceptar un consejo o una sugerencia si proviene de una persona que me aprecia. Creo que ahí está la clave, en la aceptación, más aún en estos tiempos donde tendemos a cuestionarnos todo, en aceptar lo que está pasando y esperar que vengan tiempos mejores. Punto final.

4 de septiembre de 2018

Cuando pase el temblor


Ayer me preguntaron varias personas qué pensaba o qué me parecían las medidas implementadas por el Gobierno en medio de la zozobra que es de público conocimiento, pero me fue imposible escuchar el anuncio presidencial dado que salí temprano de casa y regresé pasado el mediodía. Por supuesto que posteriormente me informé al respecto, pero sinceramente no estoy en condiciones de emitir un juicio de valor. No esta vez. Estoy cansado y harto (como muchos de ustedes), de trabajar y que mi dinero valga cada vez menos. Además, cada uno de nosotros sabrá hacer un análisis o evaluación de esta “cirugía mayor” que desde la Casa Rosada se propusieron aplicar. No me voy a sumar a la psicosis colectiva, por mi salud mental y porque creo que no podemos vivir en un estado de permanente alteración.

Debo centrar mis esfuerzos en mi economía y finanzas personales, y al igual que ustedes deberé forzosamente adaptarme a las nuevas reglas de juego. Vivimos en un país tan imprevisible que no sabemos con qué nos encontraremos mañana, y en la medida que pueda trataré de seguir adelante pese a la crisis que ha alcanzado proporciones desmesuradas. No vale la pena, o no viene al caso, mencionar cómo me está afectando esta situación, porque cada uno de los sectores menos favorecidos lo están pasando igual. No podemos vivir pendientes del dólar, es enfermante, y si por momentos me he alejado de la lectura de los diarios es porque ya sé con qué me voy a encontrar, y necesito preservar una ínfima tranquilidad aunque todo lo que está aconteciendo conduzca a lo contrario. Creo que estamos viviendo horas decisivas, en las cuales llegará un punto donde no habrá anuncio o discurso que alcance para garantizar la paz social. Pero, insisto, de poco vale mi percepción en esta oportunidad, cuando todo el tiempo la televisión, la radio y los diarios nos están llevando a un estado de profunda frustración colectiva. En rigor de verdad, informan sobre lo que nos preocupa a todos, no obstante lo cual algunos medios suponen que se viene el Apocalipsis. Sólo queda seguirla remando, hasta que pase el temblor. Punto final.  

30 de agosto de 2018

Hay luz al final del túnel?

La corrrida bancaria de hoy (jueves), en la cual el dólar escaló 4 pesos en cuestión de horas, no es un tema menor. Refleja la incapacidad de una dirigencia política para controlar, con medidas eficaces, los avatares del mercado. 
Dicho de otra manera, lo que vivimos hoy no retrotrae casi dos décadas, a 1989, cuando la hiperinflación y la suba sostenida del billete verde hizo volar todo por los aires y se llevó puesto al gobierno de Alfonsín. 
Esta gente que ahora ocupa lugares de privilegio en el Gabinete, y que se supone que conocen algo de la economía argentina, es totalmente inepta. No tienen un plan, no saben qué hacer. O no les importa. Hasta que comiencen los cacerolazos de antaño, y la ciudadanía pida nuevamente que se vayan todos. 
Estamos asistiendo a una devaluación abrupta de nuestra moneda, a una inflación que no da tregua y que se trasladará en los precios. Debo decir que se me ocurrieron otras frases más terminantes antes de escribir este texto, pero luego opté por ser más mesurado. El peso argentino no vale nada en términos internacionales, y precisamente como hay insumos que dependen del dólar, den por hecho que habrá un nuevo aumento de los combustibles. Hoy (31/8), anunciaron que el valor de la nafta se incrementará cerca de $ 0,60.
No sé si estamos volviendo a 2001, quizás sería demasiado temerario afirmarlo y no quiero ser alarmista, pero la cosa no da para más. Cada vez que Macri habla por TV, produce el efecto inverso: en lugar de llevar tranquilidad, genera más zozobra e incertidumbre. Este Gobierno tiene dos opciones: o realizar un cambio de Gabinete, o dar un vuelco de timón que le permita llegar a 2019 con algo de oxígeno. Cuando te ponés a hablar con comerciantes o amigos, te das cuenta de que no sos el único que padece la crisis, a un punto tal que se ha vuelto insostenible. 
La agenda mediática, que se regodeaba con los "cuadernos K", o "los cuadernos de las coimas", se vio superada por la cruda actualidad. Estamos tocando fondo, pero pocos parecen haberse percatado de ello. Quedan un par de entusiastas que ejercitan su optimismo diciendo que todo va a mejorar. Ojalá fuera cierto. 
Vale decir que no soy el único pesimista, de hecho hasta los medios más afines al Gobierno, como La Nación o Clarín, le han dedicado una generosa cobertura a este desquicio financiero. Clarín publicó una nota en la cual explica que los precios de insumos y alimentos están fijados con un dólar a $ 30, lo que implica un evidente desfasaje ya que la divisa se cotiza a $ 42, por lo cual repercutirá irremediablemente en los precios. 

A mis amigos macristas, les recuerdo que no tengo compromisos políticos con nadie, ni pertenencia ideológica, de manera que ello me da la libertad de efectuar un análisis crítico que los lectores juzgarán acertado o no. 

Para concluir, puedo afirmar que si este Gobierno llega a 2019 (como corresponde y es el deseo de la mayoría), lo hará en condiciones muy precarias, y difícilmente Macri pueda pensar siquiera en ser reelecto en este contexto de profunda decadencia moral, económica y social. Punto final. 

Bienvenida primavera!!!

Llegamos a la primavera, terreno prolífico para poetas y para creadores de frases hechas. Lo cierto es que hoy es un día para disfrutar, por...