23 de septiembre de 2017

2017 se ha portado bien conmigo

Cuando miro hacia atrás y veo todo lo que hice o dejé de hacer, puedo afirmar que 2017 ha sido un año que me ha deparado muchas satisfacciones. 

-Tras casi 15 años desde que empecé a ejercer el periodismo, decidí apostar a todo o nada e hice una inversión para crear un diario digital completamente nuevo, desde cero, que fuera compatible con la tecnología actual, y que se pueda leer desde cualquier dispositivo. Todo esto parece muy lindo, pero el desafío era (y es) darle contenido, producción periodística, actualidad. Si bien era sabido que había que llenar el diario de noticias, me puse del otro lado para intentar ver qué es lo que al público le interesa leer.

-Me siento más seguro (o convencido) de lo que hago, en parte porque tuve la suerte de rodearme de gente que estaba en la misma sintonía que yo, y me alejé de personas tóxicas (léase dañinas) y demandantes que hicieron de 2016 un año conflictivo. 

-Enfrenté mis problemas -y lo sigo haciendo- de la mejor manera posible, entendiendo que todo emprendimiento implica un cambio, lleva tiempo, y los resultados difícilmente se vean en el corto plazo. 

-Dediqué más tiempo al descanso, sin descuidar por ello mi trabajo. Aprendí a disfrutar del ocio, que antes era tiempo muerto y me aburría. Volví a leer aquellos libros que me marcaron, y que con el tiempo habían quedado varados en mi biblioteca. Empecé a interesarme cada vez más por los ensayos políticos o por las biografías, en lugar de la ficción. Hace años que no leo una novela, y no es el género que más me gusta.

- En lugar de querer convencer o persuadir a otros de cosas en las que creía tener razón, comencé a escuchar más las opiniones de mis amigos y comprendí que su modo de ver la vida es distinto, pero que esa diferencia es la que nutre la amistad. 

- Hay cosas que no han cambiado: Como es habitual, sigo renegando cuando algo no me sale bien, sobre todo si se trata de laburo, o cuando no me dan los tiempos. Supe desde el principio que debía competir con otros medios de prensa, y eso me impulsó a buscar un estilo, una línea editorial. Que mi producto se diferenciara de los otros, respetando como siempre el laburo de mis colegas. Dejé de pensar en lo que hacen los otros y me concentré en hacer notas que salieran de la actualidad, que indagaran en la vida de la gente que hace de Lobos un  lugar mejor, ya sea desde el arte, o desde un oficio cualquiera. 

 - Para concluir, todavía quedan tres meses de este 2017 que se nos escapa como arena entre los dedos, y lo único a lo que aspiro es terminar el año de la mejor manera posible. Es un ciclo, nada más. Luego vendrán otros, que traerán aparejados otros desafíos, otros problemas y demandas.
No todas fueron rosas: aumenté 10 kilos, como consecuencia de mi ansiedad y de una alimentación poco saludable, fumo bastante más que los años anteriores, y hablando de laburo me enfrenté a cierto sector de la dirigencia política que no quería dar explicaciones sobre políticas públicas, con lo cual 
seguramente me gané la antipatía de varios que se creen dueños de la verdad. 
Reitero: quedan tres meses por delante, y muchas experiencias por vivir. Todo lo que pueda mejorar en ese lapso, me genera entusiasmo y me pone pilas. Es cuestión de aceptar las cosas como son, pero de no dar por sentado que serán siempre así. Punto final.

22 de septiembre de 2017

El país de la intolerancia

Desde nuestro surgimiento como Nación y como país soberano, seguimos sin darnos cuenta que aquello que nos ha hecho tanto daño, que nos ha sumido en la decadencia, en períodos de falsa prosperidad y otros de extrema miseria, ha sido (y sigue siendo) la intolerancia.

Ya no hablemos de posiciones políticas: nadie respeta a quien piensa u opina diferente. Hace unos meses, publiqué en este blog una nota con el título "Hacer la guerra detrás de un monitor". Pues bien, nada ha cambiado ni hay miras de que suceda. Antes nos agarrábamos a las trompadas, ahora agredimos a quien sea por las redes sociales. De esta manera se han destruido amistades que fueron forjadas durante años, hay personas que dejaron de hablarse o de saludarse, porque tanta bronca contenida parecería exacerbarse en foros supuestamente pluralistas que en realidad son un campo de batalla para la agresión. La famosa grieta goza de buena salud, y va desde descalificar el pensamiento del otro, hasta lisa y llanamente insultar, caer en la bajeza de sembrar rumores falsos (o imposibles de comprobar). También hay idiotas útiles que se prenden en este juego, y no puedo creer cómo desaprovechan el tiempo que bien podría estar destinado a leer un libro o actividades más edificantes, sino "craneando" qué  le van a responder al otro. 

Esto no es nuevo, sólo que ahora nos puteamos y nos creemos los dueños de la verdad por Facebook, y no estamos en la época de la Gestapo para que los rumores que atentan contra el honor de una persona corran de un modo tal (más aún en un pueblo chico), se conviertan en el tema del día. De los múltiples grupos "de opinión" que hay de FB sobre Lobos, en la mayoría no se llega a ninguna conclusión, parece ser una suerte de entretenimiento para gente que tiene muy poco que hacer. 

  Y yendo a un nivel macro, cómo es posible que dos hinchadas rivales en un partido de fútbol, traigan consigo un impresionante despligue de policías, para que ninguno caiga víctima de una emboscada y haya que lamentar muertos, o en el menor de los casos, centenares de heridos a botellazos y pedradas. Cómo darles el ejemplo a nuestros hijos, si vemos que un peatón va cruzando la calle y en lugar de aminorar la marcha del auto, aceleramos. Es totalmente irracional. 

Hace décadas que la dirigencia política viene proponiendo "un modelo de país", y cada uno que asume, en lugar de tomar lo bueno que dejó la gestión anterior, se empeña en destruirlo. Queremos empezar de cero, daría la impresión, algo que no es posible para un país de 200 años que debería aprender las lecciones del pasado, tomar el ejemplo de quienes se jugaron la vida por sus ideales, como Lisandro de la Torre o Alfredo Palacios, un espejo al que deberían mirarse a diario los legisladores actuales, que tanto dejan que desear con sus inútiles "chicanas" y discursos que son un largo bostezo de obviedades y buenas promesas. 

El intolerante, además de creer que sus ideas son las únicas que valen, pretende lucirse e imponerlas a otros. Cuántas veces hemos oído hablar de "debate" y vemos que todo termina de la peor manera, sin discutir la cuestión de fondo y apelando a subestimar la inteligencia del interlocutor. Precisamente, subestimar al otro es un síntoma clave de intolerancia. Hasta en las cuestiones más elementales, parece imposible llegar a un acuerdo. Los chicos en edad escolar, que no tuvieron materias como Instrucción Cívica en mis épocas de estudiante, desconocen la Constitución (y ni hablar de las leyes que reglamentan las garantías de todo ciudadano). Pero dejemos de culpar a los pibes, que sería la salida más fácil, y asumamos alguna vez nuestra propia responsabilidad. Punto final.

20 de septiembre de 2017

El periodista que se creyó estrella y terminó con las manos vacías

Ayer, barrieron a otro "héroe de la resistencia kirchnerista". Roberto Navarro, ex periodista estrella de C5N y Radio 10, fue despedido luego de enfrentarse con el Gerente de Contenidos del canal de noticias. Navarro, creyó que siendo más papista que el Papa, su permanencia iba a ser eterna, y que la adhesión fervorosa de la audiencia K iba a ser suficiente para sostenerlo. Pero el Grupo Indalo, como toda empresa privada, tiene el derecho de prescindir de cualquier empleado, de modo que  lo notificó por telegrama de su despido, luego de una serie de enfrentamientos que hizo públicos en Twitter, tan en boga en estos tiempos. Navarro, el hombre de la barba candado que jamás esbozó una mínima crítica contra los K, se quedó sin aire, en parte por su propia ineptitud. ¿Cómo vas a descargar tu odio en Twitter contra el Gerente del canal donde trabajás? ¿Cómo te vas a cagar a trompadas con Baby Etchecopar en los pasillos de Radio 10, jugando a ver quién es el más guapo? Se te terminó, querido, y no busques victimizarte y hacernos convencer de tus teorías conspirativas. Creerse con derecho a todo, más en un medio de comunicación, es el principio de fin. Es el mismo tipo que anunció los supuestos triunfos de Scioli y Aníbal Fernández en las elecciones de 2015, lo que fue un papelón estrepitoso. Es el mismo tipo que se fue quedando solo, haciendo una suerte de cruzada en defensa de Cristina, que inclusive en un canal como C5N, afín a la causa, resultaba insoportable. Los directivos, entre otros fundamentos, lo consideraron una persona conflictiva, porque no sólo se dedicaba a sembrar el odio por TV, sino que se enfrentaba constantemente con sus compañeros de trabajo que no comulgaban con su pensamiento. 

Y es así como nos damos cuenta de que, pretender una jerarquía superior dentro de una empresa, pedir que echen a quienes no coinciden ideológicamente con vos, es crónica de un final anunciado. Navarro cayó en la ingenuidad de no tener límites para seguir con su faena de convertirse en un denunciador serial de la gestión macrista, y con los hechos consumados, cuando le pegaron una patada en el culo, empezó a sostener argumentos inverosímiles e imposibles de comprobar, como que el Gobierno había presionado para su salida. Quiso hacer de su espacio radial y televisivo un "mini 678", y ahora se quedó con las manos vacías. Pero seguramente lo indemnizarán por una buena suma, y encontrará rápido refugio en AM 750, otro reducto kirchnerista que supieron construir como complemento de Página/12.

Para poner "blanco sobre negro", no se trata de emitir un juicio de valor sobre  la ideología que cada uno profese, sino mostrar cómo, desde un medio de comunicación, no podés hacer o decir cualquier cosa, y mucho menos meterte en una batalla por las redes sociales con los que te están dando el laburo. Suena absurdo que Navarro argumente sentirse "censurado", cuando durante años se dio el gusto de decir cualquier exabrupto que le venía a la boca con tal de defender su posición. Punto final.

18 de septiembre de 2017

Cambios forzosos de una sociedad "conectada"

Parece mentira, han transcurrido 12 años y un poco más desde mi primera publicación, y veo que aún quedan muchos temas sobre los cuales escribir, nuevos interrogantes que van surgiendo, conforme los cambios que experimenta la sociedad. De más está decir que no me considero idóneo para hablar o escribir de todo. De hecho, una de las cosas que más me fastidian son las personas que tienen respuestas para todo, parecen avergonzarse de decir "no sé" o "no entendí".

Suele decirse que Internet democratizó la comunicación, porque permite la expresión de muchas personas que de otra forma no tendrían los medios para hacerlo. Siendo yo adolescente, no existía Internet y mucho menos Wikipedia, por lo cual íbamos a las bibliotecas públicas a buscar información en los gruesos volúmenes de las enciclopedias. Pero era algo positivo, porque te forjabas el hábito de investigar, de conseguir la información de distintas fuentes, que era lo que el profesor te pedía para una determinado trabajo práctico. Hoy estamos a un "clic" de distancia, inclusive hay páginas que brindan monografías completas que alguien, probablemente otro estudiante, alguna vez escribió. El hecho de disponer de redes sociales, de poder acceder a los principales diarios del mundo por la Web, no nos hace sentirnos menos alienado. Es difícil predecir qué sucederá, con cambios tan vertiginosos que hasta los ancianos han tenido que acostumbrarse a usar Internet para hacer una consulta en ANSES. La Red arremete con desprecio ante lo físico y tangible, como puede ser los diarios y publicaciones en papel, los discos, o cualquier modo de almacenamiento de datos. En un futuro, probablemente hasta el pendrive quede obsoleto. Ya no te envían más las facturas de muchos servicios en papel, de manera que con ello ya está todo dicho. Hay carreras universitarias que se pueden cursar de forma virtual o semipresencial. "Los tiempos están cambiando", cantaba Bob Dylan en 1965. Cuánta razón tenías, Bob. Punto final.

16 de septiembre de 2017

Ser esclavo de tus palabras

La entrevista a CFK, rondó entre lo patético y lo obvio. Patético, porque las declaraciones de Cristina buscando despegarse de los casos de corrupción kirchnerista, o bien sobre el incremento de su patrimonio, no resisten el menor análisis. Y obvio, porque era previsible que no iba a "inmolarse" y reconocer ningún margen de error o de autocrítica en plena campaña electoral. Una vez, un amigo me preguntó si yo creía que la ex Presidenta era inteligente. Respondí que no, en principio porque ella no puede alegar desconocimiento de lo que hacían sus funcionarios de más estrecha confianza, algunos tras las rejas y otros procesados por toda clase de delitos. Que tenga un buen léxico o que sepa improvisar largos y soporíferos discursos ante sus seguidores tiene sabor a poco, si de inteligencia hablamos. Fueron hábiles para delinquir, para hacer abuso de poder, para cometer fraude a la administración pública, para sembrar el odio y para llenar de ñoquis las oficinas de los Ministerios. Eso sí, no se lo vamos a negar. 

Hicieron de la lucha contra un multimedios (el Grupo Clarín), casi una cruzada, una causa nacional, una muestra de intolerancia ante un medio de prensa que (con fundamentos o no), se puso en la vereda de enfrente. No simpatizo demasiado con Clarín, pero entre tener todo el aparato del Estado en tu contra y ver que el otro bando está conformado por un grupo empresario...a quién elegís? Si Clarín miente, como ellos afirman y afirmaban, serán los lectores quienes dejarán de leerlo, y nadie desde el Gobierno, el de los K o el que venga, me va a venir a decir a mí lo que tengo que leer. Hablar de "medios hegemónicos" sonaba muy bonito, sobre todo cuando sostenés con pauta oficial un montón de diarios y canales parásitos y afines a la Casa Rosada, haciendo alarde de "pluralidad de voces" y de un falso progesismo.  Eso ya se veía venir, pero se agudizó luego del conflicto con el campo, en 2008. Se la jugaron tanto y fueron tan al choque, que la sociedad quedó consternada por lo que sucedía a diario, por la intolerancia, y por esa prepotencia de pretender decidir por los demás. Y si Cristina ganó las PASO por 20.000 votos en la Provincia, no es por mérito propio, sino por la coyuntura económica que estamos viviendo donde no abunda la supuesta bonanza kirchnerista. Macri no es un estadista ni mucho menos: es torpe para tomar decisiones sin medir el impacto social (léase tarifazos), y presenta un dircurso motivador más característico de un pastor evangélico de que un político. El mantra "Sí, se puede", se terminó. Hasta ahora no han podido, y entre errores propios y chicanas ajenas, Cristina ganó. Por un margen mínimo, pero ganó. Punto final.

13 de septiembre de 2017

La buena gente

Lo principal en esta vida, es tan simple como ser "buena gente". Y para conseguirlo, no es necesario pertenecer a ninguna clase social. Es simplemente, no estafar, no engañar, decir la verdad, ser agradecido. Pongo énfasis en esto último, nunca voy a dejar de agradecer a todos quienes me ayudaron de distinto modo: económicamente, con una palabra de aliento, con sus consejos, con sus saberes, sin caer en ese argumento estúpido de "avivar giles". Enseñarle a alguien lo que vos podés hacer, no es avivar giles, porque vos solamente le estás enseñando, el resto corre por cuenta del otro. El progreso, la dedicación, o algo tan sencillo como las ganas de aprender. Y ser buena gente también es aprender a cagarse de risa de la vida, a detenerse unos segundos para saludar a quienes te conocen y te aprecian cuando vas por la calle. Lo hago todos los días. Al señor que limpia por la mañana la Plaza 1810. Al otro señor que está en la esquina controlando el estacionamiento medido. Al mozo del bar. Al kiosquero que siempre le compro los cigarrillos. Son vecinos, compartimos la convivencia en una ciudad pequeña.
Considero importante, asimismo,  no vivir mirando hacia atrás pero sí mantener viva la memoria. 

La buena gente no es rencorosa, simplemente perdona a quien le hizo daño,  porque prefiere quitarse ella misma el rencor de encima antes que esperar que el agresor lo vaya a reconocer. La buena gente es la que te pregunta "cómo estás tanto tiempo", que se alegra de verte pese a que seas un mero conocido y no cultives una amistad. La buena gente no siembra el odio: donde otros pierden el tiempo en discursos de barricada, busca arribar a un consenso, a un acuerdo. 

De más está decir que no tengo todos los atributos o características que mencioné más arriba, lo digo sin ninguna vanidad ni falsa modestia. Pero cada día, trato de ser buena gente. Punto final.

Llamar a las cosas por su nombre

Los argentinos somos especialistas en eufemismos, o en ponerle un nombre simpático a hechos gravísimos. Un ejemplo: "el corralito" de 2001. Recuerdo que a mediados de 2002, cuando empezamos a salir paulatinamente de la crisis, la prensa hablaba de "veranito". Duhalde no es santo de mi devoción, y podría enumerar todas aquellas cosas que lo convierten en lo peor de la política. Pero agarró un fierro caliente en enero de 2002 e hizo lo que tenía que hacer. Hoy, que tanto se habla de "sinceramiento", en aquel momento era imperioso sincerar en los hechos lo que venía ocurriendo y poner fin a la fantasía menemista del "1 a 1", a la convertibilidad. Pesificar los ahorros no benefició a nadie, pero las reservas del Banco Central estaban por el piso y ningún país serio nos iba a prestar un centavo. Quedó para la historia, también, en su discurso de asunción, con aquella patraña de "quien depositó dólares, recibirá dólares". Era imposible lograr algo semejante, ya que entre 2000 y 2001, miles de millones de dólares se fugaron al Exterior. Pero mucho antes, en 1999, la gente eligió a un Presidente que se comprometió a mantener el "1 a 1". Así nos fue, por no asumir el costo político y social que traería aparejado una coyuntura económica que se tornaba insostenible. 

De la Rúa, además de no darse cuenta de que se estaba cavando la fosa solo (con varios conspiradores), no supo, por su ineptitud, interpretar las demandas de la sociedad, y así seguimos hasta el día de hoy, con sucesivos mandatarios que nos fueron endeudando hasta el infinito con créditos externos y que ni nuestros nietos podrán pagar. Para ellos es sencillo, porque se van en cuatro años (u ocho a lo sumo), y le pasan la  llave de la Casa Rosada al que sigue. Y cuando finalmente parece que las cosas se encaminan, como ha sucedido en determinados períodos donde los indicadores económicos han sido favorables, se creen superhéroes, la dirigencia política sigue convencida de que nosotros (el pueblo) somos sus cortesanos. Es su obligación y su deber administrar las finanzas e invertir en desarrollo social, no les cabe ningún mérito por eso. La política como modo de vida, para enriquecerse y "hacer caja", sigue siendo tolerada -por lo general- mientras la economía marcha bien, porque al común de la gente le importa su dinero lo cual es razonable. Lo que no lo es, es dejar pasar por alto tanto cuánta guita se despilfarre en sobreprecios, paraísos fiscales, rutas fantasma, hoteles con habitaciones vacías, y no es privativo del kirchenerismo. Se compran votos en el Congreso, y se compran voluntades en cada elección. Lo único que puedo rescatar es que buena parte de la sociedad tiene la memoria y la conciencia suficiente para adaptarse a las circunstancias. Porque de eso se trata la inteligencia: no de cuántos libros hayas leído, sino de la capacidad de adaptarse. Aunque nos duela. Punto final.

2017 se ha portado bien conmigo

Cuando miro hacia atrás y veo todo lo que hice o dejé de hacer, puedo afirmar que 2017 ha sido un año que me ha deparado muchas satisfaccion...