28 de marzo de 2011

Entre lo perdurable y lo efímero


Lunes por la noche en la ciudad. Tengo un sueño terrible a pesar de que apenas son las 21:30. Pero me conozco lo suficiente como para saber que me va a costar dormir. En realidad, ya lo acepto como algo natural en mí: siempre me costó conciliar el sueño, tengo que estar muy cansado para dormir profundamente. Es momento de pensar en no bajar los brazos, en seguir adelante, porque no faltará mucho para que nos bombardeen con campañas políticas, con inauguraciones de obras o de cualquier cosa, y con el Estado luciendo su rostro más benefactor. De hecho, voy a una biblioteca pública donde las cosas van de mal en peor. Está muy bien conservada y tiene ejemplares de gran valor literario, pero los libros que recibe de la CONABIP son todos con impronta kirchnerista o de pseudoizquierda, exaltando un nacionalismo (¿o chavismo?) estúpido y totalmente infantil. Por eso ahora me cansé y decidí comprar algunos libros que las bibliotecas no reciben, o no quieren comprar, por algún motivo que prefiero no pensar.

Es muy loable que los chicos sepan y comprendan cómo se vivía en la Argentina durante la última dictadura militar, pero no estaría nada mal que se les explicaran las causas y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, el acontecimiento histórico más importante del Siglo XX. Pregúntenle a cualquier chico dónde queda Libia, por ejemplo, o en qué continente. Lo ven todo el tiempo por la televisión, seguramente ya habrán escuchado cientos de veces el nombre de Khadafi, pero sólo tienen una vaga idea de quién es y por qué pasan las cosas. ¿Por qué ningún docente de historia o geografía se toma aunque sea 10 minutos de su clase para hablar del tema? ¿Tanto les cuesta salirse de los esquemas y de las boludeces? El periodismo no es la única fuente de información, también están los libros, la escuela, y la familia. Yo confieso que no sabía dónde quedaba Libia, pero al menos me tomé el trabajo de consultar en Wikipedia, de buscar mapas, de indagar en la realidad. Muchos adolescentes no tienen curiosidad, y sin curiosidad no hay posibilidad de conocimiento. Porque no hay algo que nos motive a saber, a aprender. En la escuela secundaria no me explicaron nunca la Primavera de Praga, el Mayo Francés, la Crisis de los Misiles. Nada de nada. Sólo se veían las antiguas civilizaciones, su esplendor, los imperios, su posterior decandencia, y por supuesto dedicaban varias clases a hablar del Coliseo o del Partenón. Demasiado lejano, aburrido e inconsistente como para que un chico promedio de 15 años pueda tener ganas de llegar a su casa y sentarse a leer, o al menos a buscar algo sobre el tema en Google.

Discos recomendados del día:
The Beatles, "Please, please me" (edición original 1963, edición remasterizada 2009).
Andrés Calamaro, "Tinta roja" (Warner Music, 2006).

25 de marzo de 2011

Idas y vueltas de un weekend XXL

Viernes nublado de otro fin de semana largo, y bueno... como pasa siempre, uno trata de aprovecharlo, pero yo a estos días los miro con desconfianza. La experiencia me dice que luego se pagan las consecuencias del ocio cuando hay que recuperar los días de trabajo perdidos. Me compré un libro de ensayos de María Elena Walsh, que promete ser muy bueno. Al menos para quienes la conocían solamente como una escritora destinada al público infantil. Los textos que alcancé a leer realmente muestran una madurez y un sentido crítico admirables, poco frecuente en la sociedad argentina, donde todo es violencia, golpes bajos y crispación. Con altura, sin creerse la dueña de la verdad pero exponiendo claramente su posición, M. E. Walsh derribó mitos, alentó a los escritores jóvenes, desnudó la censura de la dictadura y trazó su propia visión, por lo cual pagó un alto costo. No todos compartían sus ideas, y fue víctima de la calumnia y de la mentira, pero siguió adelante. Es una de esas personas que todos empezaron a valorar en su justa dimensión cuando ya había muerto. Desde luego, en la Argentina eso sucede muy a menudo, cuando artistas y políticos son condenados al ostracismo y luego de su muerte la prensa "descubre" sus virtudes y el legado que dejaron a las futuras generaciones.

También estoy escuchando música, volviendo a los Beatles, algo de Oasis, un poco de Red Hot Chili Peppers, y tratando de rescatar del olvido todos aquellos discos que duermen en el fondo del baúl. Algunos, debo reconocer, son tan mediocres que no vale la pena molestarse en escucharlos nuevamente, pero traté durante estos años de no seguir una moda o una tendencia en cuanto a la música. Por ejemplo, tengo un solo disco de Nirvana ("Nevermind", como se imaginarán), y no lo escucho nunca, porque me parece una de las bandas más sobredimensionadas de la historia. No eran tan revolucionarios, rebeldes y apáticos como nos quisieron hacer creer. Llegaron en el momento justo, la pegaron, e inclusive antes de que muriera Kurt Coabain ya el éxito no les sonreía tanto en los últimos tiempos. Pero así funciona la fama, las coincidencias, y el oportunismo. Ni más ni menos que eso.

Otra cosa que me molesta es que me vía Internet me pidan tener que actualizar programas. Ya hemos hablado aquí del Messenger, pues bien, ahora resulta que Mozilla y Explorer (los dos navegadores más populares) también nos están pidiendo que instalemos una nueva versión supuestamente mejor. Algún día quisiera encontrarme con el programador que diseña las actualizaciones y preguntarle qué criterios tiene en cuenta para que los resultados sean cada vez más desconcertantes.

Disco recomendado del día:

Miles Davis, "Kind of Blue" (edición original 1959, edición remasterizada de 1997).

22 de marzo de 2011

Segundo día de otoño...


Martes de calor agobiante en la ciudad durante todo el día, y mientras redacto estas líneas escucho el repiqueteo de las gotas de lluvia, que arremeten furiosas en una tormenta que no sabremos cuánto durará. Seguramente traerá aparejado un poco de alivio, aunque sea mínimo.

El problema -bastante mundano por cierto- de esta época del año, es que cuando salís a trabajar, a las 8 ó 9 de la mañana, la temperatura puede ser de 17º C. Entonces te ponés una camisa de mangas largas o algo que abrigue un poco. Cuando llega el mediodía, el termómetro trepó a 29 grados y ya la situación se fue de control, porque uno no puede volver a cambiarse a cada rato y lo que se trata de hacer, quizás previendo este tipo de cosas, es de aceptar el hecho de cagarse un poco de frío a la mañana con la certeza de que para el mediodía nuestra ropa liviana y holgada nos permitirá sobrellevar lo que resta del día.


Tema dos: Parece ser que el "baladista romántico" de moda es el venezolano Carlos Baute, quien alcanzó la fama tardíamente (ya tiene 37 años) y cuyo hit con la española Marta Sánchez, "Colgado en tus manos", se escucha en la radio todo el tiempo. Debo decir que la música de Baute, al menos lo que he escuchado hasta el momento, no me disgusta. Está bastante lejos de mis preferencias, pero es mucho más tolerable que Enrique Iglesias y otros engendros lamentables que vienen proliferando en las FM y que la gente escucha con sorprendente masoquismo. El secreto del éxito de Baute no es tan difícil de develar: letras neutras para que cualquier latino las entienda (sin modismos), buenos arreglos y algún guiño pop, canciones simples, con los clichés propios del género y algunas metáforas más que obvias, pero qué más se le puede pedir. El tema a dúo con Marta Sánchez, debo reconocerlo, es sumamente pegadizo y como me ha pasado con otros artistas, me he dado cuenta de que esa maldita canción se ha enclavado en alguna parte de mi mente, como si se tratara de un barco encallado en la arena. Por supuesto, creo que hay todo un trabajo de productores e ingenieros de grabación que realmente saben cómo concebir un "hit" y lograr que ese tema quede flotando en el aire de todas las radios. Y también hay mucho dinero en juego para que las radios le den difusión, presupuesto para los videoclips, y merchandising propio de la industria musical que se está reinventando para sobrevivir.

Lo que rescato de este nuevo ídolo que llegó casi cuando el tren se estaba yendo, es precisamente eso: la edad. Según leí en alguna web, tuvo una carrera exitosa en Venezuela, pero se hizo conocido internacionalmente a los 37 años, por tal motivo, tendrá que ser rápido y astuto como para capitalizar este momento al máximo, y orientar su carrera hacia un público adulto porque los adolescentes escuchan cosas aún peores de lo que él hace, como reggaetón y todo lo que ya hemos hablado. No corresponde juzgar a nadie por sus preferencias, sean musicales o de cualquier índole, pero está claro que los gustos de una persona te dan la pauta de cómo es, y de determinados rasgos que la definen. Yo debo admitir que soy tan heterogéneo que no creo que se me pueda encasillar tan fácil, porque escucho desde los Beatles hasta Avril Lavigne. Como verán, hoy me he propuesto no escribir sobre política o cosas que nos hacen sufrir. Un poco de frivolidad nunca viene mal, ¿no? Pero sólo un poco, no se excedan...

Discos recomendados del día:Diana Krall, "Live in Paris"(Universal/Verve, 2002)
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Avril Lavigne, "Goodbye Lullaby" (RCA/Sony Music, 2011)

20 de marzo de 2011

EE. UU. y su particular visión del mundo


Como era previsible, EE. UU. no podía con su genio de mostrarse como el pacificador, como el país que puso orden en medio del caos. Con la complicidad y el apoyo de Francia, están bombardeando y atacando Libia. Recién 40 años después se dieron cuenta de que Khadafi era un dictador? Por qué no dejan que los libios arreglen sus propios asuntos, como hicieron en Egipto, cuando se limitaron a hacer declaraciones ambiguas y no intervinieron más allá de lo diplomático? Por supuesto, Egipto es un aliado estratégico de los yanquis, y entonces dejaron que el país estuviera al borde de la anarquía, abandonando a su suerte a Mubarak. Llama la atención que cuando ocurrió el golpe de Estado en Honduras miraran para otro lado, argumentando desde el Departamento de Estado que no querían ser acusados de influir en los avatares políticos de un país extranjero. Algo que, en realidad, lo han hecho toda la vida. Les encanta "disciplinar" a los países pobres o con regímenes dictatoriales como si fueran chicos de primer grado, siempre que tengan algún interés estratégico para ellos. Para qué iban a malgastar dinero en una operación militar en Honduras, un país que no les daba ningún rédito y del cual no podían sacar provecho alguno como sí lo hicieron en el pasado? Ellos deciden de qué lado está el mundo. Por un lado, se encuentran los supuestos populistas, demagógicos, dictadores, tiranos. Por el otro, los conservadores, liberales, y simpatizantes del libre mercado, que son considerados países "amigos". Con esos países es provechoso firmar tratados de libre comercio, aunque no tengan casi nada para ofrecer a cambio, como ocurre con El Salvador, país que Obama incluyó en su gira por "las Américas" como les gusta llamar a todo el resto del continente que no sea de ellos.

Khadafi no es precisamente un prócer, ni siquiera es un estadista, pero el único motivo por el cual le tengo cierto respeto es por la resistencia. El tipo no va a huir, al menos por ahora. Está dispuesto a dar pelea, como cuando bombardearon su residencia en 1986. Sabe (porque con los años que tiene en el poder no es ningún gil), que los yanquis seguramente van a dejar el país devastado y van a poner a un títere suyo como presidente, pero él parece resistir. La propia Cristina, en 2008, visitó Libia y se reunió con Khadafi, como lo hicieron varios líderes de países que se autoproclaman democráticos. Obviamente, todos sabemos cómo va a terminar esta historia, lo único que me pregunto es si Khadafi será para los yanquis ultraconservadores del "Tea Party" algo así como el nuevo Saddan Hussein.

18 de marzo de 2011

Viernes con sindicalistas nerviosos

A veces hay que reconocer que agobia un poco abordar desde el blog temas de estricta actualidad, pero resulta ineludible. Por ejemplo, el anuncio de la CGT conducida por Hugo Moyano de un paro general de transportes para el lunes, consecuencia de que el caudillo sindical se siente víctima de infantiles teorías conspirativas sobre el origen de sus fondos en Suiza. Moyano, quien dice representar a los trabajadores y defenderlos hasta las últimas consecuencias, se ha visto beneficiado con su notorio acercamiento al Gobierno que le posibilitó estar en la "mesa chica" de la Rosada, donde se toman las decisiones de peso.
Ciertamente, en la Argentina debe haber miles de "Moyanos" con fondos no declarados, que figuran en algún paraíso fiscal. Pero lo que se le imputa, es un presunto lavado de dinero. Es decir, en lugar de investigar cómo hizo para amasar semejante fortuna, lo que hacemos en centrarnos en cómo hizo para blanquearla.
Mientras Moyano y sus barrabravas tienen a los argentinos de clase media como rehenes, al controlar el transporte público y los peajes, la escalada de precios no se detiene y uno ya va resignado al supermercado o a la despensa del barrio sabiendo que nuestra compra se verá reducida a lo mínimo. Por supuesto, todos tratamos de aprovechar las promociones y los descuentos aunque sea para ahorrar unos pesos, pero la tendencia es "bancarizar" el consumo, y seducir a los consumidores con descuentos en comprar con tarjetas de crédito o débito. Allá por 2001, se intentó una "bancarización forzosa", previa al nefasto corralito, y muy bien no nos fue. El dinero en efectivo debe preservar su valor, y no podemos caer en el despropósito de usar la tarjeta para comprar cualquier boludez. Yo no siquiera tengo una, así que no me preocupo por el momento, pero no quiero que me impongan una determinada forma de pagar lo que compro. ¿A los consumidores, quién nos defiende? No creo que Moreno sea el mejor representante de los "intereses del pueblo", si es que se me permite la generalización en el término.

14 de marzo de 2011

Cuando el lunes aparece


Lunes otra vez. Mal comienzo de semana, con descompostura y vómitos (ahora me siento mejor). No es algo agradable de contar, pero es lo que pasó. Igual tuve que hacerle frente al día lo mejor que pude, conforme avanzaban las horas, para trabajar y poder cumplir con mis obligaciones como corresponde. Si escucharon los testimonios, parece que los japoneses estaban mejor preparados de lo que muchos suponen para un eventual tsunami, y uno tiene la dolorosa certeza de que si algo así hubiera ocurrido en un país como el nuestro (donde todo se ata con alambre) el resultado hubiera sido mucho peor.

Algunos temas cortos: el último disco de Depeche Mode ("Sounds of the Universe", de 2009) es bastante flojo y no me termina de convencer. Tiene un par de tracks interesantes pero en el balance general no vale la pena ni bajarlo ni comprarlo.

El diario Perfil, que sale los sábados y domingos, tiene una gran calidad periodística, buenas fotos, y un diseño muy interesante. Pero uno nunca termina de leerlo, quizás porque algunas notas son demasiado extensas o tienen un desarrollo no convencional para un diario. Demasiado analíticas para leer en un colectivo, por ejemplo.
Ya empezó el frío, y todo va cambiando más rápido de lo que parece. Aparentemente vamos hacia un camino sin retorno, en el que los seres humanos tendrán contacto físico solamente para el sexo y el resto se hará por Internet, desde un trámite bancario hasta las compras del supermercado. No sé cuándo llegaremos a esa instancia en Argentina, y ojalá nunca suceda, porque no hay nada más lindo que tomar unos mates o un café con amigos, compartir un asado o ver una película. Y eso nos lleva a preguntarnos, como ocurre siempre, qué país le dejaremos a nuestros hijos. Yo no sé si tendré hijos alguna vez, pero ciertamente no me gustaría que crecieran en la sociedad actual. Qué le voy a hacer, reconozco que soy un nostálgico incorregible, hasta las cosas más lamentables que se puedan imaginar me provocan nostalgia, y es que uno fue adolescente en una sociedad muy diferente a la actual, aunque apenas hayan pasado 10 ó 15 años. No sé que más puedo agregar, creo que todos pueden darse cuenta qué cosas cambiaron y qué cosas siguen igual. Quizás lo que siento es que la gente está más agresiva y violenta ahora que hace unos años. Por cualquier motivo se reacciona, y lo peor es que se reacciona mal, y eso antes era menos frecuente, no me pregunten por qué. Quizás podría teorizar al respecto, pero eso llevaría demasiado tiempo y además creo que cada uno sabe (o cree saber) qué nos hace falta para recuperar la calma.

11 de marzo de 2011

Perdidos en Tokio

Hoy, el tema excluyente ha sido el desastre natural ocurrido en Japón, y seguramente en los días sucesivos continuarán emitiéndose por la pantalla imágenes devastadoras. Aunque ya lo han comentado varios personas, no puedo menos que pensar en la fragilidad del ser humano, en que somos extremadamente endebles ante la furia de la naturaleza y todo el confort, la seguridad y la sofisticación que un determinado sector de la población pueda tener se van al carajo cuando arrecia un terremoto o un tsunami. Tanto los más ricos como la clase media (si es que existe algo así en Japón) fueron víctimas de una tragedia que nos va sorprendiendo a cada minuto, porque es tan inconmensurable el caos y el desconcierto, que nos cuesta tener una noción de lo que está pasando. Cuando vemos edificios pulverizados, fábricas arrasadas, y no alcanzamos a comprender cómo pudo haber ocurrido algo semejante.
Hoy escuché en Telenoche a un periodista decir, que a pesar de las diferencias de PBI, nivel socioeconómico, calidad de vida, y expectativa de vida, lo que sucedió en Japón nos recuerda inevitablemente a lo ocurrido en Haití, con 250.000 muertos. Japón, uno de los países más desarrollados del mundo, integrante del selecto G-8. Haití, el país más pobre del continente americano, sumido en la miseria, el feudalismo y la corrupción.

Les confieso que iba a comenzar esta nota comentando un hecho más mundano, que hoy sufrí cuatro cortes de luz, en otra jornada agobiante de calor, y que estoy indignado con la desidia de las autoridades. Si se me quema un electrodoméstico, nadie se hará cargo, y si los delincuentes irrumpen en mi casa amparados en la oscuridad, tampoco. Pero debo decir que lo que sucedió en Japón me supera, porque nunca había visto algo así, y nunca pensé que pudiera ocurrir algo de esta magnitud. No sé si estamos cerca del fin del mundo, o qué (las teorías al respecto son innumerables), pero no quisiera estar aquí cuando se produzca la hecatombe.

9 de marzo de 2011

Otra vuelta de tuerca?


Primeros minutos del miércoles post-fin de semana largo. Iba a decir que dentro de unas horas, cuando todos los que se fueron a celebrar quién sabe qué cosa vuelvan a laburar, la ciudad recuperará su ritmo normal. Pero luego comprendí que la definición de "normal" es tan abarcativa como discutible. Les doy un ejemplo: hace unos días se me rompieron los auriculares del MP3, por ejemplo, y no encontré un p**to negocio abierto para comprar otros. Por supuesto, eso no me impide seguir viviendo, y hasta puede parecer intrascendente. Pero algo funciona mal cuando se pondera el turismo y la boludez en lugar de la cultura del trabajo. Esto implica, entre otras cosas, que los comercios estén abiertos en horarios razonables, que no esclavicen a sus empleados pero que tampoco los tengan como maniquíes inútiles detrás de un mostrador, y finalmente, que todos aprendamos a hacernos cargo de cuestiones básicas. No podés decir que no te alcanza la guita y acto seguido aprovechar un feriado para desaparecer por cuatro días. Esto, claro está, es común porque detrás del escapismo hay una mirada a corto plazo. No tenemos prioridades, y yo quizás tampoco las tenga demasiado definidas, pero al menos me muestro preocupado al respecto. Suena muy lindo "vivir el presente", y todas esas frases que suelen decorar cada párrafo de los libros de autoayuda. Pero tenemos que abrir el paraguas, sobre todo si nos tocó nacer en un país tan imprevisible. Hay gente que vive porque el aire es gratis y que no entiende que (a diferencia de lo que decía Celia Cruz), la vida no es un carnaval. Si sos un tipo decente y no tuviste la suerte de ganarte la lotería o heredar algo, te vas a tener que romper el c... para conseguir unos pesos y poder comer. Y para concluir, hay algo que les quiero decir: no siempre lo normal es lo común, y no siempre lo común es lo habitual.

6 de marzo de 2011

Festejando el carnaval en medio de la tempestad?

Este año, nos hemos encontrado con la novedad de los nuevos feriados, muchos de los cuales resultan inexplicables, y otros insólitos. Mañana y pasado mañana (lunes y martes) habrá dos feriados por carnaval, algo que carece de sustento en un país donde por paupérrimo su despliegue y colorido los carnavales no atraen al turismo como sucede en Brasil o en Uruguay. La excepción, desde luego, son los carnavales de Gualeguaychú, realmente notables. Pero aún así no encuentro razones de peso como para instituir dos feriados consecutivos.

Hubiera preferido que se reconociera a próceres olvidados, a escritores, a artistas, dedicando un día del calendario a homenajearlos, y a que los estudiantes conozcan su vida y obra. Cualquier adolescente promedio nunca escuchó hablar de Lisandro De la Torre, de Alicia Moreau de Justo, de Alfredo Palacios, de Rosario Vera Peñaloza. No hace falta ser muy sagaz para comprender que es más demagógico inventar feriados "festivos" en lugar de evocar a figuras que escribieron parte de la historia reciente.

Por supuesto, como los feriados son una buena excusa para no trabajar, nadie se queja, y es probable que al cabo de unos días se difundan las cifras del crecimiento del turismo en virtud de estos días no laborales. Como el tema no le interesa demasiado a nuestros legisladores, nadie se ha puesto a analizar los criterios que debe reunir una fecha para ser declarada feriado, o qué aspectos se tienen en cuenta. Y para terminar con la cuestión, hay feriados que deben ser INAMOVIBLES, como el 17 de agosto, porque de lo contrario si se conmemoran en cualquier fecha pierden todo sentido. Desde que tengo uso de razón el "Día del Gral. San Martín", se respeta como corresponder. Y si determinado año cae un miércoles, que se jodan los turistas. Tengamos un poco de coherencia, al menos en saber el verdadero significado de un feriado y lo que representa en sí mismo.

4 de marzo de 2011

A ajustarse el cinturón.......


Marzo suele ser el mes más choto del año, como es sabido, y por otra parte empiezan a emerger los problemas que estuvieron ocultos en la burbuja del verano, como la inflación en los alimentos, el alza de los combustibles, las listas "colectoras" que impulsa el oficialismo para las elecciones, la detención de sindicalistas corruptos y de funcionarios que no pueden justificar su patrimonio con el sueldo que dicen ganar. Suena a historia repetida, verdad?

Tanto a vecinos que se autodenominan oficialistas como a aquellos que se consideran opositores, la presión inflacionaria los afecta por igual. Cuando van a la góndola de supermercado o al estante del almacén, el precio es el mismo para los dos. Los sindicatos reclaman aumentos de hasta un 30 % para recuperar una porción del poder adquisitivo que se perdió en estos últimos dos años. Desde el Gobierno piden "mesura" con las cifras de los aumentos. Pero lo tragicómico es que les piden mesura a los supermercados, para que no sigan subiendo los precios, y a los sindicatos, para que moderen sus pretensiones salariales. Un doble juego que no conduce a nada, en definitiva, dado que no se está haciendo foco en el gasto público, por ejemplo, que implica miles de millones de pesos en subsidios, entre otras cosas. Algunos de dichos subsidios, el propio Estado decidió dejarlos sin efecto de un día para otro, y de esa forma, las tarifas que se encontraban contenidas por el salvavidas oficial, explotaron como el corcho de una botella de sidra. Así surgieron los famosos tarifazos, en transporte público, electricidad y peajes, a los cuales los argentinos nos hemos tenido que acostumbrar.

Mientras todo esto sucede, andan sobrevolando las Cámaras del Congreso frases como "reelección indefinida", o "continuidad del modelo". Muchos de sus impulsores son los mismos que acusaban a Menem de querer perpetuarse en el poder. No es ni más ni menos que una muestra más de la eterna contradicción argentina.

1 de marzo de 2011

Primer día de marzo

Marzo trae consigo algunos cambios en mi vida que me he propuesto concretar, y que si bien no resultan significativos, creo necesario hacer para reducir gastos.
En principio, fumar lo menos posible. Prácticamente no lo hago durante la semana y ya me produce asco el tabaco, pero más que un vicio se ha vuelto una costumbre. La gente que nunca ha fumado difícilmente lo entienda, pero a lo que me refiero es que si uno se sienta a tomar un café y está solo, el cigarrillo suele ser una compañía, sumamente tóxica por cierto.
Me pregunto si es saludable autoimponerse límites, o si se trata de un truco para creernos que estamos haciendo las cosas bien. Sea como fuere, prefiero ponerme límites yo mismo y no que haya alguien que me "marque la cancha". Eso sí que no lo soporto.

Tengo ganas de aprovechar algún fin de semana para ir a una estancia. No me interesa montar a caballo o probar dulces caseros, sino simplemente estar en un lugar tranquilo, con mucho verde, con esa llanura infinita, y la sensación de que por un momento todo está en orden.

Pero volviendo a mis hábitos... con respecto a las películas en DVD, debo decir que no descarto seguir comprando alguna que otra de vez en cuando. Pero como en los casos anteriores, me voy a fijar como objetivo ver de principio a fin todas las que tengo antes de buscar nuevos títulos, excepto algún clásico de Woody Allen que siempre merece un lugar de privilegio en la videoteca.

Con todo esto, si finalmente resulta, voy a lograr ahorrar bastante dinero, que no sé qué destino tendrá, pero seguramente perseguirá un fin más útil y satisfactorio que el que venía teniendo hasta ahora. Prefiero comprar un kilo de asado y disfrutarlo, en lugar de tener un disco mediocre que nunca me voy a tomar el trabajo de escuchar "en serio". Si hay un tema en particular que me guste, lo bajaré por Internet y listo. Ya es suficiente.

Todo esto lo estoy escribiendo en la madrugada del 1º de marzo. El primer día de cada mes siempre resulta auspicioso para emprender cualquier cambio, uno se lo toma más en serio, no sé por qué pero es así. El mes que viene les cuento si todo esto que acabo de redactar con más entusiasmo que convicción lo pude cumplir. Say no more!

El tiempo no para

"El tiempo es oro", solía decir Henry Ford, el magnate de la industria automotriz que cambió para siempre el modo de trabajar, con...