29 de abril de 2019

Los 40


A veces pienso que estoy cerca de cumplir 40 años, casi la mitad de mi vida si el destino así lo permite. Y resulta inevitable reflexionar acerca de los logros, los fracasos, las cuentas pendientes... si pudiera volver el tiempo atrás, haría las cosas mejor, no me ilusionaría tanto, sería más racional... pero son rasgos propios de mi personalidad. Como la canción de Pablo Milanés, "Cuánto gané, cuánto perdí", llega un punto en que uno empieza a ver todo como una suerte de balance, algo que a priori no me gusta. Le tomo como el fin de una etapa, considero que tiene más peso el número 40 que aquello que representa otro ciclo biológico en la vida de cualquier persona.
Tuve mujeres que me amaron, amigos que luego dejé de frecuentar, lugares que sólo perduran en mi memoria porque ya no existen. Suelo preguntarme cómo sería mi vida si tuviera un hijo, si pudiera inculcarle algo de la experiencia (mi experiencia) de vivir. Tal vez sea demasiado disperso o poco responsable para lo que implica la crianza de un niño, en definitiva nadie aprende a ser padre hasta que asume ese rol, y en este mundo desquiciado siento que no es el mejor entorno para una criatura, no es la sociedad que yo conocí en mi infancia. La pregunta sería si durante esas décadas, evolucionamos o involucionamos. La tecnología nos estupidiza la mayoría de las veces, somos esclavos del celular o de las redes sociales. Si no fuera porque me permite promocionar o compartir lo que escribo, hace rato ya que cerraría mi cuenta de Facebook. No me genera nada, es totalmente insípido. No es un gesto de vana rebeldía, realmente se los digo. Y ni siquiera me molesto con Instagram, no tiene nada que ver conmigo el hecho de subir fotos de cualquier gansada.

Ves? Cuando renegás, te das cuenta de que te estás poniendo viejo. No son las canas ni los dientes manchados, es el discurso que uno repite lo que te hace caer en la decrepitud. Es la incapacidad de comprender los usos y costumbres de las nuevas generaciones. Lo que ocurre en que los cambios fueron tan bruscos, que a veces quedás en off side. Pese a ello, no tengo problemas en relacionarme con gente más joven que yo, muchos chicos que la tienen que remar en un contexto complicado, con falta de trabajo y de oportunidades de progreso. Y sin embargo, tienen la voluntad y la convicción de seguir adelante. Eso es lo que puedo rescatar como alentador de la Argentina Siglo XXI. No mucho más. 

Creo que logré envejecer dignamente, aunque quizás quienes me ven todos los días tengan una percepción distinta. No lo sé, pero con los hechos consumados poco se puede hacer. Me arrepiento más de lo que NO hice, que de lo que hice, a pesar de que cometí furcios y errores de todo tipo por mi naturaleza humana. En resumen, cuando finalmente lleguen los remanidos 40, espero que me encuentren en la mejor condición posible. Punto final. 

26 de abril de 2019

Entre la hojarasca y la lluvia del fin de semana


Viernes en la ciudad, frío y nublado. Cualquier descripción que se intente hacer del otoño abunda en lugares comunes y clichés, como las hojas secas de los árboles en las veredas, la gente abrigada, el ánimo melancólico que se percibe cuando uno se levanta para trabajar. Pero de alguna manera, lo que trato es de evitar tópicos repetitivos, tarea difícil en virtud de la cantidad de textos escritos en estos últimos 14 años (desde 2005 a la fecha). Algún día este blog no existirá, como casi todo en la vida, y por ese motivo trato de guardar en la PC algunos textos, entre cientos que he escrito, que me parecen más logrados que otros. La cosa es que la campaña política está a full, aunque todavía no haya afiches, pasacalles, o spots proselitistas. Al menos en Lobos, no creo que haya ningún “tapado”, más allá de los precandidatos que ya se dieron a conocer. Debo decir que algunos dan vergüenza, su pasado los condena. Pero mi voto no es representativo del amplio universo del electorado, por lo tanto si gana un candidato que no es de mi agrado, me voy a tener que tragar el sapo y nada más. Al final de cuentas, yo tendré que seguir trabajando como lo hago desde hace 19 años. No espero que el Estado me asista, salvo que me encuentre en una situación de indigencia, que espero nunca llegue.

Si me pongo a pensar en todos los textos que llevo escritos y en el proyecto de publicarlos en un libro, debo admitir que hay muchos que con el paso del tiempo han perdido el impacto inicial y se tornarían intrascendentes. Sería necesario hacer una selección, obviamente, porque muchos de ellos no resistieron el paso del tiempo, se refieren a lugares, situaciones, o a personas que ya no están. También están aquellas publicaciones que prefiero olvidar, por distintos motivos.  En este momento no se me ocurre ninguno específico, pero una crónica sobre un día en el gimnasio daría para pulirla mucho más y explotarla en una veta literaria. Son cosas que uno va notando cuando revisa el archivo, y ve que las cosas han cambiado, que aparecen algunas contradicciones, o ideas que no terminan de cerrar. No opino igual que en 2005 sobre muchísimos temas, sería necio de mi parte si así fuese, pero es como tomar una foto, capturás ese instante. Es una burbuja en el tiempo.  Pero de algún modo reflejar ese cambio de pensamiento, como consecuencia de los hechos que se fueron dando en el país, tampoco me parece desacertado. El problema es de qué manera hacerlo para no desconcertar al lector, lo cual es frecuente y constituye la mejor excusa para abandonar la lectura de un libro.

En breve voy a empezar analizar más rigurosamente la actualidad política, que es lo que desvela a la mayoría,  para lograr notas más ordenadas pero que no por ello pierdan espontaneidad. Sin embargo, lo que más nos preocupa a todos es  la angustiante situación que estamos atravesando como consecuencia de las torpezas del macrismo, y hablando con muchos amigos en un bar, días atrás, nos preguntábamos hasta cuánto aguantará la gente vivir de esta manera, y si Macri tendrá que irse antes de lo previsto. Ojalá que no suceda. Que termine su mandato y se vaya de viaje a la estratósfera, y que el pueblo decida quién va a tomar este fierro caliente, este barco a la deriva. Y ojo con el revanchismo, porque también están los que volverían a votar a Mauricio dado que temen una venganza desaforada y violenta de los que estuvieron antes. Como verán, hay muchas cosas para poner en la balanza. Punto final.  

24 de abril de 2019

De regreso, con las pilas agotadas

Miércoles por la noche en la ciudad. Estoy terriblemente cansado, como si me hubieran molido a palos. No paré en todo el día, tuve que cubrir noticias a horarios insólitos (digamos, tres de la tarde), y a veces no se puede cumplir con todo el mundo en tiempo y forma. Sin embargo, como casi no tuve espacio para el ocio, me siento satisfecho, ya que me gusta mantenerme ocupado en el trabajo que elegí. De hecho, no tenía pensado escribir nada hoy en este espacio, pero decidí hacerlo hasta que me deje vencer por el sueño. Últimamente me estoy levantando, sin alarma ni nada, muy temprano, y una vez que me despierto ya no hay marcha atrás, es casi imposible que me vuelva a dormir. En fin, al lector promedio, supongo, estas digresiones personales poco le importan,  pero de algùn modo a mí me sirve contar con un blog para exponer lo que me va pasando, porque me inspira a reflexionar sobre asuntos un poco más profundos o sensibles.

En rigor de verdad, ahora que lo pienso bien, recuerdo que he redactado para el blog en los horarios y situaciones más insólitas, o en medio de los sucesos más conmocionantes, así que tampoco es algo nuevo en mí. Todavía no tengo planes para el fin de semana (exceptuando mis obligaciones laborales), por lo general esas cosas se definen el mismo momento, lo que sí puedo afirmar es que no me veo muy entusiasmado para salir fuera del circuito habitual, hace tiempo ya que dejé de frecuentar los boliches y no está en  mis planes volver a hacerlo.

Párrafo aparte, me pongo a observar mi biblioteca personal, veo la cantidad de libros que no he leído o que apenas he hojeado, y creo que sería bueno ir echándoles un vistazo de a poco. Sinceramente estoy indignado con la Feria del Libro a la que concurrí por última vez, se parece cada vez más a un supermercado del libro que a un evento mínimamente cultural. Es como entrar a una librería grande, nada más que eso. Y ni se te ocurra tomarte un café o comer un sándwich, porque te sale un ojo de la cara. Conozco gente que va a la Feria por puro esnobismo, para decir que fueron, comprar dos o tres libros que nunca van a leer y demostrarles a sus amigos y conocidos lo mucho que les interesa la cultura. Señores, para ir de shopping vayan al Alto Palermo o al que está en Canning y déjense de joder, que me vienen a hablar de cultura! Ojo, no está mal que cualquiera tenga deseos de ir a la Feria en cuestión, sólo digo que se desvirtuó completamente desde hace, por lo menos, 10 años.

Nuestra ciudad cuenta con una abundante oferta de bibliotecas populares, que nos brindan acceso tanto a los clásicos de la literatura universal, como a los "best sellers" si así lo prefieren. Me parece más provechoso fomentar y frecuentar esos estantes inmensos repletos de volúmenes de todo tipo, antes que el efìmero encanto de la novedad. Punto final.

19 de abril de 2019

Hoy ya no soy yo - parte 2


Viernes por la noche en la ciudad. Aquí estoy actualizando el blog, para despuntar el vicio de escribir y para no perder el contacto con los que están del otro lado. Aunque no haya ningún cambio aparente, siento que la sociedad se está haciéndose oír aprovechando distintos medios que antes no existían. A veces no es uno el que cambia porque lo desea, sino que hay circunstancias que se fuerzan a hacerlo. Yo, en esencia, voy a seguir siendo el mismo. Se trata más bien de modificar hábitos, costumbres, que es propio de la edad que tengo y de que persigo otros intereses que antes me eran ajenos. Y las prioridades son otras, como pensar seriamente en ganarse la vida con una profesión, generar un rédito económico suficiente para atravesar este momento complicado del país de la mejor manera posible. Por eso, además de continuar buscando aquello que me genere ingresos, estoy abierto a todas las ofertas de laburo que me hagan.

Estar encerrado entre cuatro paredes porque estás enfermo o el motivo que fuere es horrible, y cuando por fin te recuperás pensás que el mundo se detuvo por tu convalecencia y en rigor de verdad todo sigue igual. Nadie es imprescindible,  y el lugar que hoy ocupo yo mañana lo ocupará otro sin ninguna dificultad. Sí es cierto que hay personas más talentosas que otras, y son esas personas las que dejan un vacío cuando mueren o deciden retirarse. Quizá habría un par de casos en los que podríamos hacer una excepción. Creo que aquí hay un punto importante, y es que realmente nos cuesta distinguir lo imprescindible de lo superfluo, lo necesario de lo accesorio, lo genuino del refrito.

Me llamó la atención la cantidad de lobenses que tuvieron el privilegio de haber viajado a Francia en años anteriores y fotografiarse con la célebre Catedral de Notre Dame, por lo menos a juzgar por las decenas de imágenes que se fueron posteando en Facebook, en un ejercicio de vanidad que a uno lo lleva a pensar: “¿Qué quieren mostrar?”. Porque si yo o cualquiera estuviera interesado en conocer cómo era la catedral antes del incendio, basta con buscar los millones de fotos que nos ofrece Google.

Y en ese darnos cuenta, quizás se nos va la vida, hasta que en algún momento descubrimos lo realmente importante, eso que hace que el esfuerzo valga la pena y nos convierte en personas con iniciativa y voluntad.

Acabo de leer, en una vieja revista, cuando el crecimiento de los blogs en la Argentina era incipiente, que un blogger alertaba sobre el llamado "síndrome del blog en blanco". No daba mayores precisiones acerca de qué se trataba, pero no hay que ser demasiado astuto para suponerlo. Crear un blog es relativamente sencillo. El desafío es mantenerlo. He entrado a numerosas páginas cuyos posteos más recientes tienen dos o tres años.

Las modestas opiniones que suelo compartir aquí, las promociono a mi manera, las doy a conocer en espacios donde sé que alguien se puede llegar a interesar por leerlas. No me interesa que por cada texto que escribo reciba 100 comentarios de personas que ni siquiera conozco. Si sucediera algo así alimentaría un poco el ego, pero no sé hasta qué punto. Hay gente que no tiene ni idea de lo que es un blog, y no me parece mal. Si no te interesa algo, no tenés por qué prestarle atención. Es algo "casero", dado que uno hace para difundir algo, no para facturar. Obviamente, si alguien le puede encontrar la veta comercial a esto me parece perfecto, pero no es la idea. Al menos para mí. Es fácil sumar visitas cuando tenés un blog en el cual ofrecés links para bajar música en mp3, o películas completas. Por el contrario, cuando sólo te respaldás por lo que escribís, la cosa cambia.

A veces me cuesta asimilar la idea de que ya estamos promediando abril (sí, los nombres de los meses del año se escriben sin mayúsculas) y los 31 días de su antecesor transcurrieron sin pena ni gloria, en medio de la más absoluta intrascendencia y tedio. 31 días de nuestras vidas, en los cuales soportamos el agobio del calor, de los opinólogos, de los mosquitos, de los familiares de lugares remotos que brotan de la tierra como por arte de magia y deciden por "motu propio" venir a visitarte. De acuerdo con la siempre creíble pantalla de Crónica TV, dejamos atrás el famoso slogan "estalló el verano", circunstancia que resultaba más que evidente en los cuerpos bronceados y sudorosos de las modelos "top" del momento, estrellas fugaces que aprovechan la siempre codiciada costa uruguaya para ganar notoriedad y presencia mediática, que suele durar lo que un suspiro, dado que para el verano cosecha 2020 la modelo "top", la chica de tapa,  será otra, más longuilínea que la anterior, y con un lenguaje más procaz y desprejuiciado, como parece ser la tendencia en boga, según la cual la que no confiesa una noche de sexo salvaje con algún futbolista o empresario en ascenso no es digna de ser tapa de "Gente" o "Caras".

Fueron meses de "hits" estivales de alta rotación radial, de esos que torturan la salud auditiva de cualquier ser humano racional, y que son profusamente descargados en pendrives o en reproductores MP3 para luego ser borrados tan pronto como asoma abril o mayo y los destellos de colores del otoño emprenden su llegada.

La rueda sigue girando, el tiempo no para, no hay manera de detenerlo, y por obvio que resulte, no deja de provocarnos la angustia de sentir que todo es demasiado efímero para ser real. Punto final.

Dejar que tomen la posta las nuevas generaciones

Muchas veces, considero que escribir (y por supuesto, leer) es una forma de resistir. De resistir ante la mediocridad, la abulia y la apatía. De mantener un espíritu crítico ante aquello que no podemos soslayar. El tiempo y el paso de los años muchas veces me hicieron cambiar de parecer, pero no por eso dejé de expresar lo que percibía en determinado momento. Deseo que la ciudad donde vivo pueda trascender los sucesivos gobiernos y asumir un rol preponderante dentro del resto de los municipios. Hay un desánimo y una desazón general ante la cual no puedo escapar, porque no soy ajeno a esta apremiante situación. Gente sin laburo, falta de oportunidades para progresar, chicos que terminan la escuela sin haber aprendido los conocimientos básicos. A cualquier persona de buena voluntad le dolería ver este panorama, este escenario.

Por supuesto, venimos de años de desidia, por lo cual uno podría afirmar que esto no es nuevo. Sin embargo, no nos podemos quedar de brazos cruzados o esperar cada dos años para poder votar. Mientras esté garantizada la libertad de expresión, ojalá haya más opiniones, más espacio para el debate, y para intentar interpretar la realidad, lo que nos está pasando. De lo contrario, seremos testigos pasivos de un futuro poco alentador que heredarán nuestros hijos. De una vez por todas, hay que dejar de lado, aunque sea por un momento, la televisión y los medios que ejercen una posición dominante, para asumir nosotros esa posición. Vale decir, recobrar la capacidad de decidir por nosotros mismos, y aunque la democracia sea meramente representativa, continúa siendo el mejor sistema para llevar adelante un país. Es hora de dar lugar y participación a las nuevas generaciones, que tienen otras demandas e inquietudes, porque son hijos de otro tiempo. Punto final. 



16 de abril de 2019

Gracias por sonreír!!!


Hay días que nos despertamos con mejor semblante. Invitan a crear, a pensar a futuro, a reflexionar... a dedicar un tiempo para vos tomando unos mates  o mirando tele. Pero fuera de eso, no deja de ser un día más, en el sentido de que como soy periodista trabajo todos los días del año. Lo que cambia es la percepción que tenemos y una mayor tolerancia a la frustración.  Si un hecho que es necesario cubrir ocurre un domingo, hay que estar ahí. Por respeto a los lectores y a quienes confían en mi medio de comunicación. Pero no me pesa, no me fastidia. Es algo que ya lo tengo incorporado. Y como esta profesión no es algo que me impusieron sino que es algo que elegí con total libertad, debo dar lo mejor de ella para hacer un buen laburo. 

A veces cuesta expresar una idea sin ofender a nadie. Por eso, a menudo, uno se "autocensura". De hecho, hay cosas que me gustaría decir para agitar un poco las aguas. Pero si no lo hago es para evitar la confrontación. Tengo mis convicciones y trato de defenderlas, pero no tengo ganas de perder tiempo en una discusión en la cual mi interlocutor se considera el dueño de la verdad. Mis opiniones sobre este Gobierno podrán irritar a algunos, pero francamente no puedo evitar indignarme cuando percibo cómo vamos perdiendo la capacidad de reacción y nos acostumbramos a que el caos sea lo normal, a que la ilegalidad se convierta en un modo de vivir, y tantos otros incisos que sería largo mencionar. No obstante, hago la salvedad de que destaqué los escasos méritos que encontré al principio de la gestión macrista. 

Cambiando de tema, hace tiempo que no escucho un programa completo de Dolina. La señal de AM 750 no tiene la nitidez ni la potencia de Radio Nacional, y además entre el Himno y el boletín informativo se desperdician varios minutos antes de que comience el programa. No obstante, por las veces que lo escuché, siento que le falta algo: esa "chispa", esos guiños cómplices, esa espontaneidad. No sé qué pensar al respecto, será que ya me he hartado de Dolina y me niego a admitirlo o quizás, efectivamente, la calidad del programa haya mermado. 

Como el fútbol ha dejado de interesarme hace rato, los días en que las emisoras de AM transmiten partidos se asemejan a los discursos por Cadena Nacional. No hay posibilidad de escuchar otra cosa, excepto Radio 10, que no transmite partidos de ningún tipo. A veces siento que la decadencia de la televisión también llegó a la radio, y que las viejas glorias de la radiofonía, como Héctor Larrea o Pinky, deben percibir esto con más claridad que yo porque han trabajado en el medio y saben cómo hacer bien las cosas. Considero que se subestima a la gente, se parte de la idea de que no es rentable ofrecer un programa de calidad porque no tendrá audiencia. Y hay además una cuestión de costos: es más barato hacer un programa de chimentos (con mediáticos y prostitutas VIP incluido) que pagarle el sueldo a un grupo de panelistas de un programa periodístico.

Por supuesto, no siempre las cosas suceden como uno quisiera. Y sí, hay factores externos que te joden, como algún entrevistado arrogante y megalómano, y en determinados casos tener que esperar para una conferencia de prensa porque las autoridades (es decir, quienes deben hablar), no llegan. Lo peor de todo es que cuando algo me molesta, aunque no diga nada, no puedo disimular mi cara de fastidio o de hartazgo. Considero que, en la vorágine que vivimos, debemos "bajar un cambio" por nuestra salud. Es la única manera de que puedas hacer que la experiencia de vivir resulte enriquecedora y nos recurriendo a todos esos medicamentos que son veneno para ratas. 

Quedarse atrapado en el tiempo es un peligro que debemos evitar. Ser prisionero de un recuerdo, que se va deformando o mutando hasta parecernos la mejor historia de nuestras vidas. Porque la mente desdibuja los recuerdos, con una gran dosis de nostalgia por algo que no volverá,  con el transcurso del tiempo hasta hacerte sentir mal.  A estar atentos a esto, porque es muy común. Y cuando le digan a alguien "no va más", que sea definitivo, aunque te duela a vos o le duela a ella. Es una cuestión de dignidad. Si sos un tipo adulto con sentido común,  no podés jugar a ir y venir dándole vueltas a una historia que ya caducó. Esto es válido para una relación de pareja, de amistad, o meramente laboral.  Es decir, si bien hay distintos niveles de intimidad, no existen muchos matices cuando hablamos de esto.  Ciertamente, es mejor estar solo que estar rodeado de gente que no tiene su propia vida resuelta y que encima quiere solucionarte la tuya. Punto final. 

15 de abril de 2019

La destrucción de la economía del hogar "clase media"

Primer día de la semana, bastante "movido" por cierto, no sólo por mis horas de trabajo, sino porque además tuve que dedicar el resto del día a saldar deudas, organizar mis finanzas, y otras cuestiones para las cuales se necesita hacer números y pensar bien antes de actuar. Si todo sale como lo estoy delineando, podré llegar a fin de mes con algo de guita en el bolsillo y no en default como nos sucede a la mayoría. 

Hay gastos que se vuelven impostergables: por ejemplo, tuve que pagar casi $ 600 para comprar una cubierta nueva de la bici, antes de que explotara o se reventara por el desgaste en la que estaba en sus orígenes. Alguien me podrá decir que no es una suma considerable, y quizás tengan razón, pero podría haberla destinado a comprar alimentos en el súper o un buzo de abrigo, que es de mucha utilidad con este invierno en ciernes. 

En fin, creo que lo más importante es que de a poco voy planificando más determinadas cosas relacionadas con la economía doméstica, siendo más previsor con aquellos gastos que uno debe hacer forzosamente y posponiendo otros que tal vez no sean tan necesarios. Y veo que todos estamos haciendo lo mismo. Se terminó la época en que la plata me rendía lo suficiente para darme un gusto de vez en cuando. Hoy por hoy lo único que hago a veces es tomar un café en el bar, nada más. La mayoría de la gente "de a pie" la está pasando igual, tiene que vender muchas cosas que supo adquirir con esfuerzo y orgullo (las "joyas de la abuela" por así decirlo) porque de otra manera no llega a satisfacer necesidades básicas. Todo ello resulta en un empobrecimiento progresivo de argentinos que antes gozaban de cierta estabilidad o posición económica, y no es que fueran privilegiados por eso. Todo se vio distorsionado o desdibujado totalmente cuando la inflación sin tregua nos obligó a separar lo estrictamente necesario de aquello que puede considerarse superfluo o prescindible. 

El tema es que algo supuestamente "superfluo", te genera un grado de satisfacción y te motiva a seguir, porque nadie se merece laburar sólo para pagar deudas y tener un plato de comida todos los días sin un poco de distensión. De lo contrario, nos convertimos en un engranaje más de una máquina de picar carne. Punto final. 

  

11 de abril de 2019

La vida no es bella, sino cómo la transitamos

Jueves tranquilo en Lobos. La verdad es que hace varios días que no escribía nada por este medio, pero tuve que realizar varias actividades que me insumieron tiempo. Cuando me surgía una idea para redactar algo distinto en el blog, normalmente ocurría a horarios insólitos, y me dejaba vencer por el sueño. 

Pienso que la vida no es bella, como reza el título de la célebre película. En rigor de verdad, no es más que un ciclo biológico, pero sí podemos otorgarle belleza al modo en el cual lo transitamos. Aprendemos a afrontar situaciones inesperadas, algunas ingratas, todo el tiempo, y aunque ello nos deje un sabor amargo, sabemos que estaremos mejor preparados si nos vuelve a suceder algo parecido. 

A mi modo de ver, ser equilibrado es una buena forma de vivir. Ojo, no digo ser mesurado, aunque la desmesura tampoco es aconsejable. Cuando vos podés equilibrar tus emociones, responder de un modo inteligente y evitar que te desborden, vas a disfrutar más cada día, porque el estrés es la epidemia de este siglo y nunca nos disponemos a dedicar unos minutos a nosotros mismos. Claro, es fácil decirlo cuando alguien está en una posición como yo que no me falta un plato de comida en la mesa. Es verdad que hay gente que lo está pasando muy mal. Y sin hambre no se puede pensar, o mejor dicho, lo único que pensás es en buscar algo para llenar el estómago. No es ningún secreto que en pleno siglo XXI, cada vez más argentinos pasan hambre, se las rebuscan como pueden para llegar a fin de mes, para darles lo mejor a sus hijos. Esos chicos que tendrán que salir a trabajar a una edad en la cual otros están jugando o van a recrearse con los juegos de la plaza. Esos chicos que se convierten en hombres antes de lo previsto, porque tienen que convivir con el mundo de los adultos para ganarse un peso. Esos pibes que vemos mendigar u ofrecer estampitas en el tren o en el subte. 

Para ellos, definitivamente la vida dista de ser bella, se asemeja más a una lucha diaria por subsistir. Las profundas desigualdades sociales se han acentuado en los últimos años, por motivos que sería largo enumerar y que además muchos de los lectores conocen. Asimismo, esto hace que se desdibuje nuestra identidad como nación. Muchas veces, para apaciguar una discusión, solemos decir: "Somos todos argentinos". Lo cierto es que la Argentina se ha convertido en un "no-lugar" para muchos compatriotas, un páramo que los expulsa progresivamente del acceso a las necesidades básicas de todo ser humano. No es posible que comprar un corte de carne o un litro de leche sean inaccesibles porque no alcanza la guita, siendo que no representan un lujo ni mucho menos. 

Quienes aún tenemos la posibilidad de contar con los alimentos y los remedios para nuestra salud, podemos considerarnos satisfechos y reconstruir el ejercicio de vivir, transitando la vida con dignidad y sin descuidar su belleza intrínseca. Punto final. 

7 de abril de 2019

Un domingo cualquiera - parte 2


Domingo abúlico en Lobos, transitando las últimas horas de la tarde. No hubo muchas novedades en materia de información, excepto por una salida de Bomberos, lo cual siempre genera alarma y expectativa en la comunidad. Mi familia y yo hoy nos abocamos a terminar de desarmar la "Pelopincho", de manera que si hace calor en los próximos días, está descartada la posibilidad de darse un chapuzón. Por supuesto, primero hubo que desagotarla, y luego remover la estructura metálica, los tubos que sostienen la lona. Pero se hizo, y el patio trasero lució más espacioso ahora que ya no está nuestro modesto natatorio. Casi tres meses estuvo la pileta en su sitio, y ya nos habíamos acostumbrado a su silenciosa presencia. 

El resto del día lo pasé preparando material para mañana, como así también escuchando música y hojeando algunos apuntes de cuando estudiaba periodismo. Muchos docentes míos de aquella época han fallecido o bien se jubilaron, y entonces ver esas hojas de 1997 o 1998 me provocan una gran nostalgia. Siempre es bueno traer a la memoria conceptos que uno aprendió, y que con los vicios propios de cualquier profesión, fue perdiendo. Con las redes sociales, se hace más fácil ubicar a alguien con quien compartiste años de estudio. Y nunca viene mal un reencuentro. 

Por la tarde salí de casa dos o tres veces, pero las calles parecían un desierto, no sé si por la malaria general producto de la crisis, o porque la mayoría había decidido tomarse un descanso en su hogar. Sea como fuere, traté de hacer de este domingo lo más llevadero posible, no siempre es fácil, el común de la gente también sostiene esta hipótesis.  No obstante, mantenerse ocupado haciendo algo, o recorriendo la ciudad en bici, nunca viene mal. Como los lectores ya saben, yo uso la bici para todo, de esta forma llegó rápido a todas partes, aunque de noche trato de no salir porque hay mucho tráfico los fines de semana. 

Sólo me resta decirles que debemos ponerle mucha garra a maldito lunes, y ya verán que cuando queremos acordarnos, es viernes otra vez. Los días, como la vida misma, transcurren fugazmente aunque nuestra percepción del tiempo no deja de ser relativa. Punto final. 

5 de abril de 2019

Vencer a la tiranía de las agujas del reloj

Comienza un nuevo fin de semana, período que algunos aprovechan como una oportunidad para distensión y esparcimiento, en tanto que otros deben continuar trabajando. En mi caso, siempre hay algo para hacer, y los ratos libres los suelo  destinar a encontrarme con un amigo, a hacer la necesaria limpieza de mi habitación, o bien a ver alguna película. En esta nota decidí no hacer alusión a la situación socioeconómica, y menos aún política. Entiendo que ello puede conducir al hartazgo. Y además, para que no se nos crispen los nervios por cuestiones que no podemos resolver (al menos por ahora), es mejor tenerlas presentes pero no hacer de ellas un tema excluyente. Lo que sí me pongo a pensar muchas veces, es que hay gente que ni siquiera tiene acceso a algún tipo de esparcimiento, porque el tiempo no le alcanza, las horas de trabajo son muchas, hay que criar a los hijos, y en todas esas tareas se te consume el día. 

Como sostengo siempre, todos nos merecemos un poco de satisfacción, porque no vinimos a esta vida a sufrir o a pagar cuentas, cada uno le encontrará un sentido a la suya, pero ciertamente no es ése. Estamos atravesando una época de profundos cambios. Cada vez se ve menos televisión y se multiplican los contenidos digitales. Es más, un blog como éste con alguien que escriba periódicamente ya es casi demodé. Pero no me interesa, lo hago porque me siento bien y si a determinado público le agrada leerlo, mucho mejor. 



Estoy leyendo "Elogio de la lentitud", un interesante ensayo del periodista canadiense Carl Honoré que nos va mostrando cómo llegamos a este punto, a esta carrera alocada por hacer todo más rápido, por exprimir cada minuto con la vana aspiración de que nuestro día resulte provechoso. Yo soy de los que creen que no se puede hacer dos cosas a la vez. Nunca pude estudiar con la radio encendida, ni tampoco puedo concentrarme en un libro si pongo música  Quizás sí puedan realizarse ambas cosas, pero es difícil mantener el mismo nivel de eficiencia en ambas. Por eso el planteo del libro me resultó interesante, si bien desconfío de los "Best- Sellers". La tiranía del reloj es un factor decisivo, que nos condiciona pero que ya lo tomamos como algo natural. Si queremos escuchar un programa de radio o de TV necesitamos saber a qué hora se emite, lo mismo sucede si vamos a asistir a una exposición o a la proyección de una película (con el valor agregado de que en el caso de la película ya sabemos de antemano la duración de la misma). Antes del año 1300, aproximadamente, no existían los relojes, y el hombre llevaba a cabo sus actividades de acuerdo con el "tiempo natural", que estaba determinado por el sol. Como tampoco existía la electricidad, durante el día trabajaba y cuando la luz comenzaba a menguar se dedicaba a otros quehaceres. Estamos hablando de casi cinco siglos antes de que apareciera la Revolución Industrial, que se afianzó con la producción en serie, y la mecanización de la actividad productiva. Por supuesto, no podemos renegar de 600 años de historia moderna, pero el autor del libro advierte que muchas personas se dan cuenta de que no pueden seguir viviendo del modo en que lo están haciendo, en particular en las grandes ciudades, y esto ha dado origen al movimiento "Slow" ("Lento"). De qué se trata, lo averiguaremos en la búsqueda por alcanzar una mejor calidad de vida. Punto final. 

3 de abril de 2019

El valor de la confianza

La confianza es una virtud ligada a la credibilidad. Hay que ganársela, no queda otra. Las actitudes del día a día en el ámbito público y privado son aquellas que determinan qué tan confiables somos a los ojos de los demás. Pues bien, con un país sucede lo mismo. Como Argentina no es previsible, se vuelve poco confiable. Nadie puede asegurarle a un inversor que habrá reglas de juego claras y que las mismas se mantendrán, por lo menos, 20 años. El tiempo mínimo para desarrollar y progresar, generando empleo y mano de obra.

Pero retomando el hilo inicial de esta nota, todos los años que llevo entrevistando gente y hablando con los vecinos, hacen que ellos depositen su confianza en mí, de lo contrario me esquivarían, no me darían bola o me ignorarían. Como todos, cometí muchos errores en mi vida, no obstante eso hizo que debiera redoblar el ímpetu para ser considerado confiable, y por sobre todas las cosas, creíble. Algo fundamental en el periodismo. Si la gente no te cree, no te va a leer o escuchar en ningún medio porque supone que están mintiendo o tergiversando los hechos. 

Yo confío plenamente en mi familia y en mis amigos. Puede suceder que alguna vez me haya llevado una decepción, pero en tal caso fue porque yo analicé la realidad de otro modo que mi entorno, y todas las lecturas son subjetivas. Muchas veces recordamos las épocas en que no había contratos ni nada que se le parezca, porque la palabra valía más que un documento. Son formas de ser de una sociedad que ya no existe. Hoy todo se maneja con escribanos y abogados, me refiero a certificar firmas, hacer una transferencia, y ese tipo de trámites. 

Con mi familia nunca quise que haya de por medio una actividad lucrativa o comercial, porque es habitual que ello arruine la confianza y la amistad. Por eso, en estas breves líneas me pareció interesante indagar sobre el valor de la confianza, cómo ésta se construye en base a nuestros actos, y cómo también puede resultar totalmente socavada. No vamos a negar que existen la calumnia, la infamia, los rumores maliciosos, y la única manera responsable de responder ante eso es seguir actuando de la manera que lo venías haciendo, porque no podés decirle a los demás cómo o qué deben pensar. El que te conoce bien siempre va a confiar en vos, y eso es lo que importa. El resto, que siga hablando. Punto final. 

2 de abril de 2019

El descalabro macrista y el "operativo retorno" kirchnerista

Noche de lunes 1° de abril en Lobos. Termino la jornada bastante cansado físicamente, anduve mucho en bicicleta de aquí para allá, para redactar notas y dar comienzo a las cobranzas. Es decir,  recoger los frutos de todo un mes de trabajo. Ya casi no voy caminando a ningún lugar, me acostumbré tanto a la bici que llego más rápido a todos lados. Quisiera pensar en un país donde la mayoría de la gente esté contenta, que sienta que sus derechos son respetados, que no tenemos un "Estado bobo" que es una sanguijuela para los ciudadanos.

Cuando hemos atravesado un período de relativa prosperidad, ha sido efímero, porque en la dirigencia política prima la desmesura y el saqueo. Redoblan la apuesta, lo poco que hicieron bien lo quieren dinamitar sin darse cuenta de que todo tiene un límite. Es como el jugador que acierta en el Casino y que lo primero que hace es comprar más fichas para que la ruleta o el poker lo terminen aniquilando. La adrenalina y la ludopatía pueden más que la racionalidad. 

Como suele suceder, a nuestros representantes les encanta hablar del "Estado presente", mientras dejan a millones de  argentinos abandonados a su suerte. No todos quienes cobran un plan social son vagos o inútiles, hay gente que realmente lo necesita y como sucede con todo, siempre habrá abusos e irregularidades. El gran problema argentino es el fascismo que hay, la violencia y la intolerancia. Quizás por eso la película "Relatos salvajes" caló tan hondo en los espectadores, porque es un espejo de la sociedad. Hablar de la política como "herramienta transformadora" en la Argentina 2019, parece casi un chiste. La transformación la hacen quienes trabajan todos los días luchando por un futuro para sus hijos. 

Duele vivir en un país donde todos quieren sacar ventaja, donde cada uno busca la manera de salvarse sin importarle cuántas cabezas tienen que rodar. Cuánta ingenuidad hay en aquellos que decían que como Macri es millonario no iba a "robar" o a tener actos corruptos (véase Panamá Papers). El problema no es su patrimonio, sino que el poder es impunidad y estar en una determinada posición parece otorgarte con derecho a todo. Si aún no ha ocurrido un estallido social como en 2001 (motivos no faltan), es porque la mayoría queremos que este Gobierno termine su mandato, que cumpla con el período para el cual fue elegido conforme la Constitución, y que paguen el costo político de haber sumido al pueblo en la miseria. Excepto, claro está, que consigan un aguantadero en el Congreso para asumir como Diputados o Senadores y tener inmunidad con los infames fueros. Y si el kirchnerismo vuelve no será por méritos propios, sino por la incapacidad de otros. Punto final. 

El agujero negro de la corrupción: ¿Alguna vez saldremos adelante?

Trato de sacarme de la cabeza por un momento la "rosca política", los debates presidenciales, y pensar que quizás las cosas no cam...