29 de abril de 2019

Los 40


A veces pienso que estoy cerca de cumplir 40 años, casi la mitad de mi vida si el destino así lo permite. Y resulta inevitable reflexionar acerca de los logros, los fracasos, las cuentas pendientes... si pudiera volver el tiempo atrás, haría las cosas mejor, no me ilusionaría tanto, sería más racional... pero son rasgos propios de mi personalidad. Como la canción de Pablo Milanés, "Cuánto gané, cuánto perdí", llega un punto en que uno empieza a ver todo como una suerte de balance, algo que a priori no me gusta. Le tomo como el fin de una etapa, considero que tiene más peso el número 40 que aquello que representa otro ciclo biológico en la vida de cualquier persona.
Tuve mujeres que me amaron, amigos que luego dejé de frecuentar, lugares que sólo perduran en mi memoria porque ya no existen. Suelo preguntarme cómo sería mi vida si tuviera un hijo, si pudiera inculcarle algo de la experiencia (mi experiencia) de vivir. Tal vez sea demasiado disperso o poco responsable para lo que implica la crianza de un niño, en definitiva nadie aprende a ser padre hasta que asume ese rol, y en este mundo desquiciado siento que no es el mejor entorno para una criatura, no es la sociedad que yo conocí en mi infancia. La pregunta sería si durante esas décadas, evolucionamos o involucionamos. La tecnología nos estupidiza la mayoría de las veces, somos esclavos del celular o de las redes sociales. Si no fuera porque me permite promocionar o compartir lo que escribo, hace rato ya que cerraría mi cuenta de Facebook. No me genera nada, es totalmente insípido. No es un gesto de vana rebeldía, realmente se los digo. Y ni siquiera me molesto con Instagram, no tiene nada que ver conmigo el hecho de subir fotos de cualquier gansada.

Ves? Cuando renegás, te das cuenta de que te estás poniendo viejo. No son las canas ni los dientes manchados, es el discurso que uno repite lo que te hace caer en la decrepitud. Es la incapacidad de comprender los usos y costumbres de las nuevas generaciones. Lo que ocurre en que los cambios fueron tan bruscos, que a veces quedás en off side. Pese a ello, no tengo problemas en relacionarme con gente más joven que yo, muchos chicos que la tienen que remar en un contexto complicado, con falta de trabajo y de oportunidades de progreso. Y sin embargo, tienen la voluntad y la convicción de seguir adelante. Eso es lo que puedo rescatar como alentador de la Argentina Siglo XXI. No mucho más. 

Creo que logré envejecer dignamente, aunque quizás quienes me ven todos los días tengan una percepción distinta. No lo sé, pero con los hechos consumados poco se puede hacer. Me arrepiento más de lo que NO hice, que de lo que hice, a pesar de que cometí furcios y errores de todo tipo por mi naturaleza humana. En resumen, cuando finalmente lleguen los remanidos 40, espero que me encuentren en la mejor condición posible. Punto final. 

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