24 de febrero de 2021

Cuando la gente pide información, no es momento de apechugar

Hoy me levanté temprano, incluso antes de que sonara la alarma del celular (me ha pasado varias veces). Lo curioso del caso es que un día en que no pongo el despertador, no sucede lo mismo. Es como si tu inconsciente registrara una huella temporal en la duermevela. Grabé el programa de tele, tratando de que no sea tan extenso como los anteriores. Cuando tengo buena química con el invitado o percibo que tiene algo interesante para contar, no me doy cuenta de cuántos minutos pasaron hasta que desde el control o "pecera", el camarógrafo me hace señas para ir "cerrando", ya sea el primer bloque o el programa en su totalidad. Ha pasado mucha gente en estos tres años de permanencia, y el primer agradecimiento que quisiera hacer es hacia todos ellos que aceptaron participar. En segundo lugar, a la audiencia, a los televidentes, a quienes me alientan a seguir adelante. Y por último -pero no menos importante-, a mi familia, que me banca en todo. 

Excepto por el escándalo que es de público conocimiento, la vacunación contra el COVID va bien. Mis padres ya recibieron la dosis. En breve voy a completar la inscripción, que es muy sencilla, para que cuando llegue el momento pueda vacunarme yo también.

Pensando en el futuro, me gustaría volver a hacer radio. A veces parece que ya todos los formatos están inventados, no obstante siempre se le puede dar una vuelta de tuerca.  Cuando querés hacer muchas cosas a la vez, difícilmente obtengas buenos resultados. Y lo principal: el respeto al público. No subestimarlo, no repetir 20 veces las cosas pensando que el otro es un estúpido y no las entendió. No buscar hacerse el gracioso ni apelar todo el tiempo a chistes de doble sentido. Hay gente que busca ese tipo de programas, pero no es lo que yo pretendería hacer. Ya con escuchar la radio AM todas las mañanas, es suficiente para darse cuenta de que la fórmula que se pretende "vender" es siempre la misma: un conductor o locutor central, un periodista de deportes, uno de espectáculos, un boludo que cuenta chistes, y poco más que eso. Si una radio está cinco segundos en silencio, te llama la atención. ¿Qué pasa? ¿Se cortó la luz?, nos preguntamos. El único capo que sabía manejar como nadie los silencios fue Guerrero Marthineitz, el peruano que luego de años de éxito en la Argentina murió en la pobreza y olvidado por los grandes  medios. 

La información puede ser precisa y amena a la vez. Amigable para la lectura, por citar un caso, pero sin restarle veracidad. Al lector (u oyente) no le interesa tu opinión, salvo que tengas un prestigio en los medios, un "nombre" que te distinga del resto. En los casos habituales, hay que apuntar a un público amplio, sabiendo que llegar a una audiencia masiva, inevitablemente, hace que tus ideas u opiniones no sean del agrado de todos. Vale decir, no se le puede caer bien a todo el mundo. Pero el que recibe la información puede elegir, por supuesto, cambiar el dial, o cambiar de canal, buscando un medio que sea afín a su pensamiento.  No se trata de mirarse el ombligo: es más importante que eso. Ser responsable ante datos que pueden ser sensibles, ver qué intereses hay en juego detrás de la difusión de una nota que podés ver en todos los canales que hoy transmiten las 24 horas. 

Ser periodista en un pueblo chico te exige más que serlo en Buenos Aires o cualquier ciudad densamente poblada. Como todos nos conocemos (o creemos que es así), el rumor llega más rápido que la información oficial. Y publicar un rumor además de que no sirve para mucho, puede traer  consecuencias legales, al no ser cierto o en todo caso desmentido por la persona aludida. Todo esto lo aprendí a fuerza de tropezar y caer muchas veces, nadie te lo enseña en ninguna Facultad. Hay dos caminos: optar por el escándalo para que la gente te lea y se entere del chusmerío, o resignar esos lectores que poco aportan para brindar un producto que sea considerado confiable. Y en las entrevistas, si se trata de un funcionario público, hay que ir al hueso. No es momento de ser tibios cuando la opinión pública está demandando otra cosa. En fin, es lo que trato de ejercitar en mi trabajo, pero no soy quién para dar lecciones de periodismo. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 


No hay comentarios.:

El culto a la haraganería es el éxito del celular

  Los recuerdos de la infancia son los mejores. No digo que toda la etapa de la Secundaria carezca de momentos buenos, pero eso es otra hist...