4 de febrero de 2024

Seres infelices

Cuando escribís un texto (sea periodístico o no), incurrir en el plagio constituye una falta ética grave, creo que todos estamos de acuerdo con eso. Pero, en alguna medida, también lo es “autoplagiarse”. Con frecuencia, sobre todo cuando redacto algo para este blog, me surge la duda: “¿Esto no lo dije antes?”. 

Es posible que yo me esté repitiendo porque mi forma de pensar no ha cambiado, y también puede ocurrir que el contexto que voy describiendo tampoco se haya modificado con un carácter sustancial. Esto último es particularmente frustrante, más aún si en esa nota yo tracé el panorama de una realidad a nivel país y –por desgracia- ese diagnóstico se vuelve atemporal.

¿Una persona, puede pensar diferente respecto de lo que lo venía haciendo? Existen circunstancias límite en la vida, que no te dejan alternativa, estás obligado a razonar de otra manera, porque si te seguís maquinando vas a terminar odiando a la humanidad. 

¿Cómo modificar una estructura psíquica que ha estado arraigada durante muchos años, por prejuicios, mandatos familiares, hábitos repetitivos? Depende de lo que quieras conseguir con eso, básicamente. Puede que te esté yendo bien económicamente, a nivel laboral, pero un día cualquiera te encontrás con alguien que te va marcando, con buena intención, conductas tuyas de no son buenas, ni productivas. Durante todo este tiempo, ni las registraste, o te hiciste el boludo porque creíste que pese a todo te iba bien y por ende no era necesario plantearse ningún cambio en tu forma de pensar.  

Mientras tanto, nuestras vidas van discurriendo en torno a diversas cuestiones, soportando el agobio del calor, de los opinólogos, de los mosquitos, de algunos parientes de lugares remotos que brotan de la tierra como por arte de magia y deciden por "motu propio" venir a visitarte. De acuerdo con aquel slogan de Crónica TV, "estalló el verano", percepción que resulta más que evidente en los cuerpos bronceados y estilizados de las modelos "top" del momento, estrellas fugaces que salen con empresarios y aprovechan la siempre codiciada costa uruguaya para ganar notoriedad y presencia mediática. 

Fuera de la temporada estival, Uruguay no tiene ningún atractivo turístico que irradie ese glamour. Y por los precios que se manejan, no es un lugar al cual yo pudiera ir, además de que me sentiría incómodo entre tanto caretaje. De hecho, si hablamos de las playas en sí, preferiría ir a Brasil.

Las "chicas de tapa", los personajes, y las canciones del momento que se viralizan en la era digital duran pocos meses. Hasta no hace mucho, esos hits que tenían presencia fija en las radios, y castigaban la salud auditiva de cualquier ser humano racional, además eran utilizados profusamente en forma de ringtones para celulares o en reproductores de MP3 similares al Ipod (año 2010 aproximadamente). Yo tuve uno de esos y no tengo idea de dónde fue a parar, porque dejé de usarlo hace ya largo tiempo. Claro que esa suerte de playlist no tardaba demasiado en pasar al olvido, y era reemplazada por otra tan pronto como asomaba marzo y los destellos de colores emprendían la retirada.

En las pocas revistas que todavía se publican en formato papel, se le sigue dando amplia cobertura (mayormente en fotos) a esas fiestas exclusivas -o “eventos”, como nos hemos acostumbrado a llamarlos- reservados para gente que es considerada VIP, organizados por el RR. PP. de turno. Por supuesto, en ese ambiente debe circular merca y drogas de todo tipo, pero “de la buena”, como afirman los conocedores del ramo. No obstante, siempre pensé que las drogas más peligrosas son el tabaco y el alcohol, porque te las venden en cualquier lado.

Yo soy ajeno a todas esas situaciones, léase fiestas electrónicas y demás, por lo cual esta descripción que hice carece de envidia o resentimiento alguno. Todo lo contrario, no me representa esa gente que cultiva la desmesura y la ostentación, y que por el sólo hecho de no tener algo, envidia a quien sí lo tiene, sin importar lo que sea. No quiero ser uno de ellos.

El tiempo no para, es obvio, pero lo que distingue a una determinada etapa, es que no deja de provocarnos la angustia de sentir que todo es demasiado efímero para ser real. 

Eso incluye, también, a los momentos felices. Lo mejor que te puede pasar es ser plenamente consciente es esos destellos de felicidad, y no que al cabo de unos años, digas: “Pensar que no lo sabíamos, pero fuimos felices en nuestra infancia (por ejemplo)”. Pero, ya para concluir, no caigamos en el error de romantizar la felicidad por un meme que vimos en FB o por una frase que suena bonita. Es algo que está en un sitial mucho más profundo. Nos estaremos viendo pronto. Punto final.

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