9 de diciembre de 2013

El efecto contagio ya se está dando con los saqueos

Era previsible que sucediera algo así. El "efecto contagio" de los violentos episodios ocurridos en Córdoba, con la capital provincial casi sitiada y las calles a merced de los vándalos, se empezó a notar en otras provincias del país donde los policías han decidido acuartelarse reclamando mejoras salariales. Sin ir más lejos, los efectivos de la Bonaerense, cuando se enteraron del arreglo al cual habían llegado con la Gobernación sus pares cordobeses, pusieron el grito en el cielo. Si en la provincia de Buenos Aires se llega a producir un acuartalamiento masivo, puede ocurrir una tragedia en cualquier momento. En municipios postergados, como La Matanza o Almirante Brown, la situación es de extrema tensión. Es una locura que los comerciantes tengan que defenderse de los saqueadoras disparando tiros al aire, cuando no en la propia humanidad de los delincuentes. Y da vergüenza ajena escuchar al Ministro de Seguridad de la Provincia, Alejandro Granados, diciendo que está "preparadísimo" para contener el conflicto. Otra cosa que no se puede admitir ni tolerar es que los policías utilicen como forma de presionar sus demandas económicas, sobre todo porque saben que el servicio que prestan es nada menos que garantizar la seguridad de los ciudadanos. Así estamos. Con un diciembre complicado, en el cual un conflicto que parecía reducirse a una sola provincia ha replicado en otras, como Salta, Catamarca y Buenos Aires. Pero claro, como en estas provincias gobiernan "amigos" de la Rosada, no es de extrañar que la Gendarmería llegue presurosa a restaurar el orden. Debemos entender algo de una vez por todas: una cosa es la represión ilegal, que se cometió durante la Dictadura, y otra la represión legal, conforme los principios y garantías constitucionales, con el fin de garantizar la paz interior. Si no entendemos esto, seguiremos estando en el limbo mientras los delincuentes se hacen un "festín" y los policías hacen huelga. Punto final.

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