27 de abril de 2021

Pulverizando ladrillos con un mazazo

 Todos conocemos personas que nos provocan fastidio o malestar. Lamentablemente, el otro no va a cambiar aunque vos proyectes tu ira sobre él. Por el contrario, puede que te tomen el tiempo, porque ese otro encuentre divertido hacerte enojar deliberadamente, prediciendo tu reacción. Cuando se trata de gente con la que, por laburo o lo que sea, tenés que interactuar bastante tiempo, no hay muchas opciones: o te cagás a trompadas (no lo aconsejo para nada), o procurás serle indiferente. Muchas veces en mi vida me he encontrado ante situaciones en las que tuve que lidiar con gente de mierda. Tal vez, el problema era que en determinados casos ellos mismos no se consideraban así y creían que ese modo de actuar estaba bien. No lo sé. Pero, sea como fuere, insisto: el problema no es del otro, sino tuyo porque te molesta lo que (te) hace. En el común de los casos, si hay una discusión, el que se queda con la última palabra se considera triunfador. Y cuando estamos más tranquilos, nos ponemos a pensar en todo lo que deberíamos haberle dicho y recriminado. Pero ya está, la discusión terminó, a menos que sobrevenga otra, lo que pasa en que cuando vos polemizás "en caliente" no se planifica nada, se dice lo primero que nos viene a la boca, sobre todo cuando nos sentimos atacados o descalificados.  

Pero, pese a que sea un mero impulso, y sin ser psicólogo ni nada parecido, hay ciertas normas que intento adoptar:

1) Nunca recurrir a golpes bajos: defectos físicos, enfermedades mentales, alusión a familiares, o cuestiones políticas.

2) Se discute sobre un hecho puntual, que es lo que te molesta en ese momento, y nada más. Si te chicanean, en una falta de principios del otro ante la cual solemos caer en la tentación de responder.

3) Nunca a los gritos. Ya el sólo hecho de levantar la voz para imponerse sobre el otro, se convierte en una escalada para ver "quién la tiene más larga". A veces uno se deja llevar y grita también. Es mala señal y nada de lo que surja de ahí va a terminar bien. Todo lo contrario, va a terminar de la peor manera.  

4) Reitero, ir directo al grano. Lo demás no viene al caso en ese momento, y si quedan cosas pendientes es para otra ocasión.

Por lo general, me estresan bastante esas situaciones, y trato de evitarlas a menos de que me sienta agredido. Y si podés tener una dosis mínima de raciocinio, lo vas a pilotear mucho mejor. Por raciocinio, entiéndase no caer en la trampa del que te quiere sacar de quicio o cambiar el eje de la disputa hacia algo que no tiene nada que ver. Que serían  básicamente, las chicanas que mencioné antes. Con altura y respeto se puede hablar de cualquier cosa, lo que pasa es que cuando vas acumulando bronca por no decir esas cosas a tiempo, el resultado es pésimo.

Como nos ha pasado a todos alguna vez, he discutido con personas que supuestamente eran amigos y que se dieron por ofendidos, por lo cual perdieron tal condición. Pero comprendí con el tiempo de que, en realidad, nunca fueron afectos genuinos, porque la amistad sincera no se rompe con un intercambio de opiniones un poco fuerte. Es más, a esa gente que se fue de mi lado porque quiso hacerlo no la extraño en absoluto. Venían a charlar conmigo cuando estaban al pedo, como una forma de entretenimiento, pero no porque realmente yo les importaba de algún modo. Cuando las papas quemaban, nunca estaban. Ese tipo de personas va directamente a la "papelera de reciclaje".

Podría seguir extendiéndome sobre el tema, pero creo que expresé mi punto de vista, que por supuesto algunos podrán compartir o no. Lo último que diré es que si vos vas con la verdad, aunque sea dolorosa, te vas a sentir mejor que si das vueltas prolongando una charla que debió haberse dado mucho antes para no terminar en una discusión violenta. Punto final. 

"Life is very short for fussing and fighting, my friends" (The Beatles)

 

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