22 de noviembre de 2018

La vergüenza de una ciudad sitiada por el G-20 y la hipocresía del Gobierno

Si le preguntamos al ciudadano común probablemente no sepa qué es el G-20. Por supuesto, tampoco tiene por qué saberlo. Lo cierto es que se trata de un encuentro de Presidentes y jefes de Estado que tendrà sede en Buenos Aires el viernes 30. El Gobierno está exultante de que vengan las estrellas del mundo desarrollado a un país en desgracia, cuando en realidad los resultados de cumbres anteriores de esta naturaleza son bastante pobres. Y precisamente se ha desplegado un operativo de seguridad sin precedentes, que incluye: subtes y trenes sin servicio, suspensión de vuelos, feriado bancario, vastas zonas adyacentes valladas e imposibles de transitar, para un mitín de discursos edulcorados y de buenas intenciones que deje a todos los participantes conformes. Según Wikipedia, el G 20 "es un foro de cooperación y consultas entre los países en temas relacionados con el sistema financiero internacional, que estudia, revisa, y promueve discusiones, sobre temas relacionados con los países industrializados y las economías emergentes, con el objetivo de mantener la estabilidad financiera internacional, y de encargarse de temas que estén más allá del ámbito de acción de otras organizaciones de menor jerarquía. En conjunto, sus miembros representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional".

En términos económicos, cada delegación vendrá con su propio presupuesto para el tiempo que demande su estadía, de manera que no gastarán un centavo en la Argentina, y por el contrario, todo este despliegue al que hicimos referencia sí implicará un gasto considerable al movilizar a las fuerzas de seguridad para que Trump y los suyos se sientan cómodos en un país que apenas deben saber ubicar en el mapa.

La Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se ha vuelto cada vez más insoportable de escuchar en sus declaraciones públicas, con una ignorancia absoluta, falta de sentido común, y adjudicándose méritos que no le pertenecen. Mientras tanto, los trabajadores de Aerolíneas continúan con las medidas de fuerza, al igual que los bancarios, los docentes, y otros sectores que ven utópico un llamado a paritarias para recuperar parte del salario perdido con una inflación de más del 40 % anual. 

No nos interesa que se realice el G-20 en la Argentina, es una pérdida de tiempo para los laburantes que necesitan del transporte público para cumplir con su jornada, mientras los grandes señores que dominan el mundo Occidental se reúnen a debatir una suerte de "toma y daca", por ejemplo: yo te bajo el arancel para que puedas exportar acero, pero vos tenés que dejar que entren más bienes de capital a tu país. 

Trump poco puede hablar de civismo y gestos democráticos, cuando echó de una conferencia de prensa en la Casa Blanca a un periodista de CNN, simplemente porque no le gustó lo que le preguntaron. La cadena de noticias apeló la medida y ahora la credencial para acreditarse deberá ser devuelta al reportero para que pueda seguir cubriendo lo que sucede puertas adentro del emblema del poder político mundial. 

Todo esto nos lleva a la amarga conclusión de que Macri y sus lacayos consideran que es un privilegio o un gran honor que el país sea sede del G 20, cuando muchas de las políticas económicas que sostienen los países participantes están en las antípodas de la cruda realidad que atraviesa la Argentina. Un evento que pasará sin pena ni gloria y que será sólo para que todos puedan salir en la foto como "una gran familia". Punto final

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