29 de diciembre de 2018

2018: compartimos un viaje juntos

Sábado lluvioso. Luego de varios días que por distintos motivos no pude escribir nada nuevo, retomo el contacto con ustedes. Toda esta semana de calor agobiante me impidió descansar y dormir las horas necesarias, además de que no quería salir a la calle a horas tempranas cuando el termómetro empezaba a apretar. Excepto, claro está, que tuviera que hacerlo por trabajo. Estamos entrando en la meseta, en el lento declive de 2018, un año que no será seguramente el mejor recordado. Para ser honesto, dejando de lado los logros personales de cada uno, no veo que este año haya traído consigo una mejor calidad de vida para la sociedad. Y no siempre es útil hacer una reseña de todo lo que sucedió en estos 12 meses, porque la memoria suele traicionarnos y hace foco en determinados episodios en detrimento de otros. Pienso que es más saludable tener la capacidad de adaptarnos a esta realidad, profundamente injusta y por ende desigual. Podemos respirar con cierta tranquilidad si pensamos que no se han producido disturbios o saqueos, no obstante ello se debe en buena medida a que el Gobierno otorgó los famosos "bonos de fin de año" y aumentos por única vez en las asignaciones, para apagar un poco el desencanto popular. Como suele suceder, hay un grupo de privilegiados que se han visto beneficiados con la bicicleta financiera, basándonse en la especulación con el dólar, los plazos fijos, las Lebacs, y todo ese manojo de "inversiones" para hacer plata aprovechando los desaciertos del gobierno. 

Como mencionaba en otro post, cuando miro el camino recorrido, veo que hay cosas que invariablemente se repiten. Es probable que me arrepienta de muchas decisiones, pero en su momento consideré que eran las correctas. Y tener que decidir bajo presión nunca es grato, ni fácil, ni gratis. Pagás el costo de lo que elegiste, tenías dos o tres opciones y elegiste una, a veces la jugada sale bien, y a veces te toca perder. No hay cartas marcadas.

 Quizás nos cuesta un poco salir de nuestros usos y costumbres, como así también el hecho de tener que resignar muchas cosas porque no nos da el presupuesto para hacerlo. Cuando vos estás en una posición que te permite gastar en salir un fin de semana a algún lugar, es normal que tener que dejar de hacerlo por falta de plata te va a hinchar las pelotas. O ser más selectivo con las compras del supermercado, ya no se puede tirar cualquier cosa al changuito, porque llegás a la caja y te podés llevar una desagradable sorpresa. Todo esto indica que estamos atravesando una recesión: al no haber guita en la calle, no hay consumo. 

Por supuesto que esta situación no es nueva, la hemos atravesado varias veces en los últimos 15 años, pero lo que yo sostengo es que los subsidios al transporte y a los servicios públicos se deben mantener, para aliviar el bolsillo del común de la gente, que no soporta más el hecho de trabajar para pagar facturas. Sobran ejemplos de países desarrollados que subsidian las tarifas, por lo tanto está lejos de ser una medida populista o demagógica. Punto final.

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