29 de diciembre de 2018

Los ciclos de la vida moderna nos enferman

Cada vez que se acerca un nuevo ciclo, nos genera renovadas expectativas, que muchas veces no están basadas en posibilidades reales sino en nuestros deseos y aspiraciones. Sea como fuere, es inevitable que eso no suceda. Si transitamos por momentos duros este año, sobre todo en el plano personal, es obvio que pondremos todas nuestras fichas en lo que vendrá. No obstante, si hurgamos en todo este capítulo próximo a concluir, seguramente encontraremos cosas buenas, como si buscáramos perlas en el mar. Hay que armarse de paciencia y generar anticuerpos porque nada nos llegará servido, ni ahora ni en los años que nos restan por vivir. La sabiduría de envejecer nos hace evita ser víctima fácil de chantas, estafadores y charlatanes (que abundan por doquier). Yo no espero nada de los políticos, en rigor de verdad ni quiero pensar qué escenario económico encontraremos en 2019. Si lo supiera, ya habría invertido mis magros fondos en algo rentable. En mis ratos de ocio, escribo porque me da placer, me obliga a concentrarme en algo que me satisface y me saca de la fiaca y la pereza. Más aún en las largas tardes de verano con el sol a pleno. 

La clave está en la percepción que nosotros tenemos del tiempo, y como reza la frase popular, evitar que sea nuestro "tirano". No todos trabajamos o emprendemos un proyecto al mismo ritmo, tampoco sería saludable que así fuese. Hay quien prefiere desensillar hasta que aclare, y está el otro que se arriesga a todo, "se tira a la pileta". Sin embargo, actuar en base a impulsos nunca es bueno, y si la ansiedad nos carcome, puede ser que nos pase. Casi todos hemos tomado decisiones apresuradas, pero la prisa en hacerlo la dictaminamos nosotros mismos. Eso es lo más irónico del caso. Tenemos el control sobre nuestros actos...hasta cierto punto. 

Y mientras tanto, hay gente que tiene la mente suficientemente despejada y clara como para darse cuenta que, ante todo, debemos aprender a vivir. Punto final. 

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