16 de octubre de 2021

Reflexiones de una madrugada

 Terminé el viernes agotado, pero satisfecho de haber podido cumplir con el laburo. Hoy, sábado, me espera mucho más aún, la agenda viene cargada. Pareciera como si de repente todos se hubieran puesto de acuerdo para organizar actividades cuyos horarios coinciden irremediablemente. Hasta no hace mucho, desde Cultura del Municipio se consensuaba con quienes querían organizar algo el fin de semana para evitar estas cosas.

 Más allá de esto, todo cuanto sea de interés para la gente debe tener su lugar, al menos para mí, y lo hago con gusto, siempre es una mejor opción que estar al pedo, tirado en la cama y mirando las manchas de humedad del cielorraso.

 Pienso que no me va a pesar cumplir con mi presencia en todos los sitios donde deba ir. Que yo recuerde, lo más extenuante siempre ha sido la cobertura de las Olimpíadas del Salado. Porque aunque no me dedico a escribir sobre deportes, las ceremonias de apertura y de cierre (donde por lo general hay un show musical y obviamente se procede a la premiación), son duras de llevar. Y cuando todo termina, llegás a tu casa para editar y retocar las fotos, elegir las mejores, teniendo en cuenta que por cada 10 que saques, sólo una o dos son rescatables. También es un gran desgaste cuando se espera la visita de algún alto funcionario, y pasa el tiempo, tiempo muerto, sin que el invitado dé señales de su presencia. Si preguntás cuánto falta o cuándo llega, la respuesta típica y que pretende ser tranquilizadora es "está pasando el peaje", pero ni aunque el Ministro y su comitiva viajaran en un sulky ese trayecto de Uribe a Lobos se prolongaría tanto.

Nuestro tiempo es limitado, como dijo Steve Jobs, el gurú de Apple. Y más allá de los credos religiosos, o de pensar que cuando ya no estemos aquí viviremos en el recuerdo de otros, hay que activar la mente, como si fuera un aparato o un switch. Ponerla en modo "ON", y no "Stand by". El camino para lograrlo se construye día a día. No hay otra manera, porque suponer en estar siempre sonrientes y felices es una utopía. Tampoco sé si sería bueno permanecer así.

Ahora son las 23:13 hs del sábado. Pude hacer casi todo el trabajo que me había propuesto, pasé más de la mitad del día en la calle, de un lado para otro. A veces aprendo más cosas de mi sobrino de 9 años que de un adulto de 40. Los chicos de hoy la tienen re clara, tienen una rapidez mental que nosotros cuando teníamos esa edad. Y no es porque fuéramos boludos o ingenuos, sino porque la sociedad cambió y cada uno es hijo de su tiempo. Entonces puede ocurrir que un día cualquiera te despertás, vas al baño, y la imagen que te devuelve el espejo puede ser demoledora: sentís que envejeciste 20 años, una percepción que no siempre coincide con tu tiempo biológico. Dicho de otra manera, podés tener una determinada edad pero tu rostro denota otra cosas. Ayer fuiste joven, hoy eso no existe más, te convertiste en una persona con el rostro bajo la sombra del cansancio cotidiano. Y eso no está ni mal ni bien, simplemente pasa porque tiene que pasar.

 A veces la vida te sorprende con un cachetazo (o con un cross de izquierda) y no sabés cómo reaccionar. Te preguntás qué hacer. Porque cuando tenés una situación realmente apremiante, por lo general no hay "Plan B". Lo que estoy diciendo no es nada original, pero me nace expresarlo porque comparto este sentimiento con mucha gente que me lee. No sabés si seguir en tus proyectos o largar todo a la mierda. No estás seguro de si elegiste ser la persona que querías. Sentís la presión de caerle bien a todo el mundo y de mostrarte como un ser sociable. ¿No es demasiada presión? ¿Tan difícil se nos hace vivir como seres humanos plenos? Seguro que sí. Si se fijan bien, la "gente tóxica" (título del patético libro de Bernardo Stamateas) está por todas partes. 

Hay que tamizar, hay que filtrar, no queda otra, porque si no tu salud se va a ver afectada por esos tipos excesivamente demandantes que van minando tu voluntad. De ninguna manera me posiciono en el rol de víctima o de pretender que los demás de compadezcan conmigo. Eso no sirve. Al igual que muchos de ustedes, estoy hastiado de muchas cosas que me toca vivir y de tratar a diario con personas infumables, pero la sigo remando como puedo, desde distintos lugares donde encuentro un poco de paz. Escuchando la música que me gusta, procurando encontrar algo interesante en la tele, leyendo a Miguel de Unamuno... básicamente, buscando la verdad de la milanesa en la gente que realmente nos enseña a pensar.

Tratemos de buscar aquello que nos apasiona, porque la sociedad está plagada de gente que te quiere arruinar el día, de una forma o de otra. Desde la más obvia y alevosa, hasta el que te quiere usar (porque necesita algo de vos, claro está) y busca apropiarse del esfuerzo ajeno. Cuidado con esas personas. No huyan, pero tampoco les den el menor margen de confianza, porque erosionan tu energía como las sanguijuelas. Punto final.


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