1 de abril de 2022

Inicio de nuevo ciclo, que va a necesitar mucho empuje para afrontarlo

 Cada nuevo mes, pese a lo mal que podemos estar en varios sentidos, nos brinda la oportunidad de transitar un nuevo capítulo. Esto puede sonar un poco cursi, pero yo lo entiendo de ese modo. Es más, hacendo algunas salvedades, cada día algo "bueno", o al menos positivo si lo querés llamar así, acontece. El error nuestro está en no visualizarlo, en dejar que el árbol nos tape el bosque, aunque sería al revés: Que ese árbol, ese pequeño y casi desapercibido árbol que se erige en medio de toda la mierda que nos obsequia la sociedad, nos dé impulso para seguir. Vale decir, es el bosque el que nos termina tapando el árbol. El refrán se puede intepretar de ambas formas.

Cabe aclarar que no hablo de plata, ni de nada que se le parezca, porque el privilegio de tener una buena posición económica es, precisamente, para unos pocos. Mientras vos encuentres una motivación y una razón para vivir, el 90 % del laburo que tu mente debe procesar ya está hecho. Esa hoja de almanaque que está a punto de ser "estrenada", nos invita a no cometer los errores de los meses previos, a activar determinados proyectos sin que sean súper grandilocuentes...creo que esto ya lo he expresado en notas anteriores, y seguramente de una manera mejor. Ya no quedan, además, aquellos almanaques en papel, que por lo general venían con una ilustración, el nombre del negocio que los obsequiaba y las hojas con los meses propiamente dichos. Todavía se ve alguno de ellos de vez en cuando, pero con mucha menos frecuencia que antes. 

Para concretar "algo" que implica complejidad y esfuerzo, retomando lo que decía al comienzo, es necesario despejar la mente de las boludeces que son propias de una determinada coyuntura y concentrarse en aquello que consideramos importante o prioritrio. Claro, que fácil es decirlo!, ¿No? Si fuera tan sencillo como parece, la sociedad no padecería una bipolaridad, un estado de permanente convulsión y efervescencia, que ahora no sólo se da en la calle, sino también en las redes. 

Lo vemos constantemente: Dos tipos que son completos desconocidos emprenden entre sí una escalada de insultos por no coincidir ideológicamente, y lo que es peor, con argumentos que suelen carecer de sustento. Pero aun cuando vos defiendas tu postura en la era digital y las expongas como si se tratara de una tesis, eso no tiene mayor valor que hacer parecer al otro como un ignorante. En realidad, ambos los son: el que tira una "chicana" primero, y el otro tarado que le sigue el juego. Alguna vez sentí la necesidad de expresar mi desacuerdo ante "opiniones" vertidas en las redes, pero es un ping pong que no se termina nunca, de manera que (resumiendo) es una pérdida de tiempo. 

Yo diría que es mejor leer libros, ver un por de tee, escuchar música, escribir, o diligencias más mundanas como limpiar tu casa para que el lugar donde vivís, sin importar la condición social, luzca lo mejor posible. Todo eso que enuncié se refiere, obviamente, a momentos de ocio, no cuando estás laburando. Y si llegás molido del trabajo, lo único que querés es acostarte a dormir para tener un descanso adecuado que te permita continuar el día siguiente. 

Poner las cosas de un modo prolijo, obviamente no es para salir a mostrarle tu casa a tus amigos/as que pueden caer de visita en alguna ocasión, sino porque todo ámbito donde uno transcurre la mayor parte de las horas requiere de un orden. Ese "orden" lo podés elegir vos en la mayoría de los casos: A veces no queda otra opción que hacerlo; por ejemplo, buscar ropa de abrigo en el placard o repero para que, ahora que empieza a apretar el frío, sea fácilmente localizable. Yo tengo lo básicos, que podríamos sintetizar en dos o tres camperas, algunos pulvóres que aún no han sido devorados por las polillas como un queso gruyere, y buzos estilo "polar". Hace años que dejé de usar camisas. Conservo dos, las otras las regalé a todas, perfectamente limpias. Es decir, que si en materia de indumentaria estás igual que yo, es una tarea que no debe llevarte más de media hora o un poco más. 

Y siempre reitero, aunque debo reconocer que me cuesta implementarlo, que es saludable intentar un modo de vida minimalista. Los objetos que sirven los conservás, y lo otro va a parar a la basura o a alguna institución que lo necesite, siempre que eso que donás se encuentre en buen estado. Es vergonzoso ver como todavía hay gente que se saca de encima todo lo que ya no va a usar con evidente desprecio, y lo entrega en una bolsa de consorcio, sin tener las mínimas reglas de higiene. No podés regalar ropa sucia, ni manchada, bajo ningún concepto. Porque los pobres (o los más pobres que vos, digamos) merecen tener la misma dignidad que vos creés tener, sólo que a ellos ese valor supremo del ser humano les fue arrebatado por las vicisitudes de la vida. La vanidad de los gestos altruistas es notable, y hasta la Biblia lo dice: cualquier acto de caridad debe ser guardado en secreto y no para salir en una foto, como hacen desde hace décadas muchas agrupaciones políticas o de distinta índole. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

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