14 de enero de 2026

Con la panza llena, es fácil romantizar cada aspecto de la vida (Parte 1)

 

En la vida no siempre uno obtiene lo que merece, o lo que cree merecer. Seguramente, quien esté leyendo esto alguna vez se habrá preguntado “por qué me tocó esto a mí”. Ya desde el vamos, cargamos con una mochila muy pesada, y no podemos evitar ver cómo otra gente parece haber sido bendecida por el destino. Llega una etapa en la cual nos acostumbramos a tomar decisiones bajo presión, con muy pocas alternativas disponibles, y ni siquiera estamos convencidos de haber elegido la opción correcta. Como no tenés muchas cartas en el mazo, lo único que podés pensar es en minimizar el impacto. Es decir, lo que conocemos como el mal menor. Nunca me interesó compararme con los demás, pero sí me llama la atención ver cómo otras personas pueden resolver con mayor criterio muchos de los escollos que se les presentan. Hay gente que ha debido atravesar por muchas pérdidas, por duelos que no dan tregua, y se hace cuesta arriba seguir adelante y levantar vuelo otra vez. Pese a todo, tienen la capacidad de dar vuelta de página y continuar con sus vidas. Probablemente tenga que ver con la resiliencia, no lo sé. Podemos imaginar que a dos sujetos les presentan una misma situación problemática, y que deben decidir rápidamente, como si se tratara de un ejercicio matemático. Cada uno lo resolverá a su modo, con las herramientas que tenga a mano, con su propio criterio, y poniendo en contexto sus creencias y valores, que pueden ser totalmente opuestas entre una persona y otra. Si tenemos en cuenta todos esos factores, estamos en condiciones de comprender mejor por qué hay gente que tiene más capacidad de afrontar y sobrellevar sus problemas.


Imaginate a alguien que le tocó padecer una discapacidad congénita. No vamos a entrar en detalles porque no es necesario, pero esa persona se habrá interpelado más de una vez, por qué le tocó nacer con esas limitaciones. Hay casos de figuras muy talentosas que desde que salieron del vientre materno tuvieron que convivir con ceguera o hipoacusia, por citar dos ejemplos aleatorios. La sociedad sigue siendo muy desigual, porque todo lo que fue creado (edificios, calles, automóviles, oficinas, etc) no fue pensado para atender problemáticas que piden a gritos una mayor inclusión. Pero, para no irnos de tema, podemos decir que es muy difícil crecer en un contexto de escasas oportunidades hacia las personas con capacidades diferentes. Obviamente, nadie se merece esto. Vivimos con la falsa ilusión de que se nos recompensará por nuestras acciones, o que vamos a recibir lo que creemos que nos corresponde. Pero nunca es así. Si vos actuás de determinada manera, ese proceder tiene que ser lo que vos considerás que es correcto, y esa es la única tranquilidad que vas a tener en tu conciencia. No hay mucho más bajo el sol.


En la cultura occidental, si vos supuestamente te esforzás, trabajás duro, y te preocupás por adquirir nuevos conocimientos, vas a progresar. Bueno, no siempre es así, de lo contrario, no habría ingenieros o arquitectos manejando un taxi. Los que llegan a triunfar son una ínfima parte de todos los que tenían aptitudes para seguir en carrera. En el cine comercial, en la industria del entretenimiento, las historias de “perdedores” no venden. Nadie paga una entrada para ver en la pantalla a un tipo que es un desastre, un fracaso tras otro para los estándares de las ficciones de Hollywood. No abundan las películas que muestren a alcohólicos, ludópatas o drogadictos. Y en el caso de que los muestren, es porque se trata de una historia de redención. Al cabo de 90 minutos de proyección, el tipo se recupera, forma una familia, se compra un auto y una linda casa. El sueño americano al palo. En las series, es raro que aparezca un personaje que apenas llega a fin de mes, o que lo desalojan porque no puede pagar el alquiler. Podemos mencionar a Seinfeld o Friends. Están todo el tiempo al pedo, tomando café o hablando boludeces. La vida real no es así. Si tenemos que echarle agua al shampoo para que nos rinda más, imagínate lo lejos que estamos de hacer filosofía barata en una mesa de café.


Creo que una forma de ser más felices es aprender a aceptar lo que nos toca en suerte. Vivir con eso, sin la envidia que nos provoca mirar el entorno, quizás porque siempre vas a encontrar a alguien que –en apariencia- está mejor que vos. Y no hablo solamente de guita. Hay determinadas personas que tienen bien en claro lo que quieren y que no pierden de vista ese objetivo. Es un punto a favor: Si vos sabés lo que querés, ya tenés buena parte del problema resuelto.


Cuando sos adolescente, todavía no sabés qué dirección hay que seguir, vas casi en piloto automático. Muchos pibes tienen que laburar a una corta edad, otros son mantenidos por sus padres hasta que llegan a la adultez, cuando ya pueden pagar sus propios gastos e independizarse. Por eso, yo no sé si sirve de algo darnos rosca con lo que “merecemos”. Nadie merece morir solo en la cama de un hospital, nadie se merece atravesar por una enfermedad terminal y que los médicos le digan que ya no hay más nada que hacer. Dejémonos de joder. Si entendemos que nuestro tiempo es limitado, y que ya no nos queda mucho hilo en el carretel, podemos comprender la inutilidad de romantizar pavadas que están ligadas a una literatura de autoayuda barata. ¿Nunca te pusiste a pensar lo paradójico del mundo en que vivimos? Cada vez hay más nutricionistas que te educar para mejorar tu alimentación, mientras hay gente que no tiene recursos ni para recibir un plato de comida por día. ¿A vos te parece que los habitantes de Etiopía o de Zimbabue se van a sentir mejor por leer a Bucay o a Rolón? Ellos luchan por sobrevivir. Reciben toda la basura de los países industrializados y tienen que vivir con eso. Los fardos de ropa usada que descartan los yanquis y europeos van a parar allí. Todo esto nos hace pensar lo siguiente: Nunca creas que si conseguiste algo es porque te lo merecés. Por supuesto, quizás tenga algo que ver con tu esfuerzo, pero si podemos surfear con lo azaroso y causal, y aprender que es parte del viaje, nos vamos a sentir liberados de cumplir con los mandatos y expectativas. Nos estamos viendo pronto. Punto final.    

 

 

 

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