Hoy damos inicio
a una nueva etapa, que cada uno comenzará a transitar según sus expectativas.
Es una oportunidad para avanzar en metas u objetivos ligados al desarrollo y al
crecimiento personal. Lo que cada uno se proponga, seguramente estará condicionado
a lo que nos quedó pendiente durante 2025. Creo que el saldo de los últimos
doce meses ha sido positivo, no fue un año fácil a título personal, pero pese a
todos los pronósticos, no estoy decepcionado con lo conseguido.
Quizás haya que esperar un tiempo para poder valorarlo en toda su dimensión.
Me quejé mucho,
renegué bastante, pero al final comprendí que la única solución era ponerle
pilas a la adversidad. Hoy podría quedarme en la comodidad de lo que supe conseguir,
pero decidí apostar a más. Fue necesario navegar en la incertidumbre y
arriesgarse, a una edad en la que muchos ya tienen certezas. En la vida, hay
que elegir constantemente, barajando entre aquellas alternativas que creemos
que son las más apropiadas. A veces nos equivocamos, por supuesto. Pero los
costos de ese error los pagamos únicamente nosotros.
Me dispongo a
comenzar este nuevo año con una mirada optimista, buscando obtener un despegue
profesional, que creo que puedo llegar a alcanzar luego de haber dedicado al periodismo
más de dos décadas de mi vida. Quizás todavía falta para encontrar el camino
adecuado, pero lo único que necesitamos es tener constancia y determinación
para no perder de vista el objetivo.
Podría comparar
mi situación actual tomando como referencia lo que había escrito en diciembre
de 2024, pero prefiero evitar ese ejercicio dialéctico para que este texto se
refiera íntegramente al momento presente. Cuando las papas queman, no es
extraño encontrarnos llenos de dudas e incertidumbre, y sin embargo, se trata
de un escenario propicio para aprender a valorar a aquellos que han decidido
quedarse a nuestro lado a pesar de todo. Pienso que estaríamos siendo injustos
si no mencionáramos, aunque sea implícitamente, a todas esas personas que nos
han acompañado a transitar un recorrido hacia el desarrollo y crecimiento
personal. Es un proceso que implica hacernos cargo de nuestros errores,
afrontar las consecuencias de nuestros actos, y liberarnos de culpas y
prejuicios para encarar el futuro desde otra perspectiva. Es increíble cómo
podemos llegar a ser más empáticos con sólo ejercitar el sentido común y
despojarnos del maldito ego que nos lleva a creernos portadores de una sola
verdad.
He visto en las
redes sociales a muchos amigos y conocidos que también están haciendo un balance
de este ciclo que acaba de concluir. Y debo decir que he leído reseñas muy
honestas y sinceras que cada uno hizo, teniendo en cuenta la importancia de
sentirnos contenidos emocionalmente. Quizás ese sea el mensaje que debemos replicar
en cada paso que demos en 2026: Nadie se salva solo. Por supuesto, algunas
decisiones deberemos tomarlas sin que tengamos la posibilidad de recibir un
consejo o una orientación en particular. La responsabilidad individual es
indelegable. Pero todo lo demás, sí merece ser compartido.
Quien está con
vos solamente para la diversión y la joda no es tu amigo, es un partenaire, un
bufón que no puede ser tomado en serio para otra cosa. Hoy, creo que es un buen
momento para agradecer a toda la gente que me bancó y me brindó su apoyo a lo
largo del tiempo. Quizás no sea prudente hacer nombres a riesgo de caer en una
omisión injusta. Algunos de los que han estado en determinada instancia ya ni
siquiera forman parte de mi entorno actual, pero no por eso voy a restarle
méritos a cada palabra que dedicaron para brindarme su punto de vista, una
mirada única y personal. Mi familia me ha acompañado siempre, y si no fuera por
ellos, sin lugar a dudas todo sería más difícil. No sé qué me deparará el 2026,
pero si hay algo que aprendí, es que buena parte de lo que pueda suceder
depende de mí. Para tomar la mejor decisión necesitamos estar más atentos en la
escucha, barajar varias posibilidades, no descartar ningún escenario, y
mostrarnos dispuestos a emprender un cambio. Pero también está la chance de que
todo en lo que depositamos nuestros esfuerzos y esperanzas comience a rendir
sus frutos. Es bueno que podamos tener la capacidad de adaptarnos a lo que nos
toque afrontar. Obviamente, no todo nos va a salir como nosotros esperamos, y
deberemos abrir el paraguas para convertirnos en piloto de tormentas. Todo está
por verse, y con el transcurso de los días cada uno podrá sentar las bases de
lo que desee construir. Vamos a apostar unas fichas al nuevo año, y ojalá que
el contexto económico nos permita ver crecer nuestros sueños. Nos estamos
viendo pronto. Punto final.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario