Una de las
últimas notas que escribí para el portal de noticias tiene que ver con el
Hospital, y el sistema de turnos web que fue implementado hace unos meses. Para
reservar una consulta, se puede ingresar a una página de la Provincia, o bien descargar
una aplicación en el celular. Lo cierto es que no es tan sencillo como parece,
y los lectores que comentaron la noticia, en su mayoría, expresaron su
disconformidad. Esta modalidad fue dispuesta por la Gobernación, no por el
nosocomio en particular, ya que muchos centros de salud de la zona ya la han
adoptado. Lo que sí podemos decir, es que se va reemplazando a todo nivel la
atención presencial, no sólo en lo que respecta a la salud pública, sino
también en otras dependencias provinciales. Uno de los reclamos tiene que ver
con el acceso a la tecnología. Aquellas personas mayores que utilizan un
dispositivo antiguo, seguramente tendrán más complicaciones para validar su
identidad, o todos los pasos que se requieren antes de elegir su turno. Si hacemos
la salvedad de que no fue una decisión unilateral del Hospital, podemos ser más
contemplativos y no cargar las tintas ante este proceso irreversible del cual
vamos siendo testigos. Desde hace varios años, las facturas de luz y gas se
envían por mail, y si el usuario desea tenerlas en soporte papel, deberá
imprimirlas. Con la ganancia millonaria que tienen las empresas, no implica una
erogación significativa que se sigan enviando a los usuarios como era antes. El
argumento que suelen esgrimir tiene que ver con el Medio Ambiente, y el
supuesto perjuicio que representa la impresión de papel. Pero estamos hablando
de una hoja mensual o bimestral por cada cliente, no es algo que requiera la
utilización de muchas páginas. Pero no sólo eso: Los trámites para la
titularidad de un servicio, darlo de baja, o lo que fuere, también hay que
hacerlos online. En la sucursal de estas empresas, hay empleados que no se sabe
bien qué hacen, porque si se ha reemplazado la atención al público por una
automatización de los procesos, no queda bien en claro en qué casos sí se debe
concurrir a la oficina, ni siquiera se toman los reclamos si el titular recibe
una boleta por un monto que juzga excesivo.
En el Hospital,
hay empleados que se dedican exclusivamente a atender la turnera. Pero como el
trámite se realiza por Internet, sólo atienden las especialidades que han
quedado afuera de esta nueva modalidad, o aquellas de demanda espontánea. En
lugar de tener que renegar porque la página nos informa que ya no hay más
cupos, si uno fuera atendido por ventanilla, al menos habría alguien que nos
podría informar cuando volver a consultar si se ha liberado un turno. También
existe la posibilidad de tramitarlos por WhatsApp, pero por lo que he hablado
con algunos pacientes, esa alternativa sólo es válida para muy pocos
profesionales, y la mayor parte de las consultas deben hacerse de forma
virtual. Es frustrante tener que ingresar varias veces a la página sin que
nadie nos diga una fecha estimada para poder acceder a una consulta. No obstante,
se recomienda insistir, porque todos los meses hay turnos que se cancelan, y
que si no son ocupados por otro usuario, se pierden.
Podríamos preguntarnos qué sucederá en el futuro con los recursos humanos. Las personas que ya han cumplido cierta edad y que se disponen a jubilarse, quizás no sean sustituidas por otras, sino que la tarea que ellos realizaban será reemplazada por la Inteligencia Artificial. Es decir, un bot o un asistente virtual con el cual tendremos la posibilidad de chatear para que nos vaya guiando en un sitio o aplicación, según el trámite que queramos hacer. ¿Y qué pasa si ninguna de las opciones disponibles tiene que ver con nuestras necesidades? ¿Cómo explicarle a una máquina que no razona, sino que está acostumbrada a solucionar todo con un menú de alternativas limitadas que fueron concebidas por algún programador que diseñó el software? Cuando llamás a algún 0 800 y recibís una respuesta automática, te dice “presione 1”, o “presione 2”, en función de lo que se supone que vos estás buscando, y en ese menú, la opción para elegir que te atienda un operador, aparece casi como en último lugar. Más de una vez, en el cine o en la industria del entretenimiento, se ha fantaseado con computadoras o tecnología que pueda procesar datos y tomar decisiones como los humanos. Pero nunca estuvimos tan cerca como ahora de caer en la alienación por un cúmulo de algoritmos que gobiernan nuestras preferencias e intereses.
Con la
IA, se pueden generar imágenes y videos que tienen la apariencia de ser reales,
por eso proliferan en Internet y son compartidas por los usuarios que no pueden
discernir entre aquello que fue creado artificialmente y una imagen o
fotografía que testimonia un encuentro real entre dos personas, por citar un
ejemplo. El procesamiento de datos constituye la principal característica de la
IA, y plantea desafíos que tienen que ver con cuestiones éticas. Si una
aplicación como Chat GPT tiene la capacitar de redactar cuentos o relatos con
mínimos requisitos, en un futuro desaparecerán los escritores, o los
compositores. Así, un texto literario, o la letra de una canción, amenazan con
sustituir toda autoría humana para convertirse en un resultado ficticio que fue
creado por los pocos datos que ingresó un usuario. El chat no te dice si el contenido
que comparte con vos está protegido por copyright, pero de algún lado lo sacó,
ya que no tiene un cerebro que tenga la capacidad de imaginar, de crear, de
escribir una metáfora, o lo que cada uno se le ocurra.
Por supuesto,
estos cambios no se dieron de un día para el otro, aunque se aceleraron
notablemente con la pandemia de 2020. Los riesgos que representaba la
presencialidad en esa coyuntura hicieron que se crearan distintas formas para
que un determinado trámite pudiera realizarse a distancia. A partir de ahí,
muchas modificaciones que se adoptaron pasaron a formar parte de la vida
cotidiana. En algunos comercios, todavía se conservan las mamparas que separan
a los clientes del mostrador para evitar posibles contagios. Aplicaciones como
Google Meet, que fueron muy utilizadas para dictar clases a distancia, fueron
incorporadas en los años sucesivos, y fue así como aprendimos a movernos en los
vericuetos de la virtualidad. El impacto que produjo la situación sanitaria en
la sociedad fue más profundo de lo que imaginamos, pero eso sería tema de un
próximo posteo.
Lo que sí es
cierto, es que la Inteligencia Artificial, si no es regulada por alguna
legislación, representa un riesgo que pone en jaque la credibilidad de la
comunicación. Si cualquiera difunde material creado por IA como si se tratara
de información verdadera, chequeada y verificada por humanos, estamos ante un
gran fraude. Los chats de IA utilizan datos que procesan de sus archivos para
recrear la realidad. No tienen la facultad de pensar, ni de expresar emociones.
Su uso se extiende a todo nivel: Entre ellos, podemos mencionar a los
estudiantes que recurren a los algoritmos para elaborar monografías o trabajos
prácticos. El docente no siempre puede distinguir si ese trabajo que
presentaron sus alumnos fue hecho luego de una investigación de fuentes
bibliográficas o utilizando alguna aplicación en línea. Hasta Wikipedia ha
experimentado una merma en la cantidad de visitas que el sitio recibe, por el
auge de la IA, que también propicia la comodidad de buscar cualquier cosa para
que el chat responda lo que quiere. Es un buen momento para reflexionar y
repensar el uso que hacemos de las nuevas tecnologías, que nos ofrece
herramientas para acceder fácilmente a despejar dudas, pero que también
siembran un horizonte de confusión, si es que la relación que mantenemos con
los chats se torna de una dependencia preocupante. Nos estamos viendo pronto.
Punto final.
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