6 de enero de 2013

Un domingo de enero

Domingo por la noche en la ciudad. Hay momentos que incitan a expresarse y escribir algo y otros que no. Muchas veces uno tiene que lidiar con eso. Hoy me invitaron a ir a la pileta del Aero Club pero rechacé la propuesta. Cuando me dijeron de ir hasta allá, no hacía demasiado calor, y me pareció que con el ventilador de mi casa y un buen baño sería suficiente para no tener que sudar y renegar con el verano. Hablando de eso, me dan por las bolas los movileros de TV que están en Mar del Plata o en la Costa haciendo giladas. Es verdad que en esta época del año lo que sucede allí, cerca de la playa, concentra nuestra atención, pero realmente el nivel de las "preguntas" son lamentables. Creo que hasta yo podría hacerlo mejor.

Los domingos y los lunes son los días más aborrecidos de la semana, por distintas razones que casi todos conocemos. Una de las cosas de estoy tratando de lograr es recuperar el hábito de la lectura. No tengo paciencia con los libros, sobre todo si se trata de novelas. Desde luego, también tiene que ver los autores que uno elige. Cuando era más joven leía muchísimo, quizás porque no existía Internet, ni tantos canales de TV disponibles. Es cuestión de encontrar el momento, de estar tranquilo, sin nadie que te joda. Para leer algo que me interesa necesito silencio. No es lo mismo que hojear un diario o ver un folleto de Hendel. Para que un libro resulte cautivante, debe tener un buen comienzo. Las descripciones largas me aburren. Las estadísticas también. Otra cosa que me jode bastante son las notas al pie de la página. A veces sirven, pero por lo general no aportan nada relevante. Bueno, esto es todo por hoy. Mañana me espera un día largo y caluroso, aunque según anuncian los pronosticadores puede que llueva durante la tarde. Veremos qué ocurre. Punto final.

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...