7 de abril de 2013

Ciudadano cero

Creo que no podría vivir en otro lugar que no fuera la Argentina. La única vez que salí del país, fue para vivir tres meses en Puerto Rico, entre junio y agosto de 2002. Quizás no haya sido la mejor decisión, porque PR es un Commonwealth de EE. UU., o lo que ellos denominan "Estado libre asociado". Para decirlo de otra manera, fue como vivir en Yanquilandia. Las playas son muy lindas y la mayoría de la gente es amable, pero el choque cultural resultó muy fuerte. El modo de hablar, las costumbres, el hecho de tener que pagar para todo, cenar a las siete de la tarde, hicieron que no me sintiera muy a gusto viviendo en la isla. Recuerdo que en aquel tiempo yo estaba residiendo lejos del área metropolitana, a muchos kilómetros de San Juan, la capital. Y nunca me voy a olvidar que allí fue donde escuché por primera vez el abominable reggaetón, que años más tarde se convertiría en el ritmo elegido por las discotecas argentinas. Me parecía (y lo sigo sosteniendo) una música horrible, sexista y degradante, incluso no sé si merece ser considerada música. Pero era lo que sonaba en todos los autos que pasaban por la calle. En mi caso,  no se trató un exilio forzado, fue una decisión que tomé por múltiples factores que me hicieron pensar que podía ser una alternativa provechosa. Pero de lo que estoy seguro es que no viajaría de nuevo ni a Puerto Rico ni a Estados Unidos. Me gustaría visitar un país que tuviera una historia genuina, una identidad propia sustentada en tradiciones, y no me importaría tanto comprar boludeces en Miami como hace mucha gente. No sé si la vida me dará nuevamente la posibilidad de viajar al exterior, pero si así fuera elegiría otros rumbos. 

Si pudiera elegir, me encantaría conocer Rusia, China, o la India, entre otros destinos. Por supuesto, la vida cotidiana de la gente de esos países dista bastante de lo que nos muestra el canal Discovery Travel & Living. Y eso debe ser lo más interesante: descubrir lo oculto detrás de aquello que está pensado para el turismo. Sentirse, aunque sea por unos pocos días, un ciudadano más de los sitios que uno va visitando. Conversar con la gente, y no hacer preguntas boludas sobre si conocen a Maradona o Messi como invariablemente sucede en los programas de TV donde los conductores argentinos salen de viaje. En realidad, si hablamos de viajes soy bastante tranquilo: nunca me alejé demasiado de Lobos excepto por aquella vez que les comenté. No sé si tengo espíritu de explorador o aventurero, creo que es algo que uno va descubriendo cuando se encuentra solo en un lugar y se ve en la situación de relacionarse socialmente. En algún otro post les contaré más impresiones sobre lo que implica para mí viajar a un país extraño. Punto final.  

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