9 de abril de 2013

Todos quieren tener "lo último"

Hay gente que tiene demasiado apego por los objetos, tal es el caso de los coleccionistas. Yo aprendí que, si bien las posesiones materiales nos brindan satisfacción, nada de ello tiene verdadero valor si no podés superar determinadas situaciones. Quizás por eso nunca me gustó acumular nada al pedo, aunque me gustan los discos y los libros. Internet es el mundo de lo intangible: ya casi nada de lo que conocimos en la cultura popular permanece en formato físico: los discos se bajan por la Web, del mismo modo que los libros, ya sea de manera ilegal o no. Pienso que me tocó vivir en una época en que los cambios se producen más aceleradamente que hace décadas atrás. Todos, en mayor o menor medida, debemos consumir (es decir, gastar dinero) para sobrevivir. Pero no me gusta esa fascinación por lo nuevo, por el último modelo de celular, o por el chiche tecnológico más reciente. Creo que aún teniendo todo el dinero disponible para comprar lo más novedoso y atractivo, no haría uso de esa posibilidad. No me interesa para nada estar todo el tiempo conectado a Internet mediante un teléfono, tampoco me gustan las pantallas táctiles o todas las boludeces que las empresas promocionan. Hoy por hoy es imposible pensar en una sociedad "anticonsumo", pero sí podemos advertir entre quienes nos rodean a las personas que hacen un uso racional del dinero, que no se endeudan inútilmente, que lo saben administrar, y que prefieren disfrutar de un asado con vino los domingos al mediodía antes de empeñarse a tres años para comprar un auto cero kilómetro. Todo envejece rápidamente, y lo que hoy es considerado el máximo adelanto de la tecnología pasará al olvido en un par de años. A su vez, los objetos tienen una vida útil, que está determinada por el uso que les damos y por el desgaste propio de los materiales en que están fabricados. Cuando un artefacto deja de funcionar, es  momento de reemplazarlo, no antes. Yo tengo el mismo celular desde hace un año y no tengo la menor intención en cambiarlo, porque es todo más de lo mismo, correr detrás de lo último, de lo nuevo, cuando a mí no me interesa en absoluto un teléfono móvil con Wi-Fi o cámara de fotos con muchos píxeles. Me resulta suficiente con que me permita recibir llamadas y enviar mensajes por WhatsApp. Se me ocurrió poner el ejemplo de los celulares porque es el caso más corriente que suelo ver, pero bien pueden pensar en otros objetos de mayor valor que constantemente aparecen en el mercado prometiendo más confort o mayores prestaciones. Podría seguir adelante con este post pero creo que ya renegué demasiado por hoy sobre esta cuestión. Punto final. 

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