9 de julio de 2013

Mirar hacia adelante

A veces creo que los seres humanos idealizamos demasiado. Un caso típico son las anécdotas que se cuentan en cualquier reunión. Seguramente los hechos que narramos, en el momento que ocurrieron, carecieron de toda importancia y hasta puede que hayamos pasado un mal rato. Sin embargo, el tiempo pasa tan rápido que vamos "maquillando" ese pasado para hacerlo más agradable a nuestros ojos.  Los argentinos somos particularmente nostálgicos. Mucha gente se aferra a determinados momentos de nuestra ajetreada historia para suponer que "todo tiempo pasado fue mejor". Yo rescato algunas cosas que hemos logrado como sociedad, tal es el caso de los avances en la medicina, en la investigación y en la tecnología. Por supuesto no hay que olvidar que vivimos en el Tercer Mundo y quizás por eso aquí todo llega tarde, desde los medicamentos hasta las maquinarias. Pero aún así, con todas esas contras que acabo de mencionar, insisto en  mi idea de romper con el pasado. Por mucho que nos esforcemos en recrear un escenario que nos remite a un  mundo en apariencia ideal, no tenemos la máquina del tiempo, y si así fuera, nos daríamos cuenta de que no tiene sentido mirar hacia atrás.

 Muchas veces suele decirse que una persona tiene "toda una vida por delante", lo cual indica que es relativamente joven y que tiene varios años por vivir. Pero inclusive si yo fuera un anciano, trataría de encontrar algún  motivo para que valga la pena estar en este mundo, más allá de la vejez y de los achaques. Claro está que cuando más cerca estás de partir de esta vida, empezás a darte cuenta del camino recorrido, que pudo no haber sido el que quisiste, pero sí el que elegiste. Punto final.

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