8 de junio de 2014

Es la última vez que te lo digo

Domingo, 1 AM en la ciudad. Es raro que me encuentre redactando algo a esta hora, últimamente me acuesto cada vez más temprano buscando en las sábanas refugio ante las gélidas temperaturas. Pero hoy estoy en "el cuartito", como llamamos en casa a la pequeña oficina donde trabajo, y no hay tanta corriente de aire y factor climático alguno que me haga desistir. Dentro de pocos días comenzará el Mundial, y como suele suceder, dicho evento será aprovechado por el Gobierno para distraer la atención pública y enviar proyectos de Ley de naturaleza diversa, los cuales, claro está, serán prontamente aprobados por la mayoría oficialista en el Congreso. Pero sería injusto atribuirle al kirchnerismo esta maniobra: en rigor, todos los gobiernos lo han hecho. Durante el Mundial, cuando juega la Selección,  los negocios no abren, las calles lucen desiertas, y me imagino que hasta en los hospitales los cirujanos deben estar con el control de la TV en una mano y el bisturí en el otro. Es erróneo suponer que el Mundial es el evento deportivo más importante del mundo. Para mí, y para la gran mayoría, lo son los Juegos Olímpicos de Verano (cabe recordar que los últimos tuvieron sede en Londres en 2012), porque allí se hallan representadas muchas más disciplinas deportivas que el mero arte del balompié. En los últimos JJ.OO., me enganché muchísimo y me maravillé con el talento de los atletas de todo el mundo, la elite del deporte, porque cada país lleva para competir a sus mejores exponentes. Tal vez no sean más que meras divagaciones, dado que estoy bastante renegado con el "fulbito" doméstico e internacional también. Lo que cualquier persona informada puede sostener, es que los propios brasileños no quieren este Mundial. Brasil es un país del Tercer Mundo al igual que nosotros, aunque mucho más industrializado. Pero la gente no es boluda como acá, y no se deja engañar con espejitos de colores. Primero que haya salud, educación, y justicia. Después, construyamos todos los estadios que sean necesarios. Punto final. 

 Disco recomendado del día: 

Pink Floyd, "The Dark Side of the Moon" (1973, EMI)

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