7 de septiembre de 2016

Política y televisión

Miércoles por la noche en la ciudad. Transcurridos los Juegos Olímpicos, la televisión volvió a su aburrida programación habitual. No es momento de rasgarse las vestiduras por la mediocridad que se ve en la pantalla, sino de pensar por qué se subestima al espectador, creyendo que el periodismo de investigación, los documentales, el cine, no interesan. En lugar de todo esto, vemos las conocidas "latas", que son viejas temporadas de series que se repiten hasta el cansancio pero que aún así le reditúan a los canales unos cuantos puntos de rating. Estamos viviendo una coyuntura en la cual la gente necesita distensión, porque está agobiada de ver que la economía no repunta, que las promesas no se cumplen, y que no parece haber un rumbo definido en el Gobierno. Pero aún en tiempos mejores, siempre existieron los programas de TV hechos con dos mangos, cuyo único objetivo es llenar un espacio en la grilla. 

Hoy, cada uno se refugia en lo que puede para no terminar con un pico de estrés, porque la plata no alcanza y la inflación no cede. Por supuesto, uno quiere ser optimista y suponer que la situación mejorará, pero que nos den algún motivo para pensar eso. Según las últimas encuestas, la Gobernadora Vidal es el político con mejor imagen, superando al propio Macri por varios puntos. Vidal, de a poco, se va consolidando como una figura atractiva para el electorado y que podría ser candidata a presidente por el PRO en 2019. Sergio Massa coquetea con el peronismo que se alejó de los K y también va haciendo un armado territorial interesante. Massa se despegó rápido de Macri, supo tomar distancia cuando se dio cuenta de que los gestos amistosos del actual Presidente hacia él no eran del todo sinceros, y además no le sumaban demasiado a su imagen personal. Acompañó las decisiones de Macri al comienzo de la gestión, pero no avaló los tarifazos, que todavía son un dolor de cabeza para el Gobierno. El peronismo se va a reorganizar, a "reciclar", en la medida que supere el estigma de los K. Cuanto más lejos se muestren de los despojos del kirchnerismo, mejores chances tendrán en las elecciones. Lo que diferencia a los peronistas de los radicales, a mi modo de ver, es que los primeros no se someten a desgastantes plenarios y elecciones internas. Se encolumnan detrás de un líder, o alguien con pretensiones de serlo, y lo siguen. No sé si es el modo correcto de fijar posiciones, pero la UCR siempre se ha mostrado muy dubitativa, con idas y vueltas, antes de decidir una cuestión de fondo. Punto final.

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...