16 de septiembre de 2018

El ritmo frenético y sin pausa del comienzo de semana

Lunes por la noche en la ciudad. Un comienzo de semana agitado, con bastantes compromisos y notas por cumplir, lo cual no me pesa porque me parece bueno mantenerme ocupado con aquello que me gusta. Casi no tuve tiempo de interiorizarme de las noticias nacionales, salvo algún programa informativo de la radio. Además, como ahora Clarín y La Nación piden a los usuarios que se registren para acceder al contenido, sobre todo en celulares, estoy recurriendo a otras páginas que no piden ningún requisito, como Infobae. Esto marca un paso más en la tendencia que he mencionado más de una vez: la desaparición de los diarios en papel y el afianzamiento de los portales digitales. Por supuesto que esto será progresivo, los diarios impresos seguirán existiendo en la medida que resulte rentable para las empresas, y que haya un público interesado en adquirirlos. Si los diarios publican noticias de ayer, e Internet se actualiza las 24 horas, no hay un incentivo para gastar casi 50 pesos en el kiosco. Como el mayor flujo de información pasa por los celulares, es el primer lugar donde decidieron amurallar el acceso a las páginas web. Claro que uno podría registrarse sin más problemas, pero tan pronto como lo hagas vas a recibir un montón de mails y correo basura en tu casilla, promociones que nunca pediste, y cosas por el estilo. Si las enciclopedias impresas ya sucumbieron con Wikipedia, existen motivos para pensar que podría suceder lo mismo con los diarios. Desayunar en un bar y hojear las páginas en papel, por ejemplo, es placentero, pero no más que eso, porque en definitiva la información sigue estando disponible en otro lugar. Esto implica que los editores y los periodistas se adapten a las nuevas tecnologías, a un modo diferente de redactar las notas, porque el tiempo que se destina a la lectura en Internet es mucho más breve de lo que se cree. Si el título no tiene "gancho" como para hacer clic, la noticia no vende, no tiene visitas. También es un desafío que nos replanteamos aquellos que nos formamos en la gráfica, o con las premisas que regían el periodismo gráfico. 

La radio también ha cambiado notablemente en los últimos 20 años, sobre todo en AM, que ya no es tan perezosa como antaño sino que los programas aparecen excesivamente producidos, para darles sustento, con panelistas o columnistas de deportes, espectáculos, etc. El formato "magazine" reinventado una vez más, con un ritmo más frenético, flashes informativos constantes, y móviles en exteriores. Los próceres de la radiofonía, como Antonio Carrizo, Cacho Fontana o Héctor Larrea, seguramente se hubieran sentido incómodos como conductores y pensando asimismo que el oyente no soportaría tanta saturación. Pero en el siglo XXI y en plena era de Internet, es así como nos toca vivir. Con los cables pelados. Punto final. 

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