4 de septiembre de 2018

Cuando pase el temblor


Ayer me preguntaron varias personas qué pensaba o qué me parecían las medidas implementadas por el Gobierno en medio de la zozobra que es de público conocimiento, pero me fue imposible escuchar el anuncio presidencial dado que salí temprano de casa y regresé pasado el mediodía. Por supuesto que posteriormente me informé al respecto, pero sinceramente no estoy en condiciones de emitir un juicio de valor. No esta vez. Estoy cansado y harto (como muchos de ustedes), de trabajar y que mi dinero valga cada vez menos. Además, cada uno de nosotros sabrá hacer un análisis o evaluación de esta “cirugía mayor” que desde la Casa Rosada se propusieron aplicar. No me voy a sumar a la psicosis colectiva, por mi salud mental y porque creo que no podemos vivir en un estado de permanente alteración.

Debo centrar mis esfuerzos en mi economía y finanzas personales, y al igual que ustedes deberé forzosamente adaptarme a las nuevas reglas de juego. Vivimos en un país tan imprevisible que no sabemos con qué nos encontraremos mañana, y en la medida que pueda trataré de seguir adelante pese a la crisis que ha alcanzado proporciones desmesuradas. No vale la pena, o no viene al caso, mencionar cómo me está afectando esta situación, porque cada uno de los sectores menos favorecidos lo están pasando igual. No podemos vivir pendientes del dólar, es enfermante, y si por momentos me he alejado de la lectura de los diarios es porque ya sé con qué me voy a encontrar, y necesito preservar una ínfima tranquilidad aunque todo lo que está aconteciendo conduzca a lo contrario. Creo que estamos viviendo horas decisivas, en las cuales llegará un punto donde no habrá anuncio o discurso que alcance para garantizar la paz social. Pero, insisto, de poco vale mi percepción en esta oportunidad, cuando todo el tiempo la televisión, la radio y los diarios nos están llevando a un estado de profunda frustración colectiva. En rigor de verdad, informan sobre lo que nos preocupa a todos, no obstante lo cual algunos medios suponen que se viene el Apocalipsis. Sólo queda seguirla remando, hasta que pase el temblor. Punto final.  

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