14 de abril de 2020

No hay secretos: Habrá que empezar desde cero

Martes por la noche en la ciudad. Después de mucho tiempo, los argentinos hemos escuchado hablar nuevamente del dólar. En el contexto actual, me resulta totalmente irrelevante que el billete suba hasta la estratósfera, ya que nunca he ahorrado en dólares, ni pienso hacerlo. Mi vida no se basa en la especulación para obtener una ganancia, siempre he trabajado (algunas veces más, otras menos) para ganarme el mango. 

La verdad es que no pensaba escribir nada por tiempo indeterminado, pero quiero decirles a todos que no voy a aflojar, y les aconsejo a ustedes que en la medida de lo posible hagan lo mismo. Esta crisis es sanitaria, pero también económica. Tengo la chance de trabajar desde mi casa, y de hacer notas o entrevistas porque quienes nos dedicamos a la prensa tenemos libre tránsito. Hoy más que nunca, hay que hacer una profunda revisión de nuestras prioridades, porque si salimos vivos de esta y seguimos como si nada hubiera pasado, si no valoramos todo lo que hoy ansiamos hacer y no podemos, no hemos aprendido nada. Y la ansiedad nos desborda a cada momento, porque no hay certezas, ni plazos, no hay nada. Bajo esas condiciones, es normal que esto nos suceda. 

Lo fundamental es garantizar el pago de los sueldos, y las fuentes de trabajo de quienes no pueden laburar por la pandemia. Que el Estado deje de ser una gran caja de la burocracia y se ponga en un rol preponderante para lograrlo. Porque hay muchos miserables, pobres de espíritu, que piensan sacar provecho de la desgracia. No les demos de comer a esas lacras. En un país con una notoria fragmentación social, vemos gente que almacena alimentos y que va a comprar todos los días, mientras otros apenas tienen para comer lo justo. Y es entonces cuando empiezan a despotricar con "los planeros", y tantos calificativos de cuarta, porque quienes utilizan esa jerga despectiva se creen que a ellos nunca les tocará estar en el fondo de la olla. No se dan cuenta de que si nos hundimos, nos hundimos todos. La única forma de salir de ésta es con un gran pacto social, algo utópico de conseguir, pero hablando claro. Los pobres no son "los que menos tienen", son pobres. Los que están un poquito más arriba se jactan de creer que se salvarán, como si fueran los elegidos del Arca de Noé. Va a llevar años revertir esta crisis, que muchos comparan con la Gran Depresión de 1929. De manera que esto va para largo, porque aun levantada la cuarentena, no alcanzarán los cuatro años de Fernández para que salgamos a flote. Y si perdemos el tiempo en discusiones estúpidas, será más cuesta arriba. 

Limpiemos la mente de pensamientos huecos y de ideas reaccionarias. Imaginemos que es una habitación abandonada, llena de cosas que necesitamos ordenar. Si ordenamos un poco el bocho y conseguimos analizar aquello que realmente importa, habremos dado un gran paso para salir de la mediocridad. Punto final. 

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