Comenzamos a transitar la segunda quincena del mes. Hoy me toca grabar un nuevo programa para la tele, que estimo que será uno de los últimos de la temporada, ya que no nos queda mucho margen en lo que resta del año. Durante este ciclo me costó bastante sostener una regularidad y tratar de no repetir invitados. Para el 2026 espero continuar, pero creo que es necesario actualizar un poco el formato, y si algunos de los futuros invitados son artistas o músicos, me gustaría que pudieran difundir lo que hacen en el estudio. Es decir, que puedan cantar o ejecutar un instrumento. Lo que pasa es que el espacio es chico, y tenemos algunas limitaciones técnicas. Veremos cómo se puede resolver.
Ha pasado mucho
tiempo desde el debut. Fueron seis años que tuvieron un poco de todo: En mi rol de conductor, creo
que en ese lapso he podido mejorar, sobre todo para que lo que salga al
aire tenga un resultado más prolijo. No me interesa lucirme haciendo una
pregunta o metiendo algún comentario casual, porque entiendo que dentro de una
entrevista, el protagonista es el invitado. A lo largo de 6 años, me ha tocado
de todo: Gente que no tiene ninguna intención de hablar, otros que son lo
opuesto y hablan hasta por los codos, algunos más amables y simpáticos, otros
que no se sueltan del todo y que prefieren mantener distancia del periodista.
El laburo de
producción, que por lo general no se ve, puede llegar a ser agotador. Hay que
contactarse con la persona que pensás entrevistar para invitarla a participar,
a lo cual seguramente te preguntará qué temas se van a abordar en el ciclo. Superado
ese obstáculo hay que consensuar o negociar un horario, cuando se llega a un
acuerdo, hay que decirle al productor si tiene disponibilidad para grabar, y en
caso de que la respuesta sea negativa, se vuelve a foja cero. Si la persona que
vas a entrevistar es un amigo o conocido, tenés una mayor libertad respecto de
los temas que van a surgir en el desarrollo del programa. En cambio, si no la
conocés lo suficiente, es más útil anotar algunas preguntar para no ir tan
“crudo”. Cuando hay muchos cabos sueltos o no tenés nada preparado, aumentan
las probabilidades de que las cosas salgan mal, porque después te enredás solo,
o quizás una pregunta que a priori daría para ser respondida más ampliamente,
termina reducida a un monosílabo.
En los 20 años
que llevo de profesión, he hecho muchas entrevistas, mayormente para la
gráfica, y siempre uso el grabador para registrar la conversación. Cuando llego
a mi casa, hago una transcripción y voy puliendo ese material. Cualquiera que
se dedique a los medios está expuesto a una mayor presión, porque tiene un
alcance masivo y llega a una audiencia heterogénea. En el ejercicio del
periodismo no todas son rosas. Si no podés esgrimir argumentos sólidos o
convincentes, cualquier discusión que haya que dar puede significar una
derrota. No es relevante si el periodista está de acuerdo o no con lo que dice
el entrevistado. Pero si se trata de un dirigente político, o un sindicalista,
por citar algunos casos, es normal que surjan diferencias de criterio, o que
aparezcan dentro del diálogo aquellas preguntas básicas que el común de la
gente se hace cuando quienes integran la clase política viven con todo el lujo
y ostentación uno se pueda imaginar, sin poder justificar su patrimonio. Los
políticos en general tienen un “speech” armado y es difícil que se saquen el
cassette, pero si entendemos que la función del periodismo es ser esclarecedor
en la polémica, podemos advertir con mayor claridad por qué no puede haber
preguntas que ese dirigente o funcionario se niegue a responder. Yo veo a
muchos colegas de los canales de noticias buscando sacar chapa de paladines de
la justicia, y la verdad es que se puede preguntar lo que sea necesario con
respeto, sin la intención de sobresalir, como mencioné antes.
Si un funcionario
de la Muni va al estudio, hay que transmitirle las quejas y reclamos de los
vecinos, porque los lobenses estamos pagando tasas cada vez más altas para
solventar los servicios que se prestan desde la Comuna. Creo que la actual
gestión hoy tiene muy poco para ofrecer. Cuando asumieron en 2015 se notaba que
había otro impulso, pero desde aquella época han pasado 10 años y parece lo
único que hacen es la plancha. El desgaste y la falta de iniciativa son
notables, aunque debo reconocer que el área de Cultura ha crecido
muchísimo, con actividades casi todos los fines de semana, sumado a la oferta
de cursos y talleres gratuitos. No obstante, para que más gente pueda
aprovecharlo, deberían utilizar otros canales de difusión que no sean solamente
las redes sociales. En ese sentido, la cartelera de funciones de cine y teatro
también hay que promoverla desde otros medios para apostar a una audiencia más
amplia.
Retomando lo que
decía al comienzo, y pese a las dificultades que se presentaron, puedo decir
que estoy cerrando la sexta temporada de “Café Doble” con buenas perspectivas.
No fue un año fácil, y para salir en cámara tenés que estar con tu mejor
semblante. Si el año que viene se da la posibilidad de continuar, será una buena ocasión para implementar algunos cambios, sin desvirtuar el espíritu que siempre ha
tenido el ciclo. Tengo dos meses de receso para pensar, así que todo está por
verse. Nos estamos viendo pronto. Punto final.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario