21 de enero de 2026

Mitad de semana, pensando en el futuro de la ciudad

 

Miércoles 21 en la ciudad. La semana arrancó con una jornada bastante fresca, hubo temperaturas muy bajas por la mañana (entre 10 y 15 grados), un fenómeno poco frecuente en pleno verano. Con el transcurso de los días, el termómetro fue subiendo, y crece la amenaza de una nueva ola de calor. Desde un análisis objetivo, podríamos afirmar que quizás este verano no sea muy diferente a los anteriores. Pero debemos entender que el cambio está en uno mismo, más allá de que algunos hayan salido a vacacionar y otros continúen estoicamente con la rutina del año pasado. Finalmente, la semana próxima voy a reanudar el programa de tele, será la séptima temporada en el aire, lo cual siempre representa un gran desafío a nivel personal. El principal objetivo es brindar a la audiencia la posibilidad de conocer la silenciosa labor que realizan muchos vecinos. Por supuesto, otro aspecto en el que debo trabajar es en renovar la grilla, para tener la participación de invitados que no hayan estado antes. No es tan fácil como parece, porque el formato sigue siendo el mismo, y a veces se complica lograr el resultado que uno espera. Pero este es el momento de hacer un mayor esfuerzo, precisamente porque en esta época muchos se han tomado un descanso y cuentan con una mayor disponibilidad horaria. 


Tenía la posibilidad de empezar un poco más más tarde, a partir de febrero, como fue en 2025, pero ello no hace a la diferencia, creo que lo importante es generar un buen clima en el estudio para que la gente se sienta cómoda y distendida. Si algo no sale bien, se puede editar, esa es la ventaja que ofrece un programa grabado. No obstante, en alguna ocasión estaría bueno pensar en salir en vivo, o en hacer un programa especial si la situación lo amerita. Lo que no quisiera que pasara es tener que renegar otra vez con los horarios de grabación, o lidiar con imponderables que nunca faltan, pero que no te predisponen de la mejor manera. Uno se da cuenta enseguida cuando la entrevista fluye, porque ni vos ni el invitado están mirando el reloj, la charla es amena, e incluso quedan temas pendientes porque no alcanzó el tiempo. Yo prefiero eso, antes que tener que remarla para poder cumplir con una duración de 40 o 45 minutos que parecen no llegar nunca.


El año pasado invité a varios referentes políticos porque tuvimos elecciones y estábamos en una coyuntura propicia para hacerlo, pero obviamente, en ese aspecto, este año será más tranquilo, es una etapa de transición donde los intereses del público son diferentes. Sea como fuere, para mí la prioridad siempre estuvo en dar a conocer historias de lobenses solidarios, porque si hay algo que me hace creer que no todo está perdido, es labor de tantos conciudadanos de bajo perfil que siguen apostando por una sociedad mejor. Donde no llega el Estado, por desidia o por indiferencia, ellos vienen a suplir esas carencias. Si no hubiera necesidades, no habría motivos para que existan merenderos, o colectas para asistir a alguien que requiere una intervención médica de alta complejidad. Por eso, creo que desde los medios podemos dar una mano brindando difusión a los festivales o eventos que se organizan para recaudar fondos. Después cada uno decidirá si quiere colaborar o no.


En fin, si hay algo que puedo rescatar, es que se ha reactivado la agenda. A partir de hoy, tengo casi todos los días ocupados. Conseguí gestionar algunas entrevistas con funcionarios municipales, y la idea es que esos encuentros sirvan para evacuar las dudas y consultas que la mayoría de los lectores suele tener. Más allá de lo que cada uno piense, todo lo que me permita sumar material a la producción periodística es bienvenido. No siempre se da la ocasión de hablar mano a mano con una determinada autoridad política. Por ese motivo, creo que es conveniente llevar anotadas algunas preguntas que se vayan a hacer, porque de lo contrario la conversación puede terminar en cualquier lado y lo único que se logrará es desperdiciar una oportunidad casi sin darnos cuenta. 


En lo que respecta al turismo, Lobos se va posicionando a nivel regional, pero todavía queda mucho por hacer. En los últimos años, el mayor porcentaje de visitantes provino del Gran Buenos Aires, pero como el servicio ferroviario no está funcionando, ha habido una merma de ese segmento de la población, que por lo general iba a la Laguna a pescar o a pasar el día y regresaba en el mismo tren del que había partido. La ausencia de trenes no sólo trae consigo estos efectos colaterales, sino que también nos provoca una gran incertidumbre. Estamos cada vez más incomunicados, yo no sé si el ferrocarril sigue siendo un emblema de progreso, pero con los millones que se han gastado en la renovación y reparación de las vías, lo menos que se puede esperar es que las formaciones puedan hacer su recorrido a una velocidad crucero, para que los pasajeros puedan llegar a destino en un plazo razonable. Para pensar seriamente en Lobos como un pueblo turístico, es necesario que sus habitantes sepan cómo tratar a quienes nos visitan, de forma tal que se sientan a gusto y tengan el deseo de volver en un futuro. Entre otras cosas, hay que ofrecer precios competitivos, y sumar espectáculos gratuitos que fomenten una estadía larga. Por lo tanto, si queremos que los turistas elijan nuestra ciudad, tenemos que brindarles una variedad de recursos que puedan adaptarse a todos los bolsillos y presupuestos, tanto a los más “gasoleros” como al Premium que se va a pernoctar en un Spa. Es un tema que siempre me resulta interesante de abordar, porque si realmente nos desvela alcanzar un despegue definitivo, resulta fundamental que seamos conscientes de nuestras fortalezas y limitaciones. Nada se construye desde la improvisación. Ser buenos anfitriones es un factor clave para que el visitante no sienta que alguien le está metiendo la mano en el bolsillo, y eso es apenas el comienzo. Ya habrá novedades para este boletín. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

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