14 de marzo de 2013

Lobos, ayer y hoy

Hace unos días tuve una pequeña polémica con un amigo, quien  afirmaba enfáticamente que Lobos ya no es un pueblo chico. Para mí, más allá del crecimiento demográfico y de la urbanización de los últimos años, lo sigue siendo. Y tiene que ver con las actitudes, con las formas, que no siempre es tan halagüeña como nos quieren hacer ver. Aquí es muy difícil tener privacidad: todo el mundo sabe qué hacés, de qué trabajás, adónde vas, y qué ideas políticas tenés. La gente que se regodea hablando de la vida ajena te ensucia con calumnias e infamias, inventa rumores que van circulando de boca en boca (y de celular en celular) y que como una bola de nieve no se pueden detener hasta que el aludido haga algún pronunciamiento público desmintiendo la especie. Estamos acostumbrados a la hipocresía, a ver cómo las personas más infames tienen asistencia perfecta a la Misa de los domingos o cualquier otro culto religioso cuando en su vida diaria dedican sus días a cagar a los demás con la usura, las cuevas financieras, la estafa y la avivada, o lo que fuere. Por supuesto, habrá casos innumerables en los grandes conglomerados urbanos, pero allí a nadie le importa nada de nadie, cada uno hace la suya, y de algún modo todos son anónimos. 

Es gratificante sentirse parte de un barrio y mantener  relaciones cordiales con tus vecinos, pero las reglas de buena convivencia se fueron al carajo y -por otra parte- no queda casi nada de aquellos años donde los chicos podían jugar en la calle a cualquier hora, donde había verdaderas "amas de casa" y no mujeres polifuncionales que no se hacen cargo del cuidado de sus hijos y contratan niñeras. En estos tiempos de fervorosa militancia feminista, sigo sosteniendo que esas mujeres, esas amas de casa a las cuales me refiero, no se sentían subestimadas ni disminuidas en su condición de tales, sino que se encargaban con dignidad y orgullo del cuidado y sostén del hogar mientras el marido trabajaba. 
Con el paso del tiempo, los nuevos paradigmas hicieron que en muchos hogares ambos cónyuges deban trabajar para poder mantener a la familia, o bien lo hacen porque cada uno desea manejar su propio dinero, pero hoy las costumbres se han vuelto demasiado heterodoxas. La mujer consiguió importantes conquistas sociales en el último siglo, no obstante lo cual muchas de ellas no asumen el rol de madre y esposa y creen que formar una pareja es una empresa o una sociedad anónima. Del mismo modo, hay padres abandónicos, que no reconocen la paternidad de sus hijos, que no cumplen con la cuota alimentaria. Qué equivocados que estamos, digo esto sin ser moralista ni puritano, pero – ante todo- cuánto nos falta aún para comprender que la educación de nuestros hijos comienza por casa, como sostiene el ex presidente uruguayo “Pepe” Mujica.    

Disco recomendado del día: Bob Dylan, "Tempest" (Sony Music, 2012)

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