18 de marzo de 2020

Capítulo 1: La tristeza también es contagiosa

Estoy sano, pero al límite de mis fuerzas. Sinceramente, nunca viví una situación como la que los argentinos estamos afrontando. Desde la faz profesional, trato de informar con claridad para que la mayor cantidad de lectores puedan adoptar las medidas necesarias. Pero insisto, si bien en mi vida me ha tocado pasar por muchas cosas ingratas para comunicar, esto me supera. Me cuesta dormir, me cuesta desenchufarme por un rato y ver una película, porque a cada rato "caen" una catarata de mails y mensajes de WhatsApp de autoridades sanitarias, además de nuevos decretos y comunicados. Creo que el Presidente Fernández ha tomado las decisiones correctas, y es una tontería ya pensar que hubiera pasado si esto hubiera sucedido durante el gobierno del "Gato". El ejercicio contrafáctico de la historia es inútil para estos casos. Estamos en el aquí y ahora, en un 2020 que promete un crudo invierno, un año maldito que no será recordado de la mejor manera en la memoria colectiva. 

Yo no puedo permanecer en cuarentena, tengo que salir a la calle a trabajar, tomo las prevenciones que el caso requiere, pero no puedo parar la actividad laboral porque vivo de esto. Y seguramente esta economía a media máquina me causará un perjuicio económico importante, porque los comercios que no puedan facturar como lo venían haciendo habitualmente achicarán o recortarán gastos de pauta publicitaria. Este es el marzo más duro y difícil que yo tenga memoria. Estamos viviendo el "Nuevo Orden Mundial". Los países más desarrollados muestran una vulnerabilidad inusitada, los enfermos mueren como moscas, no hay respuestas, no hay vacuna aún, no hay nada. Sólo desesperación, y la zozobra de despertarse cada día viendo que esto va para peor. Los memes por facebook se vuelven repetitivos e insoportables, casi ni entro a las redes por ese motivo. La gente comparte cualquier cosa, o bien "copia y pega", se viralizan imágenes que ni siquiera son de la Argentina. Nos llega un audio de WhatsApp que nadie sabe de dónde salió y un comerciante chino tiene que salir a desmentir a los medios que familiares suyos hayan ingresado recientemente al país. Los negocios no venden nada, la economía se derrumba, aquel que puede acumula provisiones como si fuera el diluvio universal o se las fueran a llevar al Arca de Noé. Nada de eso existe. Sólo el reflejo que una sociedad enferma, que tiene las prioridades trastocadas, enferma de antemano porque la pandemia sólo mostró la peor cara de las miserias argentinas. Yo no voy a bajar la guardia, seguiré informando todo lo que esté a mi alcance, pero créanme que uno también está agotado. Más de uno va a tener que hacer terapia por largo tiempo para superar esto. No es un desastre natural como una inundación, es un virus letal (aunque de baja tasa de mortalidad) que nos acecha con las noticias desde que suena el despertador hasta que llega la noche y tratamos de pegar un ojo. Disculpen si estoy haciendo un poco de catarsis. Punto final. 

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...