7 de noviembre de 2021

Cuándo tenés que insistir y cuándo no?

 Cuando me propongo un determinado objetivo, no me doy por vencido hasta agotar todas las instancias posibles. Ese rasgo obsesivo de mi personalidad trato de capitalizarlo para insistir todas las veces que sea necesario (en metas útiles y razonables).

 Cualquier trámite ante la administración pública es engorroso y lleva tiempo, y hay que armarse de paciencia para soportar la "amansadora". Porque lo que los tipos buscan, es que te canses y no vayan más, así continúan rascándose las bolas y tomando mate. Por lo tanto, muchas veces el que les termino ganando por cansancio soy yo. Están tan hartos de verme en la "oficinita" reclamando por lo mismo, que no les queda otra que ponerse a laburar. 

Cuando tengo que hacer las cobranzas, no todos los anunciantes pagan en término, porque no pueden o no quieren. Te dicen: "pasate el día X". Y yo voy el día X, porque es plata que recibo por un servicio que estoy prestando. Si un cliente pide una nota publicitaria, o lo que en la jerga se denomina "publinota", hasta que el trabajo no está terminado no paso a cobrar nada, aun cuando me ofrezcan abonarme por adelantado. Lo principal es que haya conformidad y confianza entre ambas partes. En un par de ocasiones me pasó que hubo gente que me otorgó la publicidad, me pagó un mes y nunca más. En primer lugar, si tenés algo de cerebro, debés saber que nadie hace una pauta por un mes en un diario digital, salvo en las campañas políticas, y por eso se cobran más caro. Pero para el anunciante común y corriente, las cosas son distintas. No me interesa cómo se maneja publicitariamente la radio de Fulano de Tal, eso no corre por mi cuenta. En mi caso, desde el momento en que llegamos a un acuerdo, el compromiso mínimo que asumís es el de sostener el aviso por tres meses. Transcurrido ese plazo, si querés te borrás y seguimos siendo amigos como siempre. Es una de las primeras cosas que le hago saber al potencial cliente, para luego no tener sorpresas desagradables. 

Me he encontrado varias veces con aquellos que me quedaron debiendo y que argumentaban no tener guita para pagar una tarifa irrisoria, en los bares más caros de Lobos. Vos podés hacer lo que quieras con tu dinero, pero antes pagá lo que debés. Igual, para no generar una situación incómoda en un lugar público, no les hice una escena. Les hice la cruz: Nunca más cuenten conmigo para nada. 

Y en el periodismo, hay momentos en que es necesario negociar, pero no en nada turbio o reñido con la Ley. Me refiero a que no todo el mundo acepta enseguida concederte una nota o una entrevista, y hay que ir buscando por distintos atajos para lograrlo. Claro que si se trata de un "off the record", hay que respetar ciertas cuestiones éticas. Si el tipo te dice: "Esto no lo pongas", pues entonces no lo hago. En todo caso, se puede conseguir que esa persona te autorice a publicar parte de sus declaraciones como si fuera un trascendido o un rumor. He pasado 40 minutos o más hablando con alguien y cuando me dispongo a escribir, no puedo sacar nada en limpio, sobre todo si se trata de políticos entrenados en hablar sin decir nada en concreto.

 Y debo decir, a modo de anécdota, que alguna vez me ocurrió lo que nos ha sucedido a casi todos quienes nos dedicamos a esto: el grabador se quedó sin pilas, o lisa y llanamente no las tenía, por lo cual no tenés ningún registro de lo que esa persona te dijo. Por supuesto, lo más sensato es hacerse el boludo (sería una torpeza y un ridículo divulgar algo así), y tratar de reconstruir la charla como se pueda. Lo apasionante de esta profesión, es que tiene muchos trucos que vas descubriendo a medida que te vas consolidando. Muchos de ellos me los guardo para mí, no por egoísta, sino porque fueron herramientas que fui forjando.

El periodismo te permite, además, explotar una veta literaria en determinadas notas, porque, como decimos popularmente, uno no tiene "la máquina de hacer chorizos", y realmente resulta un fiasco que una nota sea parecida a otra que vos mismo escribiste antes. Hay una estrecha ligazón entre literatura y periodismo, pero no es taxativo. No significa que todos los tipos que escriben para un diario o una agencia de noticias puedan volcarse a la ficción. Probablemente tampoco les interese. Es más fácil, sí, narrar hechos reales pero bajo el contexto de una historia de ficción, pero ese material no me termina de convencer. No leería algo así. 

Los cuentos que estoy escribiendo, carecen totalmente de cualquier vinculación con hechos verdaderos. Puede haber lugares o nombres que sí lo sean, pero no más que eso. En fin, en eso estoy, tratando de pulir los detalles finales y ansiando que el manuscrito entre a imprenta, lo cual no sucederá sino hasta marzo de 2022. Entre las elecciones y las Fiestas, la gente está en otra cosa y no hay margen como para hacer una presentación. Lo que sí espero, es que no se estire más de esa fecha. Tendremos que ver cómo evolucionan los acontecimientos, porque de acá a cinco meses, todo puede pasar. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

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