21 de noviembre de 2021

Fragilidad

Domingo por la tarde en la ciudad. Trabajo casi todo el tiempo con la computadora y el celular. Esto hace que a veces necesite desconectarme de todo, apagar el teléfono y buscar distensión mirando tele o leyendo algo. Ojo, tampoco soy un ejecutivo, de esos que andan con dos celulares que nunca paran de sonar y están a mil. Pero, si estoy tomando algo con un amigo o con quien sea, sólo respondo alguna llamada o mensaje urgente, por respeto a la otra persona. Y espero, obviamente, una reciprocidad. Si vos estás pendiente de un aparato y no me prestás atención, no tiene sentido mantener una conversación que se ve interrumpida a cada rato. No es posible hablar seriamente en esas condiciones. Entiéndase por "seriamente", temas que revisten cierta complejidad, o que son sensibles. Si recibo ese trato, no considero que sea gente digna de ser conocida para establecer ningún tipo de relación. 

Tema 2: Mientras me cebo unos mates, voy preparando todo para laburar en lo que resta de este finde largo. Todo parece indicar que la jornada de este domingo será particularmente extensa, pero estoy acostumbrado. Simplemente debo hacer lo que me corresponde y listo, una vez que ya cumplí con todo y que todo el contenido fue publicado en la página, me siento más liberado. Siempre habrá algún párrafo por revisar o corregir, pero la mayor parte del laburo ya está terminada. Más allá de las tareas cotidianas, de a poco quiero ir redondeando un fin de año que me deje un saldo positivo. En 2020, estuvimos mucho peor, y todos sabemos por qué. No es que nuestras autoridades tengan un plan económico o productivo, ni soñemos con eso. Hay una puja interna sobre seguir pagándole al FMI o no, que es fogoneada por sectores más radicalizados del propio oficialismo que utilizan a Fernández como "punching ball" o como un sparring (siguiendo con la metáfora boxística), una supuesta ofensiva según la cual lo único que hay que seguir haciendo es pegarle lo más posible. Algunos también le llaman "fuego amigo". Durante muchos meses me dediqué demasiado a analizar la política local, por lo tanto ya no hay mucho que agregar al respecto. Quizás si ocupara una posición dirigencial (algo que nunca va a ocurrir), seguiría metido en la "rosca", pero no. Mientras los periodistas teorizamos, analizamos posibles escenarios, en ese vano intento por decodificar la realidad, lo que ocurre es que esa misma realidad te va pegando cachetazos todo el tiempo. No por dedicarnos al periodismo, tenemos privilegios. Al menos, si hablamos de periodismo independiente. Habrá quienes siguen haciendo su negocio prostituyéndose profesionalmente al mejor postor, no me importa. Tengo la tranquilidad de saber que no es lo que yo hago. 

Hay candidatos locales que pusieron mucha guita en los medios con la expectativa de que ello los favoreciera en los resultados, algo que uno puede llegar a entender, pero en definitiva, sólo termina ganando un partido o coalición, y los demás muerden el polvo. Por supuesto, los servicios publicitarios que he prestado en la campaña siempre fueron orientados en conformidad de aquellos que depositaron su confianza (y su dinero). Pero yo no puedo "ayudarte" a ganar más allá de lo que está a mi alcance. Es así. Sí se puede, tratar de equilibrar la balanza para "salvar la ropa", es decir, para que -aunque no ganes-, las elecciones no sean un completo desastre para vos. Y aunque un año electoral te exige mucho, al abundar los espacios pagos, es una buena forma de juntar un poco más de guita en época de vacas flacas. 

Por eso, ni pienso en 2022, al menos por ahora, y ni siquiera me imagino cómo serán los acontecimientos, porque está visto que para quienes augurábamos un 2020 promisorio, la pandemia nos hizo trizas esa aspiración. No sé, a esta altura, si proyectar sirve para algo. Quizás no. Quizás, deberíamos honrar la memoria de todos los muertos que nos dejó este puto virus, y aprender a darnos un baño de humildad. Ya con eso, por sí solo, alcanza para ver la vida de otra manera y reconocer nuestra propia fragilidad. Punto final.   

No hay comentarios.:

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...