16 de mayo de 2023

Pasemos a otro tema

 Martes por la noche en la ciudad. Grabé un nuevo programa para la tele, realmente fue llevadero porque se dio una charla distendida y con alguien que conocía desde mucho tiempo antes. Pero a lo largo de estos 4 años, ha habido encontronazos, chicanas, situaciones tensas. Son los gajes del oficio. Eso pasa, por lo general, cuando entrevistás a políticos, aunque no es excluyente. Yo pregunto, con altura y respeto, lo que la misma sociedad me hace llegar, pero sin creerme vocero de nadie en particular. Ellos podrán confirmarlo o desmentirlo, y todo queda ahí. Se puede repreguntar o no, en el caso de que no haya quedado claro lo que expresó. Pero a veces se pasan de rosca, porque como no la ven venir, reaccionan con cierta virulencia que sería mejor que la destinaran a defender otro tipo de causas más nobles. 

Asimismo, se puede empatizar con el invitado y tener buena onda, pero no ser complaciente o condescendiente. Habrá quienes lo hacen, pero para mí ya es un exceso que roza la falta de ética. En definitiva, los protagonistas son los invitados, como he dicho varias veces. Yo conduzco el programa y busco llevarlo a un punto donde no se termine saliendo de cauce. Es frecuente que un tema derive en otro, si el invitado tiene algo de picardía y oportunismo. Entonces, cuando termina la grabación de das cuenta de que un puñado de preguntas esenciales quedaron pendientes, y si se da esa situación sentís que te "madrugaron" como periodista en medio de la verborragia. 

 Ya habrá tiempo de sobra para dedicarse a cubrir la campaña. No es momento de tomar decisiones apresuradas. Todo se resuelve según quién esté dispuesto a pagar por el espacio, porque es un servicio publicitario que tiene su precio como ha sido en los años electorales previos. Como la plata se devalúa constantemente, no sería oportuno pasar un presupuesto hoy (en el caso de que me lo pidieran). En realidad, para todo tipo de actividad, fijar un presupuesto para algo que se va a concretar en 2 meses, es arriesgado. Básicamente porque vas a laburar a full para salir "hecho" y apenas salvar la ropa cuando finalice todo el proceso y hayas cumplido con lo acordado.

Otro tema:  Recuerdo que, allá por el año 2011, había mucha expectativa entre los lobenses por la posible radicación del emprendimiento avícola "Cresta Roja". De concretarse, hubiera sido una excelente noticia, porque hacen falta fuentes de trabajo. Pero todo quedó en un anuncio para los titulares de los diarios de aquel entonces, no se avanzó nada y el tema pasó prontamente al olvido. Quién iba a decir que en 2016, cinco años más tarde, esta empresa, uno de los establecimientos emblemáticos del sector, entraría en quiebra, con el despido de miles de trabajadores. Pero si de proyectos faraónicos hablamos, acá en Lobos tenemos varios. Por citar algunos: La supuesta construcción de un hotel de la cadena Howard & Johnson; un hotel boutique en Salvador María; un casino en la Laguna, y hasta un aeropuerto en el predio del Aero Club. Había que pecar de ingenuo como para creer que cualquiera de todos estos proyectos que enumeré podría plasmarse en los hechos. Uno más disparatado e inviable que otro. Nunca se tomó seriamente y como política de estado (a nivel municipal) la radicación de emprendimientos o industrias. Reitero, no se avanzó absolutamente en nada. Y es una gran decepción comprobar que seguimos hundidos en la misma ciénaga desde hace 30 o 40 años, sea cual fuere el gobierno de turno. 

Todos los candidatos han hecho campaña alguna vez en torno a un parque industrial, pero no pasó de una mera expresión de deseo. Hay ciudades más pequeñas que la nuestra que sí lo tienen, y acá seguimos esperando que algún iluminado haga lo que corresponde. Es falso que no hay terrenos fiscales: Para ser precisos, hay alrededor de 200 lotes, que quizás estén dispersos y por ese motivo no alcancen a abarcar un solo predio de varias hectáreas. Pero me inclino a pensar que como nunca a nadie le importó, tampoco tendremos buenas noticias en el futuro.

En principio, habría que garantizar la provisión de energía, gas y agua para el abundante consumo que requiere un espacio físico destinado a fábricas. Pero además, es imperioso reformular o readecuar la zonificación para que ese lugar esté lejos de la planta urbana y de fácil acceso a las rutas. Dicho de este modo parece muy elemental, pero son factores que no se han tenido en cuenta, vaya uno a saber por qué. Lo que hay en nuestra ciudad son en su mayoría industrias metalúrgicas o fundiciones, que ofrecen sus productos de hierro forjado a todo el país. Pero oportunamente la UOM denunció que muchos de los trabajadores eran contratados en negro y con salarios miserables, muy por debajo del mínimo. Como suele suceder, el tema generó comentarios durante un tiempo, pero luego desapareció de la agenda mediática sin que nadie investigara si efectivamente había trabajadores no registrados o en condición irregular.

 A quienes caminan poco la calle habría que recordarles que Lobos es mucho más que las diez cuadras del centro, donde los comercios y las calles lucen sus mejores galas. Cuando se empieza a recorrer los barrios periféricos, nos damos cuenta del verdadero rostro de la ciudad. Es un rostro que sólo aparece cuando en tiempos de proselitismo, cuando esos mismos candidatos van a “visitar a los vecinos”, porque necesitan votos y para eso sí no les importa el color de piel ni el país de origen, ni meterse en asentamientos precarios como si fuera una expedición de turismo aventura. Mientras tengan DNI argentino, es suficiente. No hay que escarbar demasiado para constatar que cuesta parar la olla todos los días, y que mucha gente está totalmente marginada y desclasada, porque no recibe ningún tipo de asistencia del Estado. Entiéndase por asistencia, el derecho a recibir los servicios básicos, a acceder a una tarifa social, y a la provisión de alimentos. El tejido social es muy complejo como para describirlo de un modo crudo y sin anestesia en una sola nota. Pero haré el intento en el próximo posteo. Nos estaremos viendo pronto. Punto final.

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