10 de junio de 2012

Cumpleaños

En este domingo soleado, celebro mi cumpleaños número 33. Cuando era pendejo, tenía otra idea del mundo de los adultos. Aún hoy, me encuentro a diario con ciertas cosas que me cuesta comprender. Por ejemplo, ver a gente que se autodestruye, no sólo consumiendo sustancias tóxicas, sino adoptando un estilo de vida que es propio de otra etapa. Es inútil engañarnos y pretender que los años no pasaron, o querer volver el tiempo atrás con esa nostalgia que (en el fondo) nos hace sufrir. No, señores. De ahora en más, ni un paso atrás. Afuera el rencor, la envidia, todas esas "emociones tóxicas". Aprendamos a olvidar las ofensas. Sabemos que como en todo pueblo chico estamos expuestos a comentarios malintencionados y sin fundamentos, pero hagamos nuestro camino. No voy a negar que es difícil... pero nadie puede vivir pendiente de la opinión de otro ni volverse un resentido. Por tal motivo, espero que estos 33 años vividos no hayan sido al pedo y que haya aprendido algo que me ayude a ser mejor persona. 


A veces estamos tan metidos en nuestros propios quilombos que no tenemos tiempo para socializar. Nos vemos desbordados de compromisos, de reclamos, de reproches. Y todo se junta para que no podamos sentarnos media hora a tomar un café con un amigo. Por eso, me parece saludable no perder el hábito de reunirnos para los cumpleaños. Es una manera de sentirnos más cerca de nuestros afectos. En muchos casos pasó el tiempo, cada uno siguió su camino, pero el vínculo con los ex compañeros de estudios permanece. No por nada compartimos cinco años de nuestras vidas dentro de un aula. En fin, no me quiero extender demasiado... que la pasen bien y mucha suerte!

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...