21 de octubre de 2012

Domingo lluvioso y con piano de fondo


Domingo por la tarde, Día de la Madre. Para cambiar el enfoque y no espantar al lector, optaré por no renegar sobre boludeces que ya enumeré en otras notas. En definitiva, son cosas de las cuales debo hacerme cargo y no queda otra alternativa que intentar lidiar con el desánimo, la pereza y la falta de concentración. Ayer traté de distenderme con la TV, pero cuando quise acordar me encontré haciendo zapping como un primate durante dos horas sin encontrar absolutamente nada que valiera la pena ver. Tampoco tengo mucho tiempo para leer libros que no sean del Profesorado, y ver una película implica situarse en un lugar donde no te jodan, sin distracciones, para poder seguir la trama con tranquilidad. Cuando puedo, por ejemplo, estoy viendo de a ratos la segunda parte de "El Padrino" (1974) en DVD, con una actuación magistral de Al Pacino. Si me pongo a pensarlo bien, me resulta mejor actor Al Pacino que Marlon Brando, aunque pertenecen a distintas generaciones. 


También recomiendo, como una forma de relajarse, escuchar buen jazz. Ya comenté una vez que me gusta mucho el piano, por eso para mí es un tesoro tener discos de Bill Evans o de Thelonious Monk. Recuerdo que cuando tenía nueve o diez años mis padres quisieron que tomara lecciones de piano, pero los resultados no fueron muy buenos, en parte porque detestaba aprender solfeo y además yo quería agarrar el piano "de una" y empezar a tocar, no me interesaba la teoría. Pero como es sabido, los autodidactas son una minoría: el resto de los mortales tenemos que tomar clases para aprender algo. Como decía Baglietto en una que sus más celebradas canciones: "actuar para vivir".


Mi capacidad de retener información útil no es la misma que antes, aunque memorizo los números y las cifras bastante bien. Me aburren soberanamente los sociólogos y pedagogos, excepto algunos grandes del pensamiento cómo Juan José Sebreli. Lamentablemente, no suelen ser objeto de estudio en carreras donde su modo de ver la realidad es esencial. Punto final.

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