2 de marzo de 2016

Marzo con frío

Definitivamente, habrá que decirle adiós a las remeras y las bermudas, porque los últimos días de febrero ya trajeron consigo un considerable descenso de la temperatura. Olvídense de la "ola de calor": todo parece indicar que cosa del pasado, por suerte. Lo que no deja de sorprenderme es la rapidez con que ya se ha consumido el casi el 25 % del año (tres meses). Este verano fue tan difícil de sobrellevar, que estuvimos más concentrados en buscar la forma de librarnos del calor que en otra cosa. Recuerdo que los últimos veranos no los había padecido tanto como este, en parte porque transpiro demasiado, quizás más de lo normal, y termino empapado, sobre todo en la cara, no así en el resto de mi cuerpo. Es frustrante tener que ir a cada rato al baño para refrescarte y lavarte la cara. Ahora que el verano dice adiós, llegó el momento de ir a buscar las bolsas con ropa de abrigo que tuve la precaución de guardar, y de reordenar el placard, para que el frío no me tome desprevenido. Este año compré dos o tres remeras, pero no más que eso, porque afortunadamente tenía ropa suficiente y en buen estado de la temporada anterior. Por otra parte, nunca me dejé guiar por la moda o las "tendencias". Por supuesto, no me voy a vestir como John Travolta en 1977, pero tampoco le voy a seguir el tren a lo que digan los demás. Hay colores que me cuesta asimilar, sobre todo aquellos más estridentes, como el amarillo o el rojo. Pero hay gente a quien le encantar lucirse con prendas de esos tonos. Yo suelo vestir remeras blancas, con algún diseño o inscripción, pero no mucho más. 

Estoy convencido de que la forma de vestir no es cuestión de edad, y salvo que los detalles sean muy groseros o evidentes, nadie tiene derecho a pensar que sos un ridículo por tu forma de vestir. Si considerás que tenés una contextura física adecuada para usar una bikini, ¿por qué no lo vas a hacer, aunque tengas más de 50? Es un poco difícil ponerse en el lugar del otro, sobre todo cuando hay tanta gente al pedo dispuesta a señalarte con el dedo porque hacés tal o cual cosa. Pero superando los prejuicios y sin joder a nadie, se puede hacer todo lo que vos estés dispuesto. La edad no es un limitante, o no debería serlo. Y eso puede hacerse extensivo a todos los órdenes de la vida, como el sexo, la práctica de actividad física, o los deportes. Punto final.

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