19 de febrero de 2017

Abrir la puerta a los nuevos medios de comunicación

Lunes por la noche. Estoy buscando sitios de Internet alternativos en los cuales informarme de la actualidad política, de lo que sucede a diario. Clarín, La Nación y Página/12 son más de lo mismo, aunque en teoría tengan líneas editoriales diferentes. Lo que ocurre es que la Web está saturada de páginas periodísticas, algunas casi desconocidas, y te podés tragar un sapo si la información que brindan no es confiable o está chequeada. Pero lo que hace falta, es el análisis de la noticia, alguien que con palabras concretas nos explique el posible impacto que un determinado hecho puede causar y cómo afectará nuestra calidad de vida. Tan simple y tan complejo como eso. Basta ya de Joaquín Morales Solá o de otros dinosaurios que se creen en un pedestal: es tiempo de apostar a las nuevas firmas que van escribiendo notas aquí y allá. Morales Solá, en particular, me resulta un tedio, no es que no entienda lo que pretende decir, sino que me aburre, porque nunca se ha jugado a tomar una posición, siempre ha sido demasiado ambivalente y mesurado. 

Claro está que los grandes medios tienen un presupuesto suficiente para brindar una cobertura informativa más amplia, que les permite enviar corresponsales al exterior, o acceder a los servicios de las agencias de noticias. Pero aún así, se siguen mirando el ombligo, quieren captar nuevos lectores cambiando el diseño, cuando lo importante es lo que está escrito, el contenido. Hoy por hoy, la mayoría de la gente lee los diarios por celular, o por algún dispositivo similar. El diario en papel quedó reducido a los bares o a las mesas de café. Un golpe a la nostalgia, digamos. El tiempo que le dedica cada lector a una publicación varía según el impacto del titular y de la foto. En la vorágine que vivimos, la gente cada vez lee menos. Predomina lo audiovisual: la televisión, el cine, los videos de You Tube. Por eso es que los políticos y candidatos perciben este cambio de hábitos y cada vez invierten más dinero para hacer campaña por Internet, sobre todo en las redes sociales. 

Esta historia tiene final abierto: no puedo precisar si esta tendencia es irreversible, o si habrá algún cambio en los años sucesivos que le otorgue valor al texto impreso. El Grupo Clarín tiene otros negocios más allá del diario que lleva su nombre, de modo que llegado el momento no se verá perjudicado. Otros medios nacionales se sostienen en base a intereses oscuros (siempre hay empresarios amigos que hacen "lobby"), o a pauta oficial.
El acceso a la cultura no es caro en sí mismo, afortunadamente todavía hay espectáculos gratuitos o a un precio razonable. Pero pensemos en los libros. En la actualidad, un libro "best seller" cuesta más de $ 300, con lo cual no está al alcance de cualquiera. Por eso en tal caso, una buena opción es aprovechar las colecciones que vienen con los diarios, y que ofrecen textos de autores consagrados a un precio mucho menor. Punto final. 

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...