16 de abril de 2014

Hagámonos cargo del infame 2001

Recuerdo que en 2001, más allá de la crisis y de la recesión, la mayoría de la sociedad permanecía indiferente ante lo que estaba ocurriendo. Como bien me dijo un amigo, "los argentinos sólo reaccionamos cuando nos tocan el bolsillo". Cuando asumió nuevamente Cavallo como Ministro de Economía, yo pensé: "Bueno, este tipo nos metió en esto, vamos a ver cómo nos saca adelante". Pero ni Cavallo, FMI, eran los mismos que en la década del 90. Mientras aquí seguíamos viviendo como si nada sucediera, con la mayoría de la clase media fascinada con el flamante reality "Gran Hermano", todo empezaba a derrumbarse. Tanto La Nación como Clarín se cuidaron muy bien de ser mesurados y hasta complacientes con el gobierno de De la Rúa, hasta el desenlace que todos recordamos. Ya no se podía tapar el sol con una mano. 

En su libro "Pecado original", la periodista Graciela Mochkosfky, sostiene que José Claudio Escribano, Editor de La Nación, le dijo a De la Rúa que, a cambio de apoyar desde el diario su efímero Gobierno, debía romper relaciones diplomáticas con Cuba. Los hechos demuestran que así fue, y que también intervino en el pedido el Embajador de EE. UU.
Una de las cosas que me provocó mayor vergüenza de aquel 2001 ocurrió en septiembre. Yo trabajaba en una escuela rural, como suplente. Por orden de De la Rúa, la Bandera Nacional fue izada a media asta en "solidaridad" con los atentados ocurridos en EE. UU. Los chicos no entendían el motivo, y yo no me lo podía explicar. Un país que siempre nos traicionó, nos cagó, y apoyó al Reino Unido en la Guerra de Malvinas, recibió ese "gesto" totalmente fuera de lugar. En cambio, cuando ocurrieron los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, ningún edificio público de EE. UU. tuvo sus banderas a media asta. Una muestra más de la genuflexión de De la Rúa. 

Es cierto que Menem le dejó una legado muy difícil de resolver en un corto plazo. Pero también es cierto que, en lugar de afrontar el costo político de una devaluación que era a todas luces necesaria, aquel Presidente autista mantuvo la Convertibilidad hasta que la situación no dio para más por la fuga de dólares que se produjo y que resultó incontenible. También es verdad que no contó con un salvataje financiero del FMI como lo tiene Macri, para sostener la economía. Pasaron los ministros, uno más inútil que el otro, entre ellos Patricia Bullrich (primero menemista, luego delarruista, y ahora macrista o no se qué). Pero el tiempo se iba agotando. Como todo en la vida, nada es eterno. Punto final. 


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