21 de septiembre de 2019

Necesitamos un poco de tranquilidad

Hay días en que siento más motivación a escribir, y otros en los que me vence el cansancio o el desgano. Si yo quisiera, podría abandonar este blog como si nunca hubiera existido, pero la intención de conservarlo está dada en mi deseo de expresarme, de hacerme escuchar aunque haya 20 o 30 personas que lo lean regularmente. No claudicar tiene que ver con eso, con seguir y no darse por vencido pese a las dificultades. Tengo confianza en que lograremos pasar este mal trago que estamos viviendo  lamayoría los argentinos, y vendrán tiempos mejores. No sé si es confianza, ingenuidad o ilusión, pero si querés perseverar, tenés que saber que en este país puede pasar de todo y por lo tanto vas a tener que afrontar lo que venga. La prosperidad y la crisis. El bienestar y el estrés constante de no saber qué tsunami está por venir. 

No nos criaron para vivir en el reino de lo imprevisible, fuimos aprendiendo cómo venía la mano cuando empezamos a laburar y vimos que con la guita que ganamos tenemos que tirar todo el mes como sea, y si no se llega con la plata necesaria habrá que ajustar hasta el último centavo para conseguir ese cometido. Hay varias personas que, como yo, todavía no podemos alquilar e independizarnos plenamente, porque no nos dan los números. Y es frustrante, claro que sí. Nuestros padres, a esa edad (30-40) ya tenían la vida resuelta, como suele decirse. Nosotros no, porque nos tocó transitar otro contexto, otro modelo de país que no alienta el desarrollo social. Los sindicatos negocian con el gobierno la suerte de millones de afiliados entre gallos y medianoche. 


Me cansé de discutir con la gente por boludeces. No importa quién tenga la razón, se trata de una actividad a todas luces desgastante, en la cual los sujetos pierden horas que podrían dedicar a acercar las posiciones que parecen irreconciliables. Hay que partir de las coincidencias para luego hacer foco en las diferencias, y no al revés. Pocas son la veces en que alguien reconozca: "Tenés razón" ante un debate. Por lo general, cuando se encuentran ante argumentos irrefutables, buscan instalar dentro de la conversación un tema relacionado y que genere una nueva chance de reanudar la disputa. Es así como se separan parejas, se pierden amistades de años, los vecinos no se saludan y los familiares dejan de reunirse para al almuerzo del domingo. A veces prefiero callar para evitar una polémica que no conduce a ningún lado y que a nadie le importa.

Todo esto, reitero, sucede porque la gente evita por todos los medios decir "perdón", por conceder en el otro cierta dosis de verdad. Suponen que ser testarudos y creer que humillar a alguien con lengua filosa los hace más fuertes. Satisfacer el ego, parece ser la premisa. Y a falta de medios más útiles para lograrlo, la gente discute, busca sacar ventaja como sea, ofende, molesta y agrede. Punto final.

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