28 de febrero de 2020

Pensar en una sociedad versión 2020

Noche de viernes en Lobos, sopla una fresca brisa en este mes que se va, y dan ganas de abrir las ventanas para dormir sin el agobio del calor. 
Estoy en una etapa de mi vida en lo que menos me interesa es discutir, salvo que me agredan física o verbalmente. Y discutir con estúpidos también es una pérdida de tiempo, mejor darles la razón o ignorarlos. Cuando se abre una polémica por una cuestión que sí lo merece, estoy dispuesto a debatir. Los argentinos nos debemos un planteo en serio sobre temas que nunca se han resuelto, como la salud, la educación, el trabajo. Es increíble, llevamos más de 200 años como nación y en ese sentido seguimos igual. O a nadie se le cae una idea, o las supuestas soluciones fueron meros parches producto de la coyuntura de un determinado momento de la historia. Si los chicos no aprenden, ¿Qué hacen docentes y padres para que sí lo hagan? La escuela no está preparada para los pibes de hoy, que conviven con tablets y celulares, que golpean al mismo profesor que trata de que aprendan algo, y que cada vez que van a dar clases sienten miedo y estrés. 

Podríamos suponer, habiendo muerto Hitler, Bin Laden, Saddam Hussein, entre tantos otros opresores, que el mundo es un lugar más seguro, que se ha restablecido la paz entre las naciones, que todos los hombres son tratados por igual, y siguiendo esa fantasía podríamos derivar en desatinos aún mayores, como centrar el mal en la figura de una persona y librarnos de la responsabilidad que nos cabe por las miserias humanas que vemos a diario y que deberían darnos vergüenza como especie que se dice civilizada. Como el femicida Fabián Tablado, que será recordado por haber apuñalado a su novia más de 100 veces, y que hoy recuperó la libertad. 
No es irracional preguntarse si Bin Laden efectivamente está muerto, porque llega un punto en el cual uno empieza a dudar y a cuestionar todo lo que ve o escucha: si realmente es cierto, qué motivos habría para ocultar o distorsionar la información, y quién gana o pierde en este juego que no conoce escrúpulos con tal de obtener un rédito político. Muertos que no existen, evidencia que no aparece, contradicciones inexplicables, golpes de efecto mediáticos... al fin y al cabo, durante años persistió la duda acerca de si Yabrán, el empresario que se suicidó en una de sus estancias, había pasado a ser cadáver.

Pensemos en un país donde los trenes funcionen bien y lleguen a horario, donde no haya piquetes ni cortes de calles. En el actual gobierno K llama no deja de sorprender cómo los gremios y sindicatos se llamaron a silencio y se la bancaron calladitos esperando "la heladera llena", que prometió Fernández en campaña. Bueno, convengamos que en campaña de dice cualquier cosa para ganar una elección y que nadie resiste un archivo.

Podemos pensar, asimismo, en un país donde los periodistas no sean considerados enemigos ni se vean presionados para ocultar la realidad, donde la inflación no exista o al menos no sea tan voraz con nuestros sueldos, pensemos en un lugar donde nos gustaría que nuestros hijos vivieran y prosperaran. Es más, podemos incluso pensar en un lugar cuya calidad de vida nos motive a concebir un hijo, con la convicción de que podrá crecer, estudiar y trabajar. Pero hay que empezar con lo más sencillo de resolver antes que proponerse objetivos ambiciosos como sociedad. "Bajemos un cambio" a lo que nos toca vivir día a día en la Argentina 2020 y dejemos de hacer conjeturas sobre hechos cuyos pormenores probablemente nunca vamos a saber con certeza. Punto final. 

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...