9 de septiembre de 2020

Un miércoles extraño y con muchas preguntas sin responder

Hola amigos, estuve unos días sin poder escribir una nota nueva, porque tenía asuntos más urgentes que resolver. En fin, como habrán podido ver, la Policía Bonaerense está realizando una medida de fuerza en reclamo de mejoras salariales. Si se llega a amotinar (como ha pasado alguna vez), estamos en el horno. El sueldo que perciben no es elevado, pero es mayor, por ejemplo, a muchos puestos municipales de las categorías más bajas. Claro está que las comparaciones son odiosas, ya que un policía arriesga su vida en un enfrentamiento armado o en un allanamiento, sobre todo en las zonas más calientes del delito en la Provincia. También es cierto que hay oficiales que no sólo son inoperantes, sino que están vinculados a los Barones del Conurbano para todo tipo de coimas a cambio de no accionar (encubrir): prostitución, juego clandestino, trata de personas o tráfico de drogas. Pero quiero focalizarme en aquellos policías que honran su labor, que no son corruptos, como Sérpico en aquella inolvidable película de Al Pacino. Es difícil que un agente de policía sea sumariado, más difícil es que sea pasado a disponibilidad, y casi imposible que sea exonerado. Como en casi todos los empleos públicos, es muy raro que te echen, por lo general te ubican en una comisaría donde no te conoce nadie y listo. 

En este tiempo que hemos tenido que enfrentarnos a un realidad distinta, aproveché para reencontrarme con notas que uno ha escrito hace cinco años o más, dado que este blog nació en 2005. Es lo más parecido a encontrarse con otra persona que no sos vos. Pero, como se dice en la jerga, creo que pese a todo resisto un archivo. Las contradicciones se vuelven más evidentes con el paso del tiempo. Aquel que no cambia si forma de pensar conforme lo que le va tocando vivir, no evoluciona. Es así, muchachos, no hay que buscarle mucha vuelta. Pero (y he aquí el detalle),esto no significa no ser coherente. Si antes hablabas pestes del gobierno de turno y hoy cambiaste de parecer, no pasa nada. Fueron ellos los que te defraudaron, no vos el que mentiste. La coherencia tiene que ver con los principios, con los ideales más profundos, con los sueños y aspiraciones. Si mantenés eso aunque hayan pasado dos o tres Presidentes, podés dormir tranquilo, porque uno opina o se expresa en función de la coyuntura. Por lo demás, nadie tiene derecho a cuestionarte ni decirte nada, y si alguien lo hace, es un pelotudo más.

Como nos sucede a todos, hay días que me levanto de mejor humor que otros. Esto dura hasta que salís a la calle a afrontar lo que te toque, en tal caso podés transitar un día con buena vibra o puede resultar una completa decepción. Me ha pasado (rara vez, pero me pasa), que no tenía el menor entusiasmo, pero me encontré con amigos y vecinos que me hicieron ver las cosas de otra manera, subiendo un poco la autoestima, o diciéndome que no me preocupe que todo va a salir bien, el famoso "esto ya va a pasar". Son frases de estímulo de parte de gente que realmente te quiere (o te aprecia) y que demuestra su interés por verte bien. Estos cinco meses me demolieron, y no me refiero sólo a lo económico porque ya lo dije muchas veces, sino a sentirme cada vez más lejos de poder hacer muchas cosas que me gustaban. Ya casi ni entro a Facebook, porque está lleno de pavadas de gente que pretende hacer más ameno este trance y si bien al principio me entretenía un poco, hoy me parece patético. Grabar un video en Instragram o FB está bueno, siempre que tengas algo interesante para decir y compartir con los demás, de lo contrario carece de todo sentido. 
 En todo este tiempo:

- Apoyé a Fernández en algunas decisiones.
-Despotriqué contra Fenández y contra TN.
-Cuestioné al poder político de Lobos, como así también la manifestación de 17/A
-Mandé a la mierda a los anticuarentena y todo tipo de personas que sostengan teorías conspirativas.
-Empecé el gimnasio. Dos veces por semana, aunque hubo días que me quedé dormido y tuve que trabajar, por lo cual fui una sola vez en siete días.
-Dormí más siesta, más por aburrimiento que por sueño.
-Me endeudé, pagué lo que debía y me volví a endeudar (por sumas relativamente pequeñas).
-Comprendí que me da pereza ver películas, a menos que trabajen actores conocidos y que la trama sea ágil.
-Dejé de frecuentar varios lugares que ya no me generan nada.
-Hice una limpieza de mi habitación, tirando a la basura todo lo que no tenía ningún valor económico y ocupaba lugar al pedo.
-Renegué de suscribirme a Netflix y no lo pienso hacer por más que me insistan, dado que no me interesan los contenidos que ofrecen.
-Tomo más mate y menos café.
-Fumo bastante más que antes, aunque me fijé un límite para cuidar un poco mis pulmones.
-Sólo voy al súper cuando hay alguna oferta, compro todo en el almacén.
 Seguramente, algunos de ustedes se sentirán identificados con este cambio de hábitos, y habrá quienes han adoptado otros completamente opuestos a los míos. El cambio es un proceso de constante movimiento. Por lo tanto, no descarto que en un futuro vuelva a hacer lo que esta pandemia me dejó en stand by. Un abrazo para todos mis lectores, y pronto nos volveremos a ver. Punto final.

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