16 de junio de 2013

Algo que nos sucede a todos

Nunca sabemos qué hechos, fortuitos o no tanto, nos harán cambiar nuestra forma de pensar y de replantearnos la vida. Puede ser la pérdida de algún ser querido, la separación de nuestra pareja, la frustración de no haber podido terminar una carrera, el despido de un trabajo. Pero es necesario que se dé ese "clic" para que nuestra vida cambie. Yo estoy en ese proceso, en tomarme las cosas con más calma, en evitar discusiones innecesarias, en disfrutar del ocio cuando me deja algún margen para la reflexión. Porque no es lo mismo pasarse varias horas boludeando por Facebook que ver una buena película. En ambos casos se trata de ocio, de tiempo libre, pero me parece mucho más provechosa la segunda opción. En mi caso, dejé de comprar discos y de estar tan pendiente de la música: lo que me interesa lo descargo por Internet. Y si no lo encuentro allí, en algún momento aparecerá. Comencé a reencontrarme con mis afectos, a retomar el contacto con gente que por esas cosas de la vida me separaba el resentimiento o el rencor. En algunas ocasiones, es mejor olvidar, aunque nos hayan ofendido. Por supuesto, la vida sigue y no es un remanso de paz como a uno le gustaría, y siempre hay alguien dispuesto a cagarnos. Pero dentro de lo posible, lo más sano es superar todo aquello que nos afecte a nosotros. Me refiero que, al perdonar a alguien, estamos siendo generosos en un punto pero también un poco egoístas (y eso es lo bueno), porque nos estamos dando la oportunidad de continuar con una relación de amistad y afecto al olvidar aquello que nos hizo sufrir. 

Hay que liberarse un poco, apagar el televisor, tomar unos mates con amigos o con la compañía de la radio, sentarse a leer un buen libro, respirar profundo y seguir este camino. Es la mejor manera de sentirse sano, sin las necesidades de la sociedad moderna de recurrir a ansiolíticos, terapias alternativas o meditación. Por supuesto, la meditación es una actividad muy saludable, pero podemos bucear en nuestro interior de distintas maneras, simplemente planteándonos honestamente cómo somos. Punto final. 


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