5 de diciembre de 2014

Larga distancia




¿Cuánto vale una sonrisa, un beso, un abrazo? En esta sociedad chota, donde todos vivimos a mil, no prestamos atención a nuestros seres queridos, hasta que ya es demasiado tarde. Lo mismo sucede con los amigos. Yo tengo amigos que no veo hace tiempo, pero sé que están de mi lado y que el afecto es mutuo. Como diría Charly García, son aliado. Si viven lejos, trabajan muchas horas, o lo que fuere, eso no quita que sigan siendo mis amigos. Y si tenés un primo que vive en el medio del campo o quizás en Europa (quién sabe), lo mismo da. 

Es jodida la distancia con los afectos. Internet ayudó a acortar un poco ese abismo, pero el contacto personal es irremplazable, siempre lo he sostenido así. Un mensaje de texto puede ser muy seductor, pero no es nada más que eso. Por supuesto, si tenés un amigo o un familiar que vive en Tierra del Fuego, no le vas a pedir que se tome un vuelo de Aerolíneas para juntarse en un bar de Lobos. La experiencia me dice que Internet es un paliativo para la distancia, el problema es cuando se pretende construir un vínculo "desde cero" a partir de la Web. El chateo con personas desconocidas es una boludez que no sirve ni aporta nada, a menos que sea por motivos laborales. Tengo un amigo en Puerto Madryn que vendrá de visita a Lobos para las Fiestas. Una excelente noticia, tomar un café en un bar, unos mates en casa, o lo que sea, no tiene precio. Punto final.

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