21 de febrero de 2016

Crecer como argentinos




Domingo por la mañana en la ciudad. Tenemos que empezar a crecer como argentinos. Dejar de ser tan exitistas y tan derrotistas, casi en un instante. Pasamos de la euforia al llanto, como si fuera un trastorno bipolar colectivo, que se contagia y anida en cada uno de nosotros. Los científicos que aportaron al conocimiento y al progreso son olvidados, probablemente nunca conozcamos sus nombres y a nadie les importe saberlo. Pero sí recordamos quién hizo el gol en un determinado Mundial de Fútbol. Es triste pensar en un país que no se da la oportunidad de ser feliz. Porque en definitiva, lo que está sucediendo ahora, no es nada que no hayamos vivido antes. Inflación, recesión, el omnipresente dólar que nos obsesiona, no es nada nuevo. ¿Por qué no nos sentamos a tomar unos mates y dejamos de lado la pantalla del celular y el boludeo constante? Es muy positivo estar comunicados con nuestros afectos, sobre todo si viven lejos, pero a menudo descuidamos a nuestros seres queridos más cercanos. La tecnología avanza, y no le podemos echar la culpa a ella, sino al uso (o abuso) que hacemos de los nuevos descubrimientos que van surgiendo. Tener un celular con todos los chiches no te hace más inteligente. Lo que te hace más inteligente, es ser estable emocionalmente, darte un tiempo para cada cosa, y también darle a cada situación que te pasa la importancia que se merece. En síntesis: evitar dramatizar. Por ejemplo, Macri no es el ángel ni el demonio. Es el Presidente de la Nación, y punto. Tiene cuatro años para demostrar su capacidad que conducir los destinos de un país. Y no podemos pasarnos todo ese tiempo haciendo el rol de Ministros de Economía: son los funcionarios quienes toman medidas, asesoran al mandatario, proponen leyes o decretos. Porque así es la democracia, es representativa. Los representantes del pueblo gobiernan en nombre de éste. 

Es cierto que lo que está pasando dista mucho de ser lo que nos gustaría ver, pero por una vez en la vida, quiero confiar en un futuro mejor para mí y para mis hijos (cuando lleguen a este mundo). Tenemos una mirada selectiva de la realidad, es como si con una tijera la recortáramos según nuestra conveniencia. Y la realidad es lo que se ve, tan simple como eso, es el pulso de la calle, de los trabajadores, no es tan difícil de entender. Mientras muchos se pasan la vida quejándose por lo mal que le va a la Argentina, hay gente que labura y que hace su aporte para que tengamos un país mejor. Cada uno desde su lugar, como corresponde. Punto final.

El culto a la haraganería es el éxito del celular

  Los recuerdos de la infancia son los mejores. No digo que toda la etapa de la Secundaria carezca de momentos buenos, pero eso es otra hist...