22 de febrero de 2016

Un baño de realidad

Creo que el gran problema de Macri es que decidió implementar medidas impopulares. Podemos discutir si eran necesarias o no, pero al ciudadano promedio no le han caído nada bien. El "tarifazo" de la luz (y el que se viene para el gas), no es precisamente del agrado de la clase media, que fue la franja del electorado que más lo votó. Y aquí podemos pensar dos cosas: una, es que el Presidente tomó la decisión de aprovechar estos meses de popularidad y buena imagen para pagar el costo político que implica cualquier aumento de un servicio esencial para la población. Otra, que en realidad no reparó en ello, y que lo que le interesaba era tomar esta medida lo antes posible para que el Estado se desprenda de la carga que implica el pago de subsidios a las empresas. 

Ambas lecturas de un mismo hecho son válidas, pero en su edición de ayer, Clarín empezó a hacer sus primeros cuestionamientos al Presidente. Y dentro del propio Gabinete se le está reclamando a Macri un acercamiento a los sectores más humildes, quizá para mitigar el impacto negativo que tuvo con el tarifazo. Quizás por eso, eligió Diario Popular para publicar una columna de opinión en la cual establece su compromiso de luchar contra la inflación. El problema, si nos ponemos a pensar un poco, es que más allá de las buenas intenciones, el Gobierno no tiene "un plan", no sabe cómo hacer para controlar los precios, y -como dije antes- se ha visto obligado a recurrir a una estrategia similar a la de "Precios Cuidados". Y llama la atención que tipos que tienen posgrados o masters en Economía, que estudiaron en las mejores universidades del mundo, que se codearon en los foros internacionales con los principales líderes de los países desarrollados, se muestren tan desconcertados. Nosotros, como consumidores, tenemos que echar mano a distintas estrategias para que nuestro sueldo no se escurra como arena en el desierto. Y no les vamos a dar el gusto a las grandes empresas a que pongan los precios que se les antojen. Si hay que comprar las denominadas "segundas marcas", pues así lo haremos. Pero sin que ello signifique un retroceso. Porque no estamos en 2001. Tenemos la oportunidad de torcer la historia errática de la Argentina y de pensar que el futuro resultará promisorio. Pero bríndennos motivos para ilusionarnos, al menos. Punto final. 

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