20 de enero de 2018

Un reencuentro que nos debíamos, 25 años después


Llegó el fin de semana, con un sábado típico de verano: sol radiante, temperatura por arriba de los 30 grados, poco viento. Ideal para pasarlo en alguna quinta con pileta, dentro de lo posible. Yo sé que hay trabajos más "pesados" que el mío, en términos de esfuerzo físico. Pero de vez en cuando debo bajar un cambio, para no terminar con un agotamiento mental. Y lo principal para ello es un buen descanso, dormir bien, algo que siempre me costó. Desde que era niño, daba varias vueltas en la cama hasta que el sueño me vencía, y ya siendo adulto, se sumaron las preocupaciones y los compromisos propios de la edad. Cuando te disponés a descansar, sobrevienen ese tipo de pensamientos sobre lo que te queda pendiente por hacer, lo cual dificulta dormir sin despertarme durante la madrugada.

Hoy, después de más de 25 años (en realidad son casi 27 porque egresamos en 1991), me reencontré con varios de quienes fueran mis compañeros de Primaria. Fue un grato momento, tanto para mí como para el resto, que nació de la idea de juntarnos en una quinta, aquellos que tuviéramos posibilidades de hacerlo. Claro está que no todos pudieron, por distintas razones que no vale la pena comentar, pero prefiero concentrarme en los que sí estuvimos. A varios los veo, de vez en cuando, por la calle, y siempre intercambiamos un saludo, casi como al pasar, porque vamos apurados pensando en lo que tenemos que hacer y no parece haber demasiado tiempo para conversar. Precisamente por ese motivo, este encuentro tiene valor, porque nos pudimos hacer un tiempo para compartir unos mates, una cerveza, o lo que fuere. Fue así como se hizo casi inevitable recordar el pasado que nos une, que el transcurso de los años va desdibujando, pero siempre hay alguien que tiene más memoria y aporta precisiones, desde las anécdotas más insólitas a aquellas que se van redescubriendo y reinventando. Por supuesto, además de ello, conversamos de nuestra situación actual, de cómo nos encuentra este cuarto de siglo que se escurrió como arena entre los dedos. Y no podíamos dejar de debatir acerca de los cambios que se fueron dando en la sociedad, que no es la misma de mediados de los '80, cuando transitábamos una infancia despojada de las obligaciones de los adultos. Me siento feliz de saber que todos están con proyectos, que han formado una familia, o que han logrado un trabajo que les resulte agradable. 

Quedó mucho por decir, quizás, pero eso es lo que alimenta una reunión futura, el hecho de pensar que todavía tenemos cosas por comentar, que el tiempo no ha hecho mella en nosotros, que aprendimos a dejar las diferencias de lado porque el objetivo que nos propusimos fue superador: encontrarnos para ponernos al día con nuestras vidas, recuperar un pedazo de historia, y reflexionar acerca de esos siete años en los que convivimos bajo una misma aula, estrechar lazos, más allá de que cada uno siga su camino. Creo que lo más rescatable, fue lo que mencioné antes: a pesar de que todos tenemos ocupaciones o compromisos, dedicamos un momento a nosotros mismos. No es sencillo coincidir en un día y en un horario, pero lo pudimos lograr. Y es algo de tanto valor, que no hay plata que lo pueda comprar. Punto final. 


Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...